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sábado, 9 de agosto de 2025

Internales

Me duelen los dedos

de no tocarte

y a menudo maldigo

el vacío rutinario

de este tiempo sintigo,

de esta vida hueca.

 

Los instantes quebrados

multiplican la insolencia

que callas

porque no quieres molestar.

 

Apenas acierto a balbucir

estas palabras

que circunvalan el meollo

del problema,

que se diluyen

sin llegar a ser poema.

 

Si alguna vez tuve talento

lo malgasté

y solo sus ecos reverberan

aún 

cuando encuentro el valor

de nombrar lo inefable.

 

Vivo sin dios,

sin futuro

y con un pasado

terco

que pone su precio,

siempre demasiado alto.

 

Nunca llegaré a ser poeta.

Nunca dejaré de ser poeta.

 

Cuando te vayas

recuerda cerrar la puerta.

Fuese y no hubo nada.

miércoles, 13 de abril de 2022

Seguir siendo poeta

Si tuviera que despedirme ahora

no sabría por dónde empezar.

 

¿Cómo decir algo que importe

cuando el poema se dibuja

nítidamente

como una sucesión de silencios

encabalgados?

 

¿Cómo seguir siendo poeta?

 

Los amaneceres repiten su soniquete

tras otra noche de lujurias clandestinas

que no sacia soledades,

y cada mochuelo se retira a su olivo

con el estómago lleno

pero enfermo de vacío.

 

Los sueños languidecen 

cuando pierdes la memoria

y ya nada te sabe dulce;

cuando el presente se desdibuja

y vivir es un recuerdo

amargo que aturde.

 

No podemos volver atrás

y ser otros,

porque somos los que fuimos

para siempre,

apenas un instante

insulso y vano.

 

Todos los castillos acaban por derrumbarse,

asediados por la vida,

y los caminos otrora transitados

ofrecen un silencio sepulcral

y sendas que se desdibujan

entre pasto del recuerdo

y malas hierbas.

 

Nadie vive a salvo,

por mucho que se esmere,

de probar las dulces mieles de la derrota

y el desamparo.

Y todos danzaremos con la muerte,

más tarde,

o ahora.

 

Dios ha muerto

y descarto volver a verte,

sé que tus manos no volverán

a guiar mis pasos

vagamundos,

y en mi pecho hueco

no resonará tu voz.

 

¿Qué decir

cuando decir adiós no existe?

martes, 8 de mayo de 2018

Se jugaba la vida

Deambulaba entre las gentes
que pierden la memoria
sin un ápice de remordimiento,
y sonreía a diestros y siniestros,
alegrándose la vida.

Los unos lo tachaban de inconsciente,
de inmaduro o infantil,
incapaz de líneas rectas,
soñador empedernido,
un mal ejemplo que seguir.

Los otros lo acusaban de demente,
cuestionaban su derecho a existir
más acá de una etiqueta
que define, que encierra, que niega
la luz de su candil.

Algunos, condescendientes,
lo miraban de soslayo
y a media voz, displicentes,
murmuraban insultando:
…un poeta…

Era feliz siendo nadie,
un instante incandescente
cuyo rastro se pierde
tras una ráfaga de aire.

Hablaba con los ojos.
Soñaba con palabras.
Se jugaba la vida.

martes, 27 de marzo de 2018

La batalla

Lázaro, levántate y anda,
que la muerte
no le gane a la vida
esta batalla.
Terribles son los desiertos que cruzamos
persiguiendo espejismos 
sin un buen beso que humedezca la boca,
que redima la existencia.
Funestos los naufragios
en aguas siempre gélidas
persiguiendo sirenas
que te comen el alma
y te comen las ganas.
Paisajes invernales
que ofrecen silencio
y un amplio abanico de metáforas
para pintar otro fracaso
que huela a obra maestra.
Sin embargo, 
no sabemos morir.
Permanecemos extáticos
buscando una caricia,
ese recuerdo imaginado,
la palabra de aquel poeta.
Nos aferramos a un tal vez
y boqueamos.
Nos inventamos un tal vez
y respiramos.
Lázaro, no claudiques de viejo,
no empeñes la pluma,
no firmes la baja.
Al fin y al cabo,
no sabemos morir.

jueves, 25 de mayo de 2017

Juegos de azar



Me pregunto quién seré
cuando aprenda a rumiar mis palabras
y todos los sabores se confundan
y habiten el jardín de la memoria.

Ni el pirata cojo
ni el poeta desvencijado.
Quizá un quijote
que soñó ser sancho
y rozó la esquizofrenia.

Me pregunto quién era
cuando el verbo palpitaba
y era razón y sinrazón,
y era todas las puertas
de par en par abiertas.

Ni un traficante de sueños
ni un adicto a la empatía,
quizá un donjuán ávido
de coleccionar momentos
que rozaran lo eterno.

Me pregunto quién soy
cuando tuerzo un verso
y se me va la vida encabalgada,
quevediano en el exceso.

Ni un hombrecillo gris
ni Aquiles ante Troya,
acaso otro absurdo,
impertinente partisano
de jugarse el destino
a doble o nada,
sin trampa,
sin cartón,
con un farol de órdago en la mano.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Un poeta exangüe

Hay personas que se sientan
en las terrazas que visten los bulevares
y observan el mundo suceder,
quedamente.
A veces apartan la vista un instante
y se recrean en su café,
siempre solo,
siempre amargo,
y piensan vaya usted a saber qué.

La ciudad se ofrece,
caleidoscópica,
a quien la quiera mirar,
coqueta y distinta,
ficticia y fugaz.

Hay quien corre y se apresura,
ávido de estar ávido,
en el afán de devorar vida,
aristócratas de un reloj
que creen rolex,
pero es de arena,
y corre.
Insulsa derrota.

Hay profetas del desamparo,
vendedores de milagros
y de drogas,
tanto monta,
monta tanto.
Su clientela se arrodilla
y reza o chupa.

La ciudad esconde ventanas
que siempre acechan,
jueces y parte de una miseria
que se oculta, que se derrama
y se tropieza
con mi terca mirada.

Hay quien dice,
y existe tras un murmullo
que sueña ser aire,
una palabra hueca,
un fuego en arrullo,
un poeta exangüe.


viernes, 28 de octubre de 2016

Requiem por la poesía

Escúchame pulsando aquí.

El aire estaba detenido,
sólo el silencio se atrevía a levantar la voz,
insumiso,
para evitar la nada.

El tiempo se dilataba,
menguaba,
perdía su sentido,
consideraba el suicidio.

Las palabras yacían exangües,
ajenas a toda razón,
a toda lógica,
sin mano armada que las blandiese,
sin mano amada que las libase.

Los poetas ya no existen,
ya no existe la poesía
y sólo podemos imaginar otros mundos,
dejarnos embriagar
o engañar.

Vendimos a crédito la esperanza
por un único gramo de cordura
que sabe a cerrado
y huele a muerte.

Nos dejamos convencer y nos fuimos.

domingo, 15 de mayo de 2016

Voces clausuradas

Voy a romperte los tímpanos
con tu propia voz,
y creerás que hablo de ti,
que siento por ti…

y no.

Ni barroco ni posmoderno,
ni me vendo al desengaño
ni compro melancolía,
sólo entierro silencio,
sólo cosecho silencio.

Y no…

El amor no redime ni te salva
cuando quema
los visillos raídos de una conciencia
traidora y duermevela.

Yo también he vendido primaveras caducadas.
Yo también he sido poeta.

Pronto seremos voces clausuradas
en gargantas ajenas.
Efímeras.
Pasajeras.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

No pasa nada

Recuerda: no pasa nada.
Aunque la luna no salga esta noche
a custodiar los insomnes amores
de aquellos que anhelan;
aunque no haya consuelo
que distraiga un efímero instante
esta distancia aterradora;
aunque yo no te tenga,
no pasa nada.

Lentamente,
sin sacralizar la palabra vana y puta,
manteniendo la observancia a la bohemia,
enfrascado en batallas clandestinas,
en guerras sempiternas,
va uno aprendiendo a ser poeta,
a ser humano,
y no pasa nada.

Sé que sueñas en voz baja,
mientras tejes historias de abuela
que ha vivido demasiado
y demasiado ha vivido.
Sé que adelgazas tus palabras
que sabes que se clavan como dagas,
que sabes que desangran,
y, créeme, no pasa nada.

Aprenderemos, poco a poco, a subsistir
huérfanos de ilusiones que florezcan,
a regalarnos humo y silencio compartido,
a sonreír, por no llorar amargamente,
y no pasará nada.

Y no, no pasa nada,
no pasa nada si confieso que te amo.