Una página en blanco,
la ilusión que se desborda
y teje sueños,
tinta y tiempo
para rozar la incertidumbre
de la felicidad.
No voy a encabalgar la
vorágine de emociones
que esculpe y aquilata
los huecos insondables
de esta existencia
que asoma,
que necesita,
que desea.
No voy a bendecir
cursiladas ñoñas
preñadas de quintaesencias
adolescentes
condenadas al fracaso.
Es otra mi razón
y también mi sinrazón,
y soy otro yo.
Esta vez el mundo,
que de viejo huele a ruina,
brilla de nuevo intensamente
y me invita a resistir
contra vientos,
tempestades,
sequías y mareas.
Y la vida sabe a vida.
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