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miércoles, 17 de mayo de 2017

Un poeta exangüe

Hay personas que se sientan
en las terrazas que visten los bulevares
y observan el mundo suceder,
quedamente.
A veces apartan la vista un instante
y se recrean en su café,
siempre solo,
siempre amargo,
y piensan vaya usted a saber qué.

La ciudad se ofrece,
caleidoscópica,
a quien la quiera mirar,
coqueta y distinta,
ficticia y fugaz.

Hay quien corre y se apresura,
ávido de estar ávido,
en el afán de devorar vida,
aristócratas de un reloj
que creen rolex,
pero es de arena,
y corre.
Insulsa derrota.

Hay profetas del desamparo,
vendedores de milagros
y de drogas,
tanto monta,
monta tanto.
Su clientela se arrodilla
y reza o chupa.

La ciudad esconde ventanas
que siempre acechan,
jueces y parte de una miseria
que se oculta, que se derrama
y se tropieza
con mi terca mirada.

Hay quien dice,
y existe tras un murmullo
que sueña ser aire,
una palabra hueca,
un fuego en arrullo,
un poeta exangüe.


domingo, 24 de mayo de 2015

Desaprender


Con el tiempo aprendimos
a obviar el tiempo
y su cáscara,
a confundir el orgullo y la inquina,
a responder con silencio
a los insensibles apremios
de una historia miserable
que ríe finalmente a carcajadas,
a horcajadas sobre el propio lomo.

Con el tiempo aprendemos
a olvidar crímenes imperdonables
y alegrías tan infinitas como efímeras,
a caminar sin más
y a caminar sin menos,
aprendemos a ser y no ser
en vacíos insondables,
en solitarios agujeros.

Y aprenderemos con el tiempo
el valor de este instante irrepetible
malvendido a una memoria
que se sabe impotente
y pinta cuadros de colores
a menudo tristes como la ciudad
que multiplica sus ásperas esquinas
y sangra ríos de lodo gris,
o se viste de imaginación
y optimiza la barbarie.

Para seguir adelante
ya no sirve caminar de lado
y esquivar los espejos.
Ya no sirve el espejismo del progreso.
Ya solo podemos
aprender a desaprender.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Ilumíname

A Sonia Mirón, que me regaló 
el gérmen de estos versillos

Mi sombra arde de hambre,
deambula por los barrios más oscuros
de la ciudad,
siempre al ocaso de todo,
y te busca.

Los policías y las putas patrullan unas calles
desiertas de poesía,
hoy las enredaderas son solo enredaderas.

La luna se inhibe
y un manto de agua gris y perenne
dibuja garabatos
sobre los parabrisas de los automóviles
detenidos y sin alma.

Los semáforos ofrecen su sinfonía de color monocorde
a los gatos,
siempre negros y agoreros.

Mi sombra puebla el alféizar de todos los pecados
buscando alba,
sedienta de luz,
atada a mí y a mi insignificancia por recias cadenas,
aterrada,
comprensiva
y extranjera.


domingo, 31 de agosto de 2014

Estampa de verano

hace calor,
y la ventana está abierta.

Los gritos de los hijos de los vecinos
inundan de júbilo e impaciencia
las horas interminables del tórrido hastío
en que se ha convertido este verano.

Yo apenas salgo:
soy alérgico al sol,
alérgico al tiempo
y alérgico a los niños.

Sin embargo abro las ventanas,
el aire fresco y limpio
del mar de la mañana
hace bien a mi pulmón marchito.

hace calor y hoy es domingo:
la ciudad solo escupe vacío
y los semáforos maldicen su mala suerte
perpetuando un rojo hecho de sangre.
un transeúnte,
que pudiera ser yo
pero eres ciertamente tú,
se derrite bajo una marquesina inexistente
a la espera de un autobús que nunca llega,
y se ensaña con la vida.

hace calor,
y la sed impone su ley
en este desierto,
verde y en llamas.


domingo, 27 de abril de 2014

Otra visión del paraíso

Audio - Lectura personal

Abre los ojos y observa.

Las ciudades engullen transeúntes al paso,
deshumanizan y agreden,
vomitan soledades multiplicadas,
que enferman y languidecen.

Los amores se marchitan también en primavera,
se agostan en abril
ávidos de un sol ausente por decreto,
sin aliento que los mime.

Las ambulancias trafican con la vida y la muerte
como si la eternidad se concentrase en un instante.
El disco verde anuncia una tregua.

Los poetas se piensan a salvo inmóviles en sus pedestales,
cronistas de nada,
ajenos a todo,
ensimismados buscando una palabra que no existe.

La ciudad sigue bullendo y siempre es de noche,
y la noche es terca y es oscura.
Los neones anuncian de saldo la tiranía
que sí nos supieron vender
iluminando nuestro hastío.

Abre los ojos, y disfruta.

Es eso o el suicidio.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Mirada

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Casi nada se parece a ti.

No se parece a ti este atardecer
con el sol cediendo protagonismo
a los secretos que surgen del mar.

Tampoco el amanecer con su bostezo
y su apatía, ni la noche que se agosta
y fenece.

No se parece a ti la ciudad indómita
que exagera sueños y pesadillas
y reverbera.

Tampoco la playa, esa frontera
que cercena el horizonte más cercano,
y lo niega, lo niega, lo niega.

No se parece a ti el silencio traidor
que incesante mana a borbotones
de todas las gargantas exigidas,

ni el paso del tiempo incontestable
dibujado en mis ansias de saldo,
esta derrota auto-infligida.

Casi nada se parece a ti.

Salvo quizá el sol del atardecer al besar tu mejilla,
el alba que te dibuja virginal, dispuesta a todo,
la luna entre bambalinas cuando la observas.

Puede que algunos rincones inesperados
donde la ciudad y la playa se confunden
y ofrecen su lengua al mestizaje.

Seguro mis palabras, arena de un reloj
que corre hacia ti,
sin perder un instante.

Casi nada se parece a ti, salvo tú,
cuando te observo.

jueves, 9 de enero de 2014

Amor poético

Me persigue la verdad disfrazada
por los arrabales de una ciudad que me es ajena
pero es la mía.
La gente de bandera nos señala,
con sus dedos de hierro
y la mirada pétrea.
Yo frecuento esquinas que naufragan,
malvendo mi tiempo por oro
y cicuta en vena.
Tú apenas existes en mis palabras,
en el batir incesante de las olas
de mis mareas vivas.
Un nosotros imposible,
tú fantasma, yo poeta…
y mi mejor destino es tu mirada.