miércoles, 14 de noviembre de 2018

Alzheimer

 Imagen de Marcos Severi (@severimarcos)

Recuerdo el olvido de mi padre. Recuerdo su mirada de cristal, transparente, vacía. Sus palabras sin significado se amontonaban, sin ton ni son, junto a mis recuerdos, y formaban un galimatías incomprensible. Yo lo observaba a menudo, parapetado tras un escudo de consciencia y razonamiento lógico. Y me preguntaba, ¿cómo será volver a la nada, regresar al vacío?

Cuando enfermó los síntomas eran sutiles, un olvido aquí, una palabra mal colocada allá, salir de paseo en zapatillas de andar por casa, o enfrentarse al desayuno por duplicado. Después, sin prisa pero sin pausa, la cosa fue a peor. El baúl de la memoria en el que tenía archivadas las palabras, los sentimientos, los sueños y deseos tenía que estar mellado, y por alguna grieta, por algún agujero, se iban escapando sus vivencias, sus desvelos, poco a poco. Y poco a poco su mirada primaveral se iba tornando invierno.

Tardó en morir. Quizá porque previamente tenía que olvidar todo lo vivido, y mi padre había vivido mucho y muy variado. Aniquilar anaqueles de memoria tan extensos no ha de ser tarea sencilla.

Primero olvidó el tiempo reciente, cosa que no le vino nada mal. Crisis y guerras, la muerte de la abuela, la hija díscola de mi hermana, el título de liga del Deportivo…

Sus recuerdos más lejanos debían de estar bien escondidos, esos permanecieron más tiempo anclados; de repente me hablaba de una novia de juventud, que evidentemente nada tenía que ver con mi madre, a la que probablemente quiso con locura; otro día el tema que surgía era cualquiera de las aventuras vividas junto al sargento “Muyayo”, un habitual en sus historias de la puta mili; o el imborrable recuerdo, repetido hasta la saciedad, de la tía Tití y sus horribles boles de gachas de avena, que mi padre comía con náuseas de niño, y que la tía, pensando que la alta velocidad en el proceso de zampado era por gusto, se empeñaba en rellenar invariablemente…

Pero incluso esos recuerdos tatuados empezaron a amarillear, a cuartearse y a pudrirse, hasta desaparecer.

Ahora me siento solo, y perdido, como un niño que apenas entiende nada del mundo que le rodea, pero que mira con inquisitiva curiosidad.

Naces, miras, aprendes. Hasta aquí todo se entiende, pero un día, súbitamente, olvidas, y el olvido es la muerte.

Me pregunto si yo también volveré a ser niño cuando envejezca.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Caminantes

El alarde,
el alarido
y algo más fuerte que una cerveza.
El ocaso promete amaneceres
y el fénix se regodea,
despreciando a la propia muerte.
La vida,
lo vivido
y los sueños que alimentan.
El deseo construye moradas
que jamás reflejan
la verdad de nuestras almas.
Escribir,
lo escrito,
una mentira disfrazada de certeza.

Porque caminar no es el camino.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Inadaptados, miserables y desertores

Anochece y yo amanezco
aún aturdido
por los estertores de la tarde,
intravenoso,
cáustico,
empedernido.

Los silencios magnifican
los trágicos galimatías
domésticos
que se escudan 
tras las ventanas pálidas
o incandescentes.

El mundo respira.
La luna despereza a los inadaptados,
a los miserables
y a los cobardes desertores
que rehúyen el combate.

Todos los gatos se saben pardos
y maúllan a coro,
y sin miedo.

Los jueces se encierran
para defender su buen juicio
tras un parapeto
de elegante intolerancia,
y juzgan.
Juzgan y sojuzgan.

La policía patrulla
las calles bien iluminadas
para imponer una ley
que nadie conoce
y nadie respeta.

La vida –el amor-  se hace –y se deshace-
en cada esquina,
en lo oscuro,
y germina.
Amanece, y yo anochezco.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Desviaciones (& reincidencias)

Sueño seres de aire,
dúctiles,
frágiles,
inverosímiles,
por amor al arte.

Nada significa nada,
las farolas iluminan la noche
y descarrila
la inercia
y se desvía.

Jerigonzas aparte
me desangro
y me desgrano
denodado en el silencio
del eco
de un reflejo.

Papalapabraspa
que niegan su verdad
meve avasisvitenve.
Y casi pierdo una razón
que me aliena.

No te tortures
ni me retuerzas
tanteando una ilusión.
Vendemos humo.
Cagamos oro.
Fuimos instante.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Una mirada de cristal

Soy memoria.
Tengo presente el ruido de su despertador,
un tictac metálico que acompañaba mi sueños infantiles
y un trueno indómito que los interrumpía,
y lato acompasado.
Recuerdo sus palabras,
a veces perdidas, inexactas,
dulcemente equivocadas,
y descubro un eco apenas audible
pero indeleble
en mi voz áspera y sensible.
Reescribo sus historias
de hambre, de lucha,
de estraperlo, y de paz,
y me inundo en secreto
de nostalgia de esa vida
que oculta una mirada de cristal.
Tiemblan sus manos
y agradece cada caricia,
temiendo quizá un punto final
que lo salve y que nos hunda,
otro abismo en su silencio
sabio, torpemente bueno
y sepulcral.

jueves, 23 de agosto de 2018

Entonces

Cuando las palabras se te atoren,
se encabriten
y huyan despavoridas
nos quedará un silencio
compartido,
inexacto
y redentor.

Cuando las emociones
nos miren de soslayo,
lloraremos
mares de tinta sinsustancia,
y reiremos
desiertos de sentido.

Cuando el tedio se instale
y las campanas repiquen a duelo
puntuales a la cita
y nos presente el suelo,
cerraremos los ojos,
cogidos de la mano,
y pintaremos otros cielos.

Podemos temblar de miedo
interrogante
ante un futuro incierto
o
simplemente
volar.

Podemos temblar de frío
intuyendo un nuevo infierno
o
simplemente
volar,
porque cada segundo es eterno.

Y tú, ¿qué harás tú entonces?
Nunca olvides tus sueños.

lunes, 13 de agosto de 2018

Incandescencia en mí mayor

Espera,
detente,
atenta.
El aire quema
y duele respirar.
Vive.
Bebe.
Déjate derramar.
El tiempo siempre vuela
y nunca supo a-mar.

Derriba todas tus barreras,
dibuja tu propio camino,
persigue tus ganas de más. 

No tengas prisa,
la meta es la frontera
que no quieres cruzar,
la última sonrisa.

Quema el aire cuando sueñas,
cuando rechazas despertar,
cuando despliegas tus velas
y arde el qué dirán.

Las cenizas del incendio
son las nuestras,
nuestras ansias lisonjeras,
los quebrantos y los duelos,
las mentiras piadosas
y los más oscuros secretos.
Pasto de las llamas,
humo, éter, nada.

Vive. Bebe. Ama.

Vividores

El silencio ruega por nosotros,
pecadores,
irredentos,
obstinados,
e inventa otra excusa para el amor.

Somos polvo y somos agua que fluye,
palabras impostadas,
segundos a destajo,
estrellas fugaces que apenas refulgen.

No hay más esperanza
que mirarnos a los ojos,
frente a frente,
y no morirnos de vergüenza.

Paseamos junto al mar,
nos entregamos al placer
cuando el placer nos regala su sonrisa,
y lloramos en la pena.

También escribimos versos
para sabernos vivos,
para vivirnos.

Y no,
no vamos a huir.

sábado, 2 de junio de 2018

Sin techo

La tristeza te cerca,
instalada en los silencios elocuentes
que solo se quiebran
para invocar un tiempo ya ausente,
y las lágrimas acalladas
retuercen el tuétano,
anulan la risa,
ahuecan el alma.

Te desdices una vez más,
impelida por la pena
y sucumbes,
en tu nicho,
a tu destino.

Apenas existo entonces.
Permanezco extraviado en tu desamparo
y braceo en la oscuridad,
tanteando una existencia etérea,
buscando un modo y manera,
aterrado
y sin saber,
aterrado
y sin poder.

Te incomodas si pregunto.
Me incomodo si respondes.

Pero en el fragor del absurdo
hacemos el amor
y huele a primavera,
el ruido de fondo se diluye
mecido por el mar,
templado por el sol,
e irónico se entrega
al orgasmo.
Crea un nuevo mundo.

Descubramos juntos la existencia
a ciegas, a tientas, a sabiendas
del dolor que sin duda nos espera,
tú con tus sueños y tus dudas,
yo con mis miedos y mi pluma,
los dos desnudos,
sin armas,
sin techo.

lunes, 28 de mayo de 2018

Tu futuro


Despiertas un día
y el aire
ya no invita 
a amarte.
persigues silencios,
requiebras espejos
y hueles la sangre.

Tras todas las preguntas sin respuesta
acechan todas las respuestas sin pregunta,
esperando su turno,
agoreras,
oliendo la sangre.

Te callas, por no llorar,
orgulloso,
porque los hombres no lloran,
pero lloras
y cada lágrima es sangre
derramada.

No hay puertas
ni ventanas
que se cierren
o se abran,
no hay muros
ni patrias
para quien es ajeno al suelo
y solo sabe volar.

Escribes a duras penas,
para vestir nuevamente
el presente con la angustia
que disfraza tus poemas,
hijos de la estupidez
y la estupefacción.
Brutalmente cándido.
Sórdidamente amable.

Y tu futuro sigues siendo tú. 

martes, 15 de mayo de 2018

Adicción

Soy adicto a la huella de tus besos,
a los huecos de tus manos,
a tus denodados silencios
y a tus versos trasnochados.

Te probé.
Sabía que iba a pasar,
y te probé.

Soy adicto a volar entre tus brazos,
a tu saliva derramada por mi verga,
a tus pechos desnudos y salados
y al intenso sabor de tu entrepierna.

Te probé.
Consciente del abismo.
Y todavía quiero más.

Si aún así la vida se venga
y me deja en los huesos
persiguiendo quimeras
que no llegan a sueño,

pensaré,
nuevamente insumiso,
¿Quién quiso vivir para siempre?