Los sentimientos y emociones, aún imaginados, nos configuran. Las palabras son la germinación de los absurdos de mi ser, mi único destino. Sean benevolentes.
viernes, 8 de marzo de 2024
Tatuaje
miércoles, 13 de abril de 2022
Seguir siendo poeta
Si tuviera que despedirme ahora
no sabría por dónde empezar.
¿Cómo decir algo que importe
cuando el poema se dibuja
nítidamente
como una sucesión de silencios
encabalgados?
¿Cómo seguir siendo poeta?
Los amaneceres repiten su soniquete
tras otra noche de lujurias clandestinas
que no sacia soledades,
y cada mochuelo se retira a su olivo
con el estómago lleno
pero enfermo de vacío.
Los sueños languidecen
cuando pierdes la memoria
y ya nada te sabe dulce;
cuando el presente se desdibuja
y vivir es un recuerdo
amargo que aturde.
No podemos volver atrás
y ser otros,
porque somos los que fuimos
para siempre,
apenas un instante
insulso y vano.
Todos los castillos acaban por derrumbarse,
asediados por la vida,
y los caminos otrora transitados
ofrecen un silencio sepulcral
y sendas que se desdibujan
entre pasto del recuerdo
y malas hierbas.
Nadie vive a salvo,
por mucho que se esmere,
de probar las dulces mieles de la derrota
y el desamparo.
Y todos danzaremos con la muerte,
más tarde,
o ahora.
Dios ha muerto
y descarto volver a verte,
sé que tus manos no volverán
a guiar mis pasos
vagamundos,
y en mi pecho hueco
no resonará tu voz.
¿Qué decir
cuando decir adiós no existe?
miércoles, 14 de noviembre de 2018
Alzheimer
Primero olvidó el tiempo reciente, cosa que no le vino nada mal. Crisis y guerras, la muerte de la abuela, la hija díscola de mi hermana, el título de liga del Deportivo…
Sus recuerdos más lejanos debían de estar bien escondidos, esos permanecieron más tiempo anclados; de repente me hablaba de una novia de juventud, que evidentemente nada tenía que ver con mi madre, a la que probablemente quiso con locura; otro día el tema que surgía era cualquiera de las aventuras vividas junto al sargento “Muyayo”, un habitual en sus historias de la puta mili; o el imborrable recuerdo, repetido hasta la saciedad, de la tía Tití y sus horribles boles de gachas de avena, que mi padre comía con náuseas de niño, y que la tía, pensando que la alta velocidad en el proceso de zampado era por gusto, se empeñaba en rellenar invariablemente…
Pero incluso esos recuerdos tatuados empezaron a amarillear, a cuartearse y a pudrirse, hasta desaparecer.
