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viernes, 8 de marzo de 2024

Tatuaje

¿Quién quiere
vivir para siempre?
Has vivido suficiente
para intuir un precio
que algunos necios
confunden con la muerte.
La muerte solo duele
al que está vivo.
El precio es el dolor presente;
el amargo sabor del fracaso;
las promesas incumplidas;
las palabras ola
que nacieron rotas.
El precio es sentirse ausente,
un perfecto extraño
también extrañado,
casi un suicida.
En este camino
no hay baldosas
y si las hubiera
no serían amarillas,
sino toscas y grises,
vulgares
como nosotros.
Muere el horizonte
bajo el peso de un presente
plomizo,
y un silencio espeso
se impone.
Allá lejos se oye una campana
que huele a recuerdo,
que sabe a destino,
que cada tarde canta
su himno al olvido.
Solo existe el tiempo
detenido
bajo una copa
del revés.
¿Quién quiere
vivir para siempre?

jueves, 25 de enero de 2024

El fraude

Una palabra

no acude a la llamada

y permanece ausente

impertérrita

en su nada.


Afuera

todo sucede,

nada se detiene,

como si el poema

no importara,

como si la vida

no importara

o

como si la muerte

no importara.


Mientras tú haces el amor,

o follas desesperadamente,

mientras bebes y bebes

y vuelves a beber, hasta desfallecer,

mientras crías tus cuervos,

mientras cuentas tus tesoros

y preparas tus ojos,

yo busco

una palabra

que se escapa.


Se vive bien en Nigrán.

Define oración impersonal.

Silencio

gritando silencio.

El sonido de los sueños

al quebrarse.

Los naufragios.

Ser y estar.


Solía ser poeta

cuando creía en la poesía.

Era un fraude.


miércoles, 13 de abril de 2022

Seguir siendo poeta

Si tuviera que despedirme ahora

no sabría por dónde empezar.

 

¿Cómo decir algo que importe

cuando el poema se dibuja

nítidamente

como una sucesión de silencios

encabalgados?

 

¿Cómo seguir siendo poeta?

 

Los amaneceres repiten su soniquete

tras otra noche de lujurias clandestinas

que no sacia soledades,

y cada mochuelo se retira a su olivo

con el estómago lleno

pero enfermo de vacío.

 

Los sueños languidecen 

cuando pierdes la memoria

y ya nada te sabe dulce;

cuando el presente se desdibuja

y vivir es un recuerdo

amargo que aturde.

 

No podemos volver atrás

y ser otros,

porque somos los que fuimos

para siempre,

apenas un instante

insulso y vano.

 

Todos los castillos acaban por derrumbarse,

asediados por la vida,

y los caminos otrora transitados

ofrecen un silencio sepulcral

y sendas que se desdibujan

entre pasto del recuerdo

y malas hierbas.

 

Nadie vive a salvo,

por mucho que se esmere,

de probar las dulces mieles de la derrota

y el desamparo.

Y todos danzaremos con la muerte,

más tarde,

o ahora.

 

Dios ha muerto

y descarto volver a verte,

sé que tus manos no volverán

a guiar mis pasos

vagamundos,

y en mi pecho hueco

no resonará tu voz.

 

¿Qué decir

cuando decir adiós no existe?

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Alzheimer

 Imagen de Marcos Severi (@severimarcos)

Recuerdo el olvido de mi padre. Recuerdo su mirada de cristal, transparente, vacía. Sus palabras sin significado se amontonaban, sin ton ni son, junto a mis recuerdos, y formaban un galimatías incomprensible. Yo lo observaba a menudo, parapetado tras un escudo de consciencia y razonamiento lógico. Y me preguntaba, ¿cómo será volver a la nada, regresar al vacío?

Cuando enfermó los síntomas eran sutiles, un olvido aquí, una palabra mal colocada allá, salir de paseo en zapatillas de andar por casa, o enfrentarse al desayuno por duplicado. Después, sin prisa pero sin pausa, la cosa fue a peor. El baúl de la memoria en el que tenía archivadas las palabras, los sentimientos, los sueños y deseos tenía que estar mellado, y por alguna grieta, por algún agujero, se iban escapando sus vivencias, sus desvelos, poco a poco. Y poco a poco su mirada primaveral se iba tornando invierno.

Tardó en morir. Quizá porque previamente tenía que olvidar todo lo vivido, y mi padre había vivido mucho y muy variado. Aniquilar anaqueles de memoria tan extensos no ha de ser tarea sencilla.

Primero olvidó el tiempo reciente, cosa que no le vino nada mal. Crisis y guerras, la muerte de la abuela, la hija díscola de mi hermana, el título de liga del Deportivo…

Sus recuerdos más lejanos debían de estar bien escondidos, esos permanecieron más tiempo anclados; de repente me hablaba de una novia de juventud, que evidentemente nada tenía que ver con mi madre, a la que probablemente quiso con locura; otro día el tema que surgía era cualquiera de las aventuras vividas junto al sargento “Muyayo”, un habitual en sus historias de la puta mili; o el imborrable recuerdo, repetido hasta la saciedad, de la tía Tití y sus horribles boles de gachas de avena, que mi padre comía con náuseas de niño, y que la tía, pensando que la alta velocidad en el proceso de zampado era por gusto, se empeñaba en rellenar invariablemente…

Pero incluso esos recuerdos tatuados empezaron a amarillear, a cuartearse y a pudrirse, hasta desaparecer.

Ahora me siento solo, y perdido, como un niño que apenas entiende nada del mundo que le rodea, pero que mira con inquisitiva curiosidad.

Naces, miras, aprendes. Hasta aquí todo se entiende, pero un día, súbitamente, olvidas, y el olvido es la muerte.

Me pregunto si yo también volveré a ser niño cuando envejezca.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Caminantes

El alarde,
el alarido
y algo más fuerte que una cerveza.
El ocaso promete amaneceres
y el fénix se regodea,
despreciando a la propia muerte.
La vida,
lo vivido
y los sueños que alimentan.
El deseo construye moradas
que jamás reflejan
la verdad de nuestras almas.
Escribir,
lo escrito,
una mentira disfrazada de certeza.

Porque caminar no es el camino.

martes, 27 de marzo de 2018

La batalla

Lázaro, levántate y anda,
que la muerte
no le gane a la vida
esta batalla.
Terribles son los desiertos que cruzamos
persiguiendo espejismos 
sin un buen beso que humedezca la boca,
que redima la existencia.
Funestos los naufragios
en aguas siempre gélidas
persiguiendo sirenas
que te comen el alma
y te comen las ganas.
Paisajes invernales
que ofrecen silencio
y un amplio abanico de metáforas
para pintar otro fracaso
que huela a obra maestra.
Sin embargo, 
no sabemos morir.
Permanecemos extáticos
buscando una caricia,
ese recuerdo imaginado,
la palabra de aquel poeta.
Nos aferramos a un tal vez
y boqueamos.
Nos inventamos un tal vez
y respiramos.
Lázaro, no claudiques de viejo,
no empeñes la pluma,
no firmes la baja.
Al fin y al cabo,
no sabemos morir.

miércoles, 7 de junio de 2017

Futuro imperfecto de subjuntivo


Algún día te recordaré
y sabré que eras tú,
que siempre fuiste tú.

Habrá palabras que brillarán
con un significado hoy virgen;
lugares que esconderán instantes
de los que hablaremos a hurtadillas,
como si pecar fuese un pecado;
noches de luna llena
para aullar como lobos
que intuyen su cordero.

No tendremos miedo del abismo
que ocultan las miradas al amanecer,
ni del silencio que recorre los pasillos
desiertos de una ilusión en cuarentena.
No temeremos a la muerte
ni temeremos morir.

Haremos el amor en todas las ciudades,
porque llueve,
porque hace calor,
porque sí o porque no.
Jugaremos a importarnos,
a inventarnos un pasado que permita
un presente de arena
y de sal.

Cuando, por fin, te pierda
descubriré el verdadero ímpetu
de una ausencia que se impone,
tiránica y asesina.

Cuando, por fin, te encuentre
descubriré el verdadero ímpetu
de una presencia que se impone,
tiránica y asesina.

lunes, 8 de mayo de 2017

Callejones sin salida



Recuerda ahora las ganas de llorar,
ahora que las risas embriagan tu camino
y brindas por todo,
siempre con buen vino,
y confías,
y perdonas,
y olvidas,
que las ruedas del Destino
no se atoran,
su sino es girar y girar.

Fortuna farsante.
Amor impostor.
Locura sensata.
Cordura y licor.

Mañana celebraremos una orgía
en honor del juvenil candor que se marchita
y nadaremos en Champagne
sin tabúes,
sin juicios,
sin mentiras.
No habrá manos que consientan la desdicha.

Mientras tanto disfruta del vacío que te puebla,
no eres nadie y eres libre,
tus palabras se diluyen con la saliva que las empapa.
No aspires,
respira.

Recuerda, no olvides.
Cada esquina mal doblada
pinta un mapa
repleto de callejones sin salida
que, sin embargo,
son la propia vida,
la historia de un naufragio
sí merece ser contada.

Mañana nos veremos en los parques,
en los bares,
por las calles
y seguiremos siendo extraños
que se cruzan,
huraños o afables,
y desaparecen,
como el tiempo,
y como la muerte.

Recuerda.
Recuerda.

Vive.

[Imagen por cortesía de Simona Marchetti]

miércoles, 22 de marzo de 2017

Venus de Milo

Estoy preparado.
Mis asuntos yacen en regla
y tengo la conciencia tranquila,
casi siempre.
Esta noche he de morir.
Inútil ensayar una lágrima,
entonar un salmo
o una letanía.
La muerte simplemente sucede.
Uno cierra los ojos y ya.
Pobre del que aún pueda llorar.

Las palabras carecen de sentido
y el sentido se diluye en un sueño
que bien podría ser eterno,
si la resurrección nos esquiva,
al alba.

La poesía inventa caminos
que los viajeros recorrerán
creyendo descubrir el alfa
y el omega, el frío y el calor.
El paisaje es siempre el mismo,
el turista no.

Esta voz,
que muere cuando nace,
es un monumento al olvido,
un recuerdo del silencio
que permanece, impertérrito,
cuando las campanas dejan de repicar
y los cadáveres de bien
se esconden en sus nichos.

Por favor, si no despierto,
ni un paternóster
ni la Venus de Milo.


viernes, 28 de octubre de 2016

Requiem por la poesía

Escúchame pulsando aquí.

El aire estaba detenido,
sólo el silencio se atrevía a levantar la voz,
insumiso,
para evitar la nada.

El tiempo se dilataba,
menguaba,
perdía su sentido,
consideraba el suicidio.

Las palabras yacían exangües,
ajenas a toda razón,
a toda lógica,
sin mano armada que las blandiese,
sin mano amada que las libase.

Los poetas ya no existen,
ya no existe la poesía
y sólo podemos imaginar otros mundos,
dejarnos embriagar
o engañar.

Vendimos a crédito la esperanza
por un único gramo de cordura
que sabe a cerrado
y huele a muerte.

Nos dejamos convencer y nos fuimos.