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sábado, 2 de junio de 2018

Sin techo

La tristeza te cerca,
instalada en los silencios elocuentes
que solo se quiebran
para invocar un tiempo ya ausente,
y las lágrimas acalladas
retuercen el tuétano,
anulan la risa,
ahuecan el alma.

Te desdices una vez más,
impelida por la pena
y sucumbes,
en tu nicho,
a tu destino.

Apenas existo entonces.
Permanezco extraviado en tu desamparo
y braceo en la oscuridad,
tanteando una existencia etérea,
buscando un modo y manera,
aterrado
y sin saber,
aterrado
y sin poder.

Te incomodas si pregunto.
Me incomodo si respondes.

Pero en el fragor del absurdo
hacemos el amor
y huele a primavera,
el ruido de fondo se diluye
mecido por el mar,
templado por el sol,
e irónico se entrega
al orgasmo.
Crea un nuevo mundo.

Descubramos juntos la existencia
a ciegas, a tientas, a sabiendas
del dolor que sin duda nos espera,
tú con tus sueños y tus dudas,
yo con mis miedos y mi pluma,
los dos desnudos,
sin armas,
sin techo.

sábado, 15 de abril de 2017

El aroma del amor



Te traigo el aroma del amor,
algo indefinible entre el mar,
al amanecer, y el naranjo en flor,
un tal vez que se sueña eterno
y una cerveza fresquita.
Afuera el mundo ocurre.
Llueve y hace calor
e importa poco.
Nuestro es el tiempo que vivimos
dejándonos vivir,
permitiéndonos hacer,
desvaríos y carcajadas mediante,
los sueños a nuestra manera.
No voy a negar la evidencia.
No voy a vender simulacros.
No voy a rogarte un abrazo
que nace contra viento y marea,
que ilumina e implosiona,
sembrando primavera
en un otoño que se antojaba
sin final.
Todas las palabras se ahuecan
para contener el embrión
de un sentimiento que no puede no ser,
que se impone,
quedo y callado.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Los magos

Escúchame pulsando aquí.

Los magos se enfrentan a un dilema
íntimo
que apenas comparten disfrazado,
travestido,
intentando velar la propia ausencia.

Custodian anaqueles forrados de libros,
viejos símbolos de nada,
mientras juguetean con una cerilla
y con un alma en llamas.

Sus conjuros son de aire,
permanecen sólo mientras tanto,
aletean y huyen,
inmarcesibles, de canto en canto.

Ser y no ser es un pleonasmo,
una metáfora,
un atisbo de ironía,

los magos denodados cantan
su angustia y su verbena,
su dicha y su apatía.

Juegan a inventar la primavera,
ateridos por el frío,
a merced de las tormentas,
invocando un código secreto
que no da de comer,
pero alimenta.

Vienen a gritar su duda inerte,
su tiempo detenido,
su eterna mala suerte,
sus desvelos,
mis deseos,
tus olvidos,
conscientes
de que quizá nacimos muertos,
pero nacimos.

domingo, 15 de mayo de 2016

Voces clausuradas

Voy a romperte los tímpanos
con tu propia voz,
y creerás que hablo de ti,
que siento por ti…

y no.

Ni barroco ni posmoderno,
ni me vendo al desengaño
ni compro melancolía,
sólo entierro silencio,
sólo cosecho silencio.

Y no…

El amor no redime ni te salva
cuando quema
los visillos raídos de una conciencia
traidora y duermevela.

Yo también he vendido primaveras caducadas.
Yo también he sido poeta.

Pronto seremos voces clausuradas
en gargantas ajenas.
Efímeras.
Pasajeras.

sábado, 19 de marzo de 2016

El simulacro

No supimos darle forma al silencio
que acabó por imponerse,
tiránico y austero.

Decidimos sobrevivir apenas,
como pollos sin cabeza
que huyen del olvido
y abrazan la intrascendencia,
ávidos de sí mismos.
Y por supuesto fracasamos.
Aquí nadie sobrevive.

Nunca imaginas el próximo dolor,
la penúltima traición,
pero acude, y te desalma.

Los clientes de la primavera nos observan
y fingen no entender nada,
estar vivos,
el orgasmo.

Fumar mata. Pero ya nacimos muertos. 

sábado, 15 de agosto de 2015

El nombre maldito

Escúchame pulsando aquí.

Te he visto brillar de puro amor,
escribir una biblia con tus besos,
llena de palabras reveladas
al son celestial de una vida imposible,
te he visto llorar de alegría.

Te he visto en ruinas,
oliendo a decadencia e inquina,
despiadado e injusto,
enfrentado a tu abismo.

Te he visto en llamas,
incendiario,
caminando taciturno hacia el otoño,
dispuesto a perder otro tren
por un segundo más de primavera.

Te he visto encogido,
magullado y quejumbroso por los golpes,
rabioso,
te he visto morder el polvo y sudar sangre.
Y aún así estabas más vivo.

Quiero verte de nuevo,
desnudo y atrevido,
dispuesto a jugarte el alma
por un mísero adjetivo,

dispuesto a reconocer que todos
tenemos nuestro nudo en la garganta,
que todos tenemos nuestro nombre maldito.