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martes, 7 de abril de 2020

El Secreto

Vinimos a adueñarnos del mundo.
Vinimos, vimos y vencimos.
Dijimos tierra,
dijimos agua
y dijimos fuego.
Hablamos de ira y amor,
de alegría, de dolor,
de desidia y de deseo.
Y dijimos que era nuestro,
todo es nuestro.

Aprendimos a inventarnos la esperanza,
a quebrar el quebranto
con los ojos cerrados,
y nos pusimos en manos de dioses mancos.

Ya suenan las trompetas de Jericó
al ritmo de los tambores de guerra.

Ahora la cultura es un susurro,
apenas audible,
que calla su más íntima verdad.

Vino el silencio a recordarnos el vacío
y el amor impostado.
Nunca creímos nuestra suerte
y conjuramos entonces anhelos inertes,
queríamos volver a ninguna parte,
a nuestro mundo breve.

Deambulamos envueltos por una niebla espesa
que nos niega el horizonte
y apenas conseguimos balbucir
y tentar para no perder un norte
que se diluye,
que reverbera.

Las calles permanecen ajenas
y los semáforos aún escupen su verbena,
pero nadie aplaude,
las ventanas esconden su miseria
y nuestro monstruo cobarde,
y ya nadie aplaude.

Mientras tanto, ensimismados,
los cronistas del apocalipsis
se apresuran a escribir su novela
-o su poema-,
soñando dulces y verdes laureles
en un por venir que nunca llega.

No sabemos quiénes fuimos,
ni quiénes vamos a ser,
pero ya no sonreímos recordando.
Ahora somos agua,
y aire,
apenas nada.

No hay más secreto que la nada:
todo es uno,
uno es nada,
todo es nada.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Solos

Se invierten los papeles
y despertamos a un mundo inhóspito
que solo ofrece dolor,
que no sabe de esperanza
y, sin embargo, te hace esperar.

El cansancio derrota a las lágrimas
que se secan entre surcos
arados por una pena
recurrente y rutinaria 
en las noches de insomnio.

Y la resaca sin fiestas,
golpeados de repente por la vida
que escupe su verdad
sin medias tintas, 
sin metáforas y sin delicadeza.

Y ahí nos descubrimos,
aturdidos y sobrepasados,
asidos a la nada
porque sí,
desvalidos.

Y cada vez más solos.

lunes, 19 de marzo de 2018

Te sigo

No tengo palabras
que describan el silencio inabarcable
que tu nombre invoca.

La luz ciega
y permanecemos inmóviles,
aterrados.
No pudimos preverlo
ni supimos soñarlo.

Acepto la sumisión
terca y fútil
al espíritu de la rebeldía,
al verso impune,
al tiempo suicida.

Al fin y al cabo,
no nacimos ayer.

Suenan tambores de guerra,
para quien los sepa escuchar,
suenan adagios de paz.

El absurdo se entrevera
inconsistente
y cada paso se hace tibio
y reverbera.
Urge el instante.

Maldigo al espejo,
traidor y miserable,
que revela sin piedad,
que destruye sin ambages,
ahora
que ni los sueños
sueños son.

Perdemos primero la razón
y olvidamos nuestras metas,
luego perdemos la conciencia
y buscamos la razón.
Ironías de un destino
que nunca jamás existió.

Parco en odios,
en amores y en amigos,
extemporáneo,
adicto al olvido,
camino de la nada,
te sigo.

martes, 13 de febrero de 2018

La Voz

Te encuentro en el aire que me repite
y se obstina en seguir pivotando.
Consigo intuir tu presencia
por doquier,
como un insulto a mi propia inteligencia,
empeñada en adorar subterfugios
que rediman una verdad cruda.
Te niego
y el acto mismo de negarte te acepta,
irredenta,
revolucionaria,
intransitable.
Estás, lo sé.
Los árboles te gritan
incluso en el incendio
que hace crepitar
una existencia mínima,
una parte del todo
que observa en silencio
y asiente.
Te invoca la nada
que se instala en las bocas
que pierden sus dientes
y en el último estertor
te mandan al carajo
tras un sabor tan dulce,
tras un sabor tan agrio.
Todos los ecos resuenan
y una voz sin lengua,
multiforme,
extraviada,
nos invita a tu convite.
Ni la piedra permanece.
No,
ni vinimos ni nos vamos,
pero estamos
otra vez dispuestos a volar
por ver el cielo,
para besar el suelo.

martes, 21 de febrero de 2017

El hombre ausente

El hombre que nunca estuvo ahí
yace, como un niño, acurrucado,
ensayando sonrisas de cristal
ante un mundo tenue y desaliñado,
quimérico en sus dudas,
obsceno en sus silencios de barro.

El hombre ausente se atreve
a predicar
y predica.
Todos los oídos callan y otorgan.
El hombre ausente crece
y se eterniza.

El hombre que atesora silencios
que retoñan
en el más allá más inesperado,
florecen
y dan fruto
solo sabe cantar
mal acordado.

El hombre que quiso ser hombre
y no supo cómo
más acá de ser humano
se mira en un espejo
y ve palabras huecas
que se contradicen.
No entiende nada.

El hombre ya no mira sus manos
buscando una caricia incipiente.
El hombre ha fracasado.

viernes, 28 de octubre de 2016

Requiem por la poesía

Escúchame pulsando aquí.

El aire estaba detenido,
sólo el silencio se atrevía a levantar la voz,
insumiso,
para evitar la nada.

El tiempo se dilataba,
menguaba,
perdía su sentido,
consideraba el suicidio.

Las palabras yacían exangües,
ajenas a toda razón,
a toda lógica,
sin mano armada que las blandiese,
sin mano amada que las libase.

Los poetas ya no existen,
ya no existe la poesía
y sólo podemos imaginar otros mundos,
dejarnos embriagar
o engañar.

Vendimos a crédito la esperanza
por un único gramo de cordura
que sabe a cerrado
y huele a muerte.

Nos dejamos convencer y nos fuimos.

sábado, 23 de julio de 2016

Algo

Escúchame pulsando aquí.

Me pides palabras elocuentes,
versos que embriaguen intelectos,
metáforas
que hagan de lo nimio acero,
del acero pecho,
del pecho alma,
del alma fuente que mane
agua tiempo y esperanza,
y yo no tengo aire,
yo no siento nada.

No sé quién eres.
Tu voz es extraña y lisonjera.
¿En qué infiernos demoras tus desvelos?

No sé quién soy.
Mi voz es árida,
y extraña las más de las veces.
Mis infiernos visten de blanco
o regalan reflejos por doquier.

Suplicas que escriba y no sé qué decirte:
se agosta la poesía cuando se intuye el deshielo.

A veces,
cuando cierro fuerte los ojos,
no veo nada.

viernes, 26 de febrero de 2016

Hijos del absurdo

Resbala el tiempo poco a poco
por un rostro
que ya no se queja
ni se pudre,
permanencia de aire
y de nieve
elevada al altar
iridiscente de la decadencia,
absurdos impenetrables
que nos definen.
Mientras tanto nada parece
muy importante
salvo
quizá
una inanición mesiánica
la víspera de la parca,
un sonámbulo deseo
de vacío que redima.

El fulgor fue tan efímero
como las sombras
que destila el silencio,
tan terco como la nada.

Ni supimos ni pudimos ser mejores,
y realmente nos dio igual.

Ya apostamos, y perdimos.
Sedujimos la impostura
malversando nuestra exigua dosis de fe,
y sólo atendemos besar el olvido.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

No pasa nada

Recuerda: no pasa nada.
Aunque la luna no salga esta noche
a custodiar los insomnes amores
de aquellos que anhelan;
aunque no haya consuelo
que distraiga un efímero instante
esta distancia aterradora;
aunque yo no te tenga,
no pasa nada.

Lentamente,
sin sacralizar la palabra vana y puta,
manteniendo la observancia a la bohemia,
enfrascado en batallas clandestinas,
en guerras sempiternas,
va uno aprendiendo a ser poeta,
a ser humano,
y no pasa nada.

Sé que sueñas en voz baja,
mientras tejes historias de abuela
que ha vivido demasiado
y demasiado ha vivido.
Sé que adelgazas tus palabras
que sabes que se clavan como dagas,
que sabes que desangran,
y, créeme, no pasa nada.

Aprenderemos, poco a poco, a subsistir
huérfanos de ilusiones que florezcan,
a regalarnos humo y silencio compartido,
a sonreír, por no llorar amargamente,
y no pasará nada.

Y no, no pasa nada,
no pasa nada si confieso que te amo.