Mostrando entradas con la etiqueta lágrima. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lágrima. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de marzo de 2017

Venus de Milo

Estoy preparado.
Mis asuntos yacen en regla
y tengo la conciencia tranquila,
casi siempre.
Esta noche he de morir.
Inútil ensayar una lágrima,
entonar un salmo
o una letanía.
La muerte simplemente sucede.
Uno cierra los ojos y ya.
Pobre del que aún pueda llorar.

Las palabras carecen de sentido
y el sentido se diluye en un sueño
que bien podría ser eterno,
si la resurrección nos esquiva,
al alba.

La poesía inventa caminos
que los viajeros recorrerán
creyendo descubrir el alfa
y el omega, el frío y el calor.
El paisaje es siempre el mismo,
el turista no.

Esta voz,
que muere cuando nace,
es un monumento al olvido,
un recuerdo del silencio
que permanece, impertérrito,
cuando las campanas dejan de repicar
y los cadáveres de bien
se esconden en sus nichos.

Por favor, si no despierto,
ni un paternóster
ni la Venus de Milo.


martes, 5 de julio de 2016

Cuando muera...

[Podemos vivir a tiempo, a destiempo, a contratiempo, pero que nunca nos falte un instante para rozarnos y sentirnos humanos, antes de que se nos haga tarde y no nos quede más que el recuerdo de una lágrima.]

Cuando muera, ¿cuántos lloraréis?

Los horizontes lejanos
terminan siempre por acercarse,
por aclararse,
y prometen decepción aciaga.

Descubrimos raudos la función,
aceptamos un rol sobrevenido
y sonreímos,
de pura inconsciencia.

Muertos de ira,
obesos de desidia
y hastiados.

La impostura barroca se ofrece,
seductora.
Vestirse, disfrazarse
y torear de rodillas,
mirando al tendido,
gritando el nombre propio.

Pero los nombres nunca nos pertenecen.

Camináis a mi lado y apenas nos rozamos,
por temor al contagio
y pudor.
¿y si el otro existe y es como yo?

Pronto moriremos,
y a nuestro funeral
acudirá sólo lo vivido,
con o sin lágrimas.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Cuentos infantiles

a Naia,
con una voluntad de hierro…


No te duermas todavía,
la noche aún puede esperar.
Que espere,
mientras nosotros multiplicamos los cuentos.

Érase una vez el mundo,
embrión de todo y nada,
un continuo ir y venir de seres insondables,
inefables e inexactos,
cientos de miles de tú como tú,
absurdos e innombrables.

Érase una vez la risa
que, agazapada en cualquier esquina,
inventa instantes eternos
para llenar un tiempo incierto.
La misma risa que dibuja en tu cara
un presente ajeno al qué vendrá.
El antídoto del miedo.

Érase una vez la ausencia,
que siempre acude puntual a sus citas.
Sus besos son dulces y crueles
cuando llega y te acaricia,
cuando se instala y te recuerda el olvido,
y te regala una lágrima.

Érase una vez el llanto
que aparece como la lluvia,
que a veces es torrente y anega,
segando verde y pintando grises
cada vez más negros…
pero lluvia que nutre,
lluvia que riega,
agua salada que diluye la pena
y la asume,
aunque envenena,
propia en el pecho.

Érase una vez el amor
que se ofrece a cada paso
sin buscar ninguna excusa,
porque sí,
porque se basta a sí mismo.
Y se viste de juego y asombro,
se disfraza de promesa eterna,
de bagatela que se desecha,
de arco y de flecha,
de primavera y otoño.
Y aún te acompaña,
perenne y esquivo,
como el aire que sigues respirando.

Érase una vez la vida,
con su cara y con sus cruces,
apretando hasta la asfixia,
inoportuna, irredenta.
Una vida que no nos hace mejores,
ni más sabios,
ni más fuertes.
Pero seguimos en pie,
seguimos luchando,
ávidos de cuentos infantiles
que aseguran
que al final
fuimos felices.

lunes, 23 de marzo de 2015

EL PROFESOR



Ser un fantasma es fácil. Es fácil ser el miedo reflejado en sesenta ojos escrutadores, sesenta ojos implacables que esperan una palabra amable, o el infierno.

Soy el profesor. El que construye una ignorancia particular e intransferible. El señor del tiempo.

Y sin embargo el tiempo se me huye. Veo cómo poco a poco, invariablemente, las caras se diluyen en un caos de sinsentidos. Naufrago una y otra vez rodeado de absurdas calificaciones, enfrentado al fracaso ajeno y propio al tiempo.

Y lloro.

Y cada lágrima tiene nombre, un nombre de hoja caduca, un miguel que ya no es y es sergio o manuel, o maría, carmen o alicia, un continuo de esperanzas y sueños que se repiten sin freno.

Y todos, todos, se van con sus sueños a otra parte. Y yo me quedo, y los observo.

¿Y mis sueños? ¿Dónde están mis sueños? ¿Dónde el poeta que vomitaba palabras? ¿Dónde el inventor de historias siempre gratas? Él voló. Se fue sin dejar noticia.


Ahora solo queda el vividor de sueños ajenos, el que grita verdades de mentira y se aplica, con denuedo, a soñar con vosotros vuestros sueños.

jueves, 8 de enero de 2015

El egoísta emocional

Déjame susurrar tu nombre,
ser sílaba y seducirte despacio,
como si el tiempo sobrase,
como si el tiempo no existiese.
Quiero saber. Necesito saber.
Tu mano, cuando toca, ¿qué siente?
¿Qué siente tu alma cuando tu mano,
tu mano loca, toca?
¿Qué te hace diferente?
Te observo beber sedienta de sed
y me pierdo en un desierto
poblado de espejismos,
descubriendo que el océano
cabe en una sola lágrima,
en una única y lúbrica lágrima.
El sol luce. El sol seca.
El agua ahoga y el agua riega.
Siempre es cuestión de tiempo,
un tiempo nunca nuestro,
apenas un instante de gloria,
efímero y pendenciero.
Quise ser tu hierro candente,
tu herramienta de placer,
tu mejor verso de amor,
tu gemido más ardiente,
porque el fuego no conoce el miedo.
Ahora solo sueño ser tus dedos.