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miércoles, 22 de marzo de 2017

Venus de Milo

Estoy preparado.
Mis asuntos yacen en regla
y tengo la conciencia tranquila,
casi siempre.
Esta noche he de morir.
Inútil ensayar una lágrima,
entonar un salmo
o una letanía.
La muerte simplemente sucede.
Uno cierra los ojos y ya.
Pobre del que aún pueda llorar.

Las palabras carecen de sentido
y el sentido se diluye en un sueño
que bien podría ser eterno,
si la resurrección nos esquiva,
al alba.

La poesía inventa caminos
que los viajeros recorrerán
creyendo descubrir el alfa
y el omega, el frío y el calor.
El paisaje es siempre el mismo,
el turista no.

Esta voz,
que muere cuando nace,
es un monumento al olvido,
un recuerdo del silencio
que permanece, impertérrito,
cuando las campanas dejan de repicar
y los cadáveres de bien
se esconden en sus nichos.

Por favor, si no despierto,
ni un paternóster
ni la Venus de Milo.


miércoles, 12 de noviembre de 2014

Ilumíname

A Sonia Mirón, que me regaló 
el gérmen de estos versillos

Mi sombra arde de hambre,
deambula por los barrios más oscuros
de la ciudad,
siempre al ocaso de todo,
y te busca.

Los policías y las putas patrullan unas calles
desiertas de poesía,
hoy las enredaderas son solo enredaderas.

La luna se inhibe
y un manto de agua gris y perenne
dibuja garabatos
sobre los parabrisas de los automóviles
detenidos y sin alma.

Los semáforos ofrecen su sinfonía de color monocorde
a los gatos,
siempre negros y agoreros.

Mi sombra puebla el alféizar de todos los pecados
buscando alba,
sedienta de luz,
atada a mí y a mi insignificancia por recias cadenas,
aterrada,
comprensiva
y extranjera.


miércoles, 26 de febrero de 2014

Mirada

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Casi nada se parece a ti.

No se parece a ti este atardecer
con el sol cediendo protagonismo
a los secretos que surgen del mar.

Tampoco el amanecer con su bostezo
y su apatía, ni la noche que se agosta
y fenece.

No se parece a ti la ciudad indómita
que exagera sueños y pesadillas
y reverbera.

Tampoco la playa, esa frontera
que cercena el horizonte más cercano,
y lo niega, lo niega, lo niega.

No se parece a ti el silencio traidor
que incesante mana a borbotones
de todas las gargantas exigidas,

ni el paso del tiempo incontestable
dibujado en mis ansias de saldo,
esta derrota auto-infligida.

Casi nada se parece a ti.

Salvo quizá el sol del atardecer al besar tu mejilla,
el alba que te dibuja virginal, dispuesta a todo,
la luna entre bambalinas cuando la observas.

Puede que algunos rincones inesperados
donde la ciudad y la playa se confunden
y ofrecen su lengua al mestizaje.

Seguro mis palabras, arena de un reloj
que corre hacia ti,
sin perder un instante.

Casi nada se parece a ti, salvo tú,
cuando te observo.