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miércoles, 17 de octubre de 2018

Caminantes

El alarde,
el alarido
y algo más fuerte que una cerveza.
El ocaso promete amaneceres
y el fénix se regodea,
despreciando a la propia muerte.
La vida,
lo vivido
y los sueños que alimentan.
El deseo construye moradas
que jamás reflejan
la verdad de nuestras almas.
Escribir,
lo escrito,
una mentira disfrazada de certeza.

Porque caminar no es el camino.

viernes, 26 de diciembre de 2014

La atalaya

Aún se escucha el rumor de alaridos,
el estruendo de estertores que acompaña a la batalla,
el crujir de los héroes vencidos,
la muerte ofrecida al altar de la Causa.

El viento pregunta quién ha ganado,
pero no aguarda respuesta. Él sabe.
Él cambia y me golpea.
Él me recuerda que estoy vivo. A mi manera.

En la distancia una jauría de niños
persigue su presa: la acechan pletóricos de alegría,
gritando denodados su eterna buena suerte,
la cercan con las fauces abiertas
y de bruces descubren el suelo,
la esperanza siempre es abstracta,
apenas otra palabra, una palabra nomás.

A veces llueve. A veces el sol aprieta.
Solo el viento es constante y es variable.
Solo el viento barre y lima.

Todos los hombres son nombres
que se hinchan de puro ego y revientan
para terminar en una piedra,
a merced del viento,
vueltos a la nada.
Todos los nombres son silencio.

Te siento también con tu vida a lo lejos,
cercana al horizonte,
ambigua y desnortada,
y te amo más que nunca, aunque tú no me veas.

El abismo me aturde y me atrapa,
mis piernas danzan macabras,
y ya solo encuentro palabras.


viernes, 31 de octubre de 2014

Quizá mañana

El mar vomita un alarido
cada vez que te pierdes,
cuando te descubres sin ansia.

He perdido los recuerdos imborrables,
los días de versos sin fin,
los lamentos compartidos
y las alegrías redentoras.

He renunciado al silencio implorando silencio.

Fracasar es respirar,
perder el rumbo encontrar el rumbo
hasta zozobrar,
quizá mañana.




domingo, 8 de septiembre de 2013

Fronteras difusas



Hoy me he despertado con una inexplicable
sensación de precipicio,
el borde de mi cama
era una obscena invitación al suicidio.
Mi cabeza es una verbena
que ofrece ecos de un pasado marchito,
versos que naufragan
y poemas que son apenas alarido.

Hay días que no merecen la pena
y mucho menos la alegría,
hay días en los que muero en tu recuerdo,
días que se visten de rutina.

Existen los poemas, y existe la poesía,
los poetas somos parias y suicidas,
nos enamoramos de un sueño
conscientes del absurdo del empeño.

lunes, 10 de septiembre de 2012

2 x 2 = 0

A Belén, con amor.


Hoy he despertado sin tablas,
con un absurdo sabor a 0 en las entrañas,
burro, animal, enajenado,
solo dispuesto al alarido.

La ilógica lógica del desamparo
se eleva a la enésima potencia
y nos deja huérfanos de aire,
con la garganta anudada.

¿Dónde ahora?

No al cielo de los que esperan,
al mar de los que viajan sin maleta,
salado de lágrimas, las nuestras,
que hoy anegan el océano de pena.

Solo el amor duele más que la angustia
que provoca la amputación de un ángel,
ateo.