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miércoles, 7 de junio de 2017

Futuro imperfecto de subjuntivo


Algún día te recordaré
y sabré que eras tú,
que siempre fuiste tú.

Habrá palabras que brillarán
con un significado hoy virgen;
lugares que esconderán instantes
de los que hablaremos a hurtadillas,
como si pecar fuese un pecado;
noches de luna llena
para aullar como lobos
que intuyen su cordero.

No tendremos miedo del abismo
que ocultan las miradas al amanecer,
ni del silencio que recorre los pasillos
desiertos de una ilusión en cuarentena.
No temeremos a la muerte
ni temeremos morir.

Haremos el amor en todas las ciudades,
porque llueve,
porque hace calor,
porque sí o porque no.
Jugaremos a importarnos,
a inventarnos un pasado que permita
un presente de arena
y de sal.

Cuando, por fin, te pierda
descubriré el verdadero ímpetu
de una ausencia que se impone,
tiránica y asesina.

Cuando, por fin, te encuentre
descubriré el verdadero ímpetu
de una presencia que se impone,
tiránica y asesina.

martes, 1 de noviembre de 2016

Nietzsche en un armario


¿Es esto la vida?
Camino meditabundo,
perdido en ti,
sin destino
pero intentando sentir,
inventando anhelos.

Pronto mastiqué la ausencia
y me aferré al néctar de la culpa,
pronto empecé a amar el fracaso.

La infancia fue terror y magia,
el terror de descubrir el mundo,
la magia de descubrir al mundo.
Un paraíso fundado en el recuerdo.

Después, los abismos,
luchar por ser quien eres
ante un espejo
que no devuelve imágenes,
escribir mil profecías,
inconscientes
del principio
del fin.

Impostados,
nos lanzamos al amor
armados de metáforas,
seguros del laurel
y del éxtasis.

Pero el tiempo no se detiene.
El laurel se seca.
El éxtasis se acaba.

El que tiene una ilusión tiene un motivo,
nos dijeron,
perseverad.
Mens sana in corpore sano.
Vitaminas y colágeno.

Y abrazamos todos los clavos ardiendo,
nos sentamos en todas las cunetas
aún sin atrevernos a dejar la carretera,
atenazados por la rabia,
azuzados por el viento.

Me pregunto qué sucederá
cuando estemos demasiado cansados de mirar
y, de tanto esperar, ya no sepamos caminar.
Me pregunto si quiero seguir siendo ceniza
y sólo acierto a responder:
pues venga, ¡otra vez!

miércoles, 7 de octubre de 2015

El mundo bajo el mar

Braceas entre la muchedumbre
buscando un sitio que permita respirar
y no encuentras más que alambre.
Y el abismo.

Cada instante es un juicio,
y solo es cuestión de tiempo
sacar en suerte ser culpable.
Y la pena siempre es capital.

Nadie nos enseñó funambulismo
y nos marean las alturas.

El camino no existe más allá
de aquí,
de ahora,
nuestras huellas se pierden
y las palabras se secan
en el cielo del paladar,
insípidas.

Las metáforas son también disfraz
de un amor infatigable
por seguir buscando el mundo
bajo el mar,
intoxicados por cantos de cisne y de sirena,
absurdamente dispuestos al naufragio.

Cierra los ojos gritando
¡Gerónimo!
y decide avanzar otro paso
aún perseguido por unas dudas
que enseñan los dientes,
que exhiben sus fauces.

Vivir es cosa de locos y valientes.

sábado, 15 de agosto de 2015

El nombre maldito

Escúchame pulsando aquí.

Te he visto brillar de puro amor,
escribir una biblia con tus besos,
llena de palabras reveladas
al son celestial de una vida imposible,
te he visto llorar de alegría.

Te he visto en ruinas,
oliendo a decadencia e inquina,
despiadado e injusto,
enfrentado a tu abismo.

Te he visto en llamas,
incendiario,
caminando taciturno hacia el otoño,
dispuesto a perder otro tren
por un segundo más de primavera.

Te he visto encogido,
magullado y quejumbroso por los golpes,
rabioso,
te he visto morder el polvo y sudar sangre.
Y aún así estabas más vivo.

Quiero verte de nuevo,
desnudo y atrevido,
dispuesto a jugarte el alma
por un mísero adjetivo,

dispuesto a reconocer que todos
tenemos nuestro nudo en la garganta,
que todos tenemos nuestro nombre maldito.


miércoles, 1 de abril de 2015

El extravío

Me siento,
y en silencio cargo con el peso de los días
que he vivido,
que me quedan por vivir.
Siento áspera la inercia que va arañando
mi piel y mi esperanza
en este absurdo pan para hoy.
Nada crece verde en la tierra umbría.
Siento la mirada de los dóciles
y de los aguafiestas
clavada insensiblemente en las entrañas,
y sangro apenas,
como si realmente no importara.
Siento que los motivos eran otros,
que los caminos eran otros,
que los silencios tenían que ser otros,
pero fueron estos mismos:
motivos de oro o de barro,
caminos de espina y espanto,
silencios de verbo abarrotado,
precuelas inefables de un abismo
tan propio como impersonal.
Soy hijo del silencio de los cielos,
del caminante no hay camino,
del superyo despertando de sus sueños,
soy de la generación del extravío.
¿Qué hacer cuando el deseo se pudre?


domingo, 25 de enero de 2015

Confesión

Admito los rugidos de un león alado
solo en su roca,
rey de nada.
Admito los jugos del deseo,
la inercia de la tristeza
y la palabra que sangra.

La oscuridad se instala y pierdes referencias,
y te encomiendas a un recuerdo que traiciona,
que malvende tu esperanza a un silencio
que te encierra en lo más hondo de tu piel.

Solo los valientes sienten miedo
cuando se enfrentan a sí mismos,
seguros de morder el polvo y las entrañas.

Fracaso. Fracaso otra vez, y vuelvo a fracasar.
Pero nunca fracaso mejor y la piel me arde
devolviéndome una imagen más gris
que visto de colores, por evitar el suicidio.

La bohemia, la impostura, la poesía
y un espíritu de holandés errante,
un abismo personal,
un infierno elegante,
la huida del que mira el mundo desde las afueras,
absorto, como todos, en su propia pesadilla,
vacunado contra utopías y quimeras.