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martes, 23 de marzo de 2021

Poesía

Llegó sin ley,

canto festivo

que servía para no servir

y ser,

sin más.

Vino después herida,

untada en sangre,

ungida para nombrar lo inefable,

sagrada,

un germen de inmortalidad.

Sumar sentido.

Un mar sentido.

Cosmogonías del yo.

Terciopelo y ámbar,

tinta china e impostura.

Fue corazón,

con razón y sin razón,

y bendijo alcobas

que todo significaban

significando nada.

Amaneceres impíos

acechando metáforas del amor,

casi siempre equivocadas.

Fue olvido ahogado

en océanos de perdición,

un lugar común

para un poeta del montón.

Quiso ser también

martillo de brujos,

de indeseables,

de esta fiesta de disfraces

que llamamos mundo,

revelar y rebelarse,

ser aliento,

ser ráfaga de aire,

ser tú, ser él, ser yo.

Palabra juego,

palabra piedra,

palabra sangre.

Todo apunta al silencio.

lunes, 28 de mayo de 2018

Tu futuro


Despiertas un día
y el aire
ya no invita 
a amarte.
persigues silencios,
requiebras espejos
y hueles la sangre.

Tras todas las preguntas sin respuesta
acechan todas las respuestas sin pregunta,
esperando su turno,
agoreras,
oliendo la sangre.

Te callas, por no llorar,
orgulloso,
porque los hombres no lloran,
pero lloras
y cada lágrima es sangre
derramada.

No hay puertas
ni ventanas
que se cierren
o se abran,
no hay muros
ni patrias
para quien es ajeno al suelo
y solo sabe volar.

Escribes a duras penas,
para vestir nuevamente
el presente con la angustia
que disfraza tus poemas,
hijos de la estupidez
y la estupefacción.
Brutalmente cándido.
Sórdidamente amable.

Y tu futuro sigues siendo tú. 

miércoles, 31 de enero de 2018

Amores suicidas

Y tú, ¿dónde estabas cuando todavía creía en el amor?

Entonces todo era posible, nuevo, impetuoso. Los amaneceres engendraban sueños que presagiaban, que conjuraban, que no dormían. Las primaveras multiplicaban las flores, no la astenia. Y todas las palabras eran bellas, un embrión de metáfora. La vida latía con cada latido, haciéndose a cada instante, con sentido y sin sentido.

ahora apenas sueño.

Entonces devorábamos historias, nos travestíamos de héroes y sojuzgábamos al destino. Nuestro cuento siempre acaba bien. Éramos seres indómitos, seguros, aparentemente descreídos. Y todas las palabras eran nuestras, un soplo de aire fresco. La vida era absurda y brindábamos por ello.

La luna solo brillaba para el amor, un amor adolescente que siempre sabe sufrir aunque apenas se atreva a amar, un amor que sabe a sal y a sangre de herida abierta. Y las estrellas asistían, aquiescentes, testigos de una tragedia que no acaba ni comienza.

ahora apenas creo.

Aprendimos a leer. Que los cuentos son solo cuentos. A soñar con los ojos abiertos. A volar con los pies en el suelo. A entender la inmensidad del cielo. A escribir, obstinado y terco.

Y a escapar de los amores suicidas.

Ya nada huele a nuevo, pero poco a poco las palabras significan, se hacen hueso, músculo, cuerpo y fructifican. De pronto la luna brilla nueva y alumbra un océano de certezas que susurran: eres viento, eres tierra y eres silencio.

Y el amor brota del mismo centro e impone su oficio. Y vamos comprendiendo su esencia con cada verso tuerto que ensayamos frente a un espejo que siempre nos deforma, que bendice nuestro orgullo y nos invita al exilio.

Por fin entendimos.
No era ganar.

Era vivir.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Verdades que duelen

No escribo.
Las palabras me acechan,
sin atreverse a atacar.
Yo rumio en silencio,
pasto sinsustancias
y me dejo acechar.

Todos los instantes se sumergen
en un océano de banalidades
y el eco calla.
Nadie se muerde las uñas.
Nadie tirita.

Los anaqueles enmudecen
mientras el mundo los mira
y los ignora.
El futuro recordará
que un día fue pasado
y no aprendió,
de memoria.

No respiro,
sobrevivo hurtando el aire,
la voz y la esperanza
a un vacío de sentido
que subyuga,
que atenaza.

Los leones rugen al anochecer
e invocan la ley de la selva
mientras huelen sangre fresca
sintiendo la propia arder.

Los leones son leones,
las gacelas son gacelas,
dibujan los poetas
enarbolando galones.

No hablo.
Callo,
pero no otorgo.
No.
Tampoco callo.
Ni otorgo.
Ni león ni gacela.
Ni aire, ni voz,
ni poema.

jueves, 17 de agosto de 2017

Mirar hacia atrás


Todas las trompetas claman venganza,
y el clamor se hace sangre
que palpita y enardece,
que subleva y limpia
una voz destilada en desamparo.

No cambio de tema.
Sigo ajeno a un mundo que me ignora.
No queda tiempo para otro borrón
y la cuenta desborda impagos.
¿Quién lo iba a decir?

Mis nietos miran,
ingenuos,
condescendientes,
y no ven más que futuro,
y yo callo,
y casi otorgo.

A estas alturas el silencio se impone.
El tiempo se impone
y no queda otro remedio
que mirar hacia atrás.

Y todos los plazos se cumplen,
y todas las deudas se pagan.

Mis nietos hablan,
seguros,
hastiados,
y no veo más que pasado,
y yo callo,
y casi otorgo.

domingo, 23 de agosto de 2015

León que aúlla a la luna

Ecos de vida lejana resuenan
mientras la lluvia anuncia otro día gris.
Agosto multiplica las ausencias
y me recuerda el precio de existir,
de descubrir que todos los días son domingo.

Esta absurda sala de espera
del qué vendrá después,
inútil y austero,
atenaza una garganta
con mujer atravesada.

¿Qué sucede?
No pasa nada.
Nunca pasa nada
y el aire se esconde.

Las lágrimas calman la sed
cuando los besos queman.

Otra vez la sangre,
que grita como el mar y reverbera
exigiendo un doble o nada
por amor al arte
y la poesía.

Otra vez el viento desperdigando palabras
que germinan en un silencio que se impone,
por y para nosotros,
en la boca del estómago.

Otra vez los leones aúllan a la luna.


sábado, 15 de agosto de 2015

El nombre maldito

Escúchame pulsando aquí.

Te he visto brillar de puro amor,
escribir una biblia con tus besos,
llena de palabras reveladas
al son celestial de una vida imposible,
te he visto llorar de alegría.

Te he visto en ruinas,
oliendo a decadencia e inquina,
despiadado e injusto,
enfrentado a tu abismo.

Te he visto en llamas,
incendiario,
caminando taciturno hacia el otoño,
dispuesto a perder otro tren
por un segundo más de primavera.

Te he visto encogido,
magullado y quejumbroso por los golpes,
rabioso,
te he visto morder el polvo y sudar sangre.
Y aún así estabas más vivo.

Quiero verte de nuevo,
desnudo y atrevido,
dispuesto a jugarte el alma
por un mísero adjetivo,

dispuesto a reconocer que todos
tenemos nuestro nudo en la garganta,
que todos tenemos nuestro nombre maldito.


martes, 18 de febrero de 2014

Ni me leas ni me salves

No quiero escribir este poema
ni dejarme una piel hecha jirones en cada verso,
inútil e inservible.
No quiero ver cómo enajenas mi mirada,
cómo retuerces o cercenas
las palabras
que nunca fueron mías.
No quiero que leas tus derrotas en los devaneos
significativos
de unas letras que no entran con sangre
porque son sangre,
y bilis y orina.
No quiero ni te quiero,
pero acepto tu yugo.
La metáfora revela un monstruo que acecha,
tras el quicio de la puerta,
al doblar una esquina,
el instante adecuado para acabar con el niño
que dibuja su destino escondido del mundo,
oculto bajo la cama,
imaginándose a salvo.