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sábado, 2 de abril de 2022

Estaciones de paso

[El lunes, 28 de marzo, falleció mi abuelo. Tenía 97 años y una vida larga y plena a sus espaldas. Verle apagarse ha sido una de las experiencias más tristes que he sufrido. Para mí fue como un padre. Eso significa que ya he enterrado dos. La soledad y el camino esperan.]


Hoy siento frío

y no quiero escribir,

aunque escribo.

Ante mí un tiempo agreste,

un teatro vacío,

un silencio indeleble;

a mis espaldas, lo vivido.

 

Los paisajes amados

ya no serán los mismos

que descubrí de tu mano

cuando era apenas niño,

un mundo de sangre y de barro,

de trabajo duro y de cariño,

aquel mundo tuyo

que ahora es mío.

 

Lato acompasado

al son de tu reloj,

heredero de tu nombre

y de tus labios, 

parcos y sabios,

heredero de tu amor.

 

Tú viniste, viste, lloraste,

sufriste, reíste y follaste,

cantaste, mentiste,

perdonaste, amaste

y venciste.

Así sí se puede morir.

 

El tren se dispone a partir,

por nadie espera,

conviene ser puntual

y no quedarse en tierra.

 

Gracias, me decías 

cuando te besaba;

gracias, te digo 

por haberlo permitido.




jueves, 24 de noviembre de 2016

Preguntas que importan (y no importan)

Escúchame pulsando aquí.

Cuando respiro, respiro,
y no me harto.
Y sí, algo marcha mal,
los amaneceres hieden a obituario,
la esperanza huye,
la candidez deserta.

Apenas ayer soñábamos
escribir los versos más tristes,
más endiabladamente tiernos,
y dulces,
y austeros.
Y no.

Los versos que soñamos
también son de agua,
también son de aire,
se exhalan
y se olvidan.

Para que otras calles
bendigan tu nombre
yo invoco mi silencio,
una ausencia equidistante
y suicida.

Sabemos remendar la historia con un lápiz.
Sabemos vender simulacros.

Lo que nunca pudimos siquiera imaginar
es este a pesar de todo,
este ansia que no cesa,
el instante, insignificante y absurdo,
que media entre el amor y el odio.

No importan las preguntas
si no seducen las respuestas,
en cambio,
si nos seducen las respuestas,
poco importan las preguntas.

Sé que respiro.
Y no me harto.

martes, 5 de julio de 2016

Cuando muera...

[Podemos vivir a tiempo, a destiempo, a contratiempo, pero que nunca nos falte un instante para rozarnos y sentirnos humanos, antes de que se nos haga tarde y no nos quede más que el recuerdo de una lágrima.]

Cuando muera, ¿cuántos lloraréis?

Los horizontes lejanos
terminan siempre por acercarse,
por aclararse,
y prometen decepción aciaga.

Descubrimos raudos la función,
aceptamos un rol sobrevenido
y sonreímos,
de pura inconsciencia.

Muertos de ira,
obesos de desidia
y hastiados.

La impostura barroca se ofrece,
seductora.
Vestirse, disfrazarse
y torear de rodillas,
mirando al tendido,
gritando el nombre propio.

Pero los nombres nunca nos pertenecen.

Camináis a mi lado y apenas nos rozamos,
por temor al contagio
y pudor.
¿y si el otro existe y es como yo?

Pronto moriremos,
y a nuestro funeral
acudirá sólo lo vivido,
con o sin lágrimas.

sábado, 15 de agosto de 2015

El nombre maldito

Escúchame pulsando aquí.

Te he visto brillar de puro amor,
escribir una biblia con tus besos,
llena de palabras reveladas
al son celestial de una vida imposible,
te he visto llorar de alegría.

Te he visto en ruinas,
oliendo a decadencia e inquina,
despiadado e injusto,
enfrentado a tu abismo.

Te he visto en llamas,
incendiario,
caminando taciturno hacia el otoño,
dispuesto a perder otro tren
por un segundo más de primavera.

Te he visto encogido,
magullado y quejumbroso por los golpes,
rabioso,
te he visto morder el polvo y sudar sangre.
Y aún así estabas más vivo.

Quiero verte de nuevo,
desnudo y atrevido,
dispuesto a jugarte el alma
por un mísero adjetivo,

dispuesto a reconocer que todos
tenemos nuestro nudo en la garganta,
que todos tenemos nuestro nombre maldito.


jueves, 8 de enero de 2015

El egoísta emocional

Déjame susurrar tu nombre,
ser sílaba y seducirte despacio,
como si el tiempo sobrase,
como si el tiempo no existiese.
Quiero saber. Necesito saber.
Tu mano, cuando toca, ¿qué siente?
¿Qué siente tu alma cuando tu mano,
tu mano loca, toca?
¿Qué te hace diferente?
Te observo beber sedienta de sed
y me pierdo en un desierto
poblado de espejismos,
descubriendo que el océano
cabe en una sola lágrima,
en una única y lúbrica lágrima.
El sol luce. El sol seca.
El agua ahoga y el agua riega.
Siempre es cuestión de tiempo,
un tiempo nunca nuestro,
apenas un instante de gloria,
efímero y pendenciero.
Quise ser tu hierro candente,
tu herramienta de placer,
tu mejor verso de amor,
tu gemido más ardiente,
porque el fuego no conoce el miedo.
Ahora solo sueño ser tus dedos.


viernes, 26 de diciembre de 2014

La atalaya

Aún se escucha el rumor de alaridos,
el estruendo de estertores que acompaña a la batalla,
el crujir de los héroes vencidos,
la muerte ofrecida al altar de la Causa.

El viento pregunta quién ha ganado,
pero no aguarda respuesta. Él sabe.
Él cambia y me golpea.
Él me recuerda que estoy vivo. A mi manera.

En la distancia una jauría de niños
persigue su presa: la acechan pletóricos de alegría,
gritando denodados su eterna buena suerte,
la cercan con las fauces abiertas
y de bruces descubren el suelo,
la esperanza siempre es abstracta,
apenas otra palabra, una palabra nomás.

A veces llueve. A veces el sol aprieta.
Solo el viento es constante y es variable.
Solo el viento barre y lima.

Todos los hombres son nombres
que se hinchan de puro ego y revientan
para terminar en una piedra,
a merced del viento,
vueltos a la nada.
Todos los nombres son silencio.

Te siento también con tu vida a lo lejos,
cercana al horizonte,
ambigua y desnortada,
y te amo más que nunca, aunque tú no me veas.

El abismo me aturde y me atrapa,
mis piernas danzan macabras,
y ya solo encuentro palabras.