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lunes, 13 de agosto de 2018

Incandescencia en mí mayor

Espera,
detente,
atenta.
El aire quema
y duele respirar.
Vive.
Bebe.
Déjate derramar.
El tiempo siempre vuela
y nunca supo a-mar.

Derriba todas tus barreras,
dibuja tu propio camino,
persigue tus ganas de más. 

No tengas prisa,
la meta es la frontera
que no quieres cruzar,
la última sonrisa.

Quema el aire cuando sueñas,
cuando rechazas despertar,
cuando despliegas tus velas
y arde el qué dirán.

Las cenizas del incendio
son las nuestras,
nuestras ansias lisonjeras,
los quebrantos y los duelos,
las mentiras piadosas
y los más oscuros secretos.
Pasto de las llamas,
humo, éter, nada.

Vive. Bebe. Ama.

miércoles, 31 de enero de 2018

Amores suicidas

Y tú, ¿dónde estabas cuando todavía creía en el amor?

Entonces todo era posible, nuevo, impetuoso. Los amaneceres engendraban sueños que presagiaban, que conjuraban, que no dormían. Las primaveras multiplicaban las flores, no la astenia. Y todas las palabras eran bellas, un embrión de metáfora. La vida latía con cada latido, haciéndose a cada instante, con sentido y sin sentido.

ahora apenas sueño.

Entonces devorábamos historias, nos travestíamos de héroes y sojuzgábamos al destino. Nuestro cuento siempre acaba bien. Éramos seres indómitos, seguros, aparentemente descreídos. Y todas las palabras eran nuestras, un soplo de aire fresco. La vida era absurda y brindábamos por ello.

La luna solo brillaba para el amor, un amor adolescente que siempre sabe sufrir aunque apenas se atreva a amar, un amor que sabe a sal y a sangre de herida abierta. Y las estrellas asistían, aquiescentes, testigos de una tragedia que no acaba ni comienza.

ahora apenas creo.

Aprendimos a leer. Que los cuentos son solo cuentos. A soñar con los ojos abiertos. A volar con los pies en el suelo. A entender la inmensidad del cielo. A escribir, obstinado y terco.

Y a escapar de los amores suicidas.

Ya nada huele a nuevo, pero poco a poco las palabras significan, se hacen hueso, músculo, cuerpo y fructifican. De pronto la luna brilla nueva y alumbra un océano de certezas que susurran: eres viento, eres tierra y eres silencio.

Y el amor brota del mismo centro e impone su oficio. Y vamos comprendiendo su esencia con cada verso tuerto que ensayamos frente a un espejo que siempre nos deforma, que bendice nuestro orgullo y nos invita al exilio.

Por fin entendimos.
No era ganar.

Era vivir.

domingo, 11 de octubre de 2015

Sin embargo, tú

Me he quedado de nuevo absorto en el aire,
contando sueños transparentes,
jugando a ser yo,
muriendo solo los domingos que agonizan
empapados de gris y silencio quebradizo.

Los tambores de guerra resuenan desde dentro
y marcan un paso imposible.
Imposible no caer,
no besar el suelo nuevamente,
para descubrir el sabor de una sangre y una tierra
amada y agridulce, mía y de nadie.

Da igual.
Fracasa otra vez.
Da igual.
Fracasa mejor.

Pero no da igual.
Nunca ha dado igual.
Cada cicatriz cambia tu cara
y cambia tu alma.
Todos los golpes son bajos
y siempre duelen más.

Yo nunca quise vivir para siempre,
es aterradora la inmortalidad,
solo aquí,
solo ahora,
no existe más allá.

No iremos al parque con los críos,
no bendeciremos con nuestro amor al tedio
ni seremos dos amantes en época de celo.
No miraremos las esquelas los domingos.

Y, sin embargo, muero por verte.

viernes, 28 de agosto de 2015

Un hombre sin mujer

“Un buen día, de repente, te conviertes
en un hombre sin mujer”
Haruki Murakami



Las últimas luces de la noche apagan,
al son de los despertadores,
los sueños frágiles que sueñan
en silencio los insomnes.

Todo está bien. Todo fluye.
La luz inunda con su ruido la realidad.
El traqueteo de la vida brilla
y reparte suerte.
La poesía se esconde.

Abrir los ojos duele,
y ciega.
El amor no eran solo cuatro letras,
ni amar una metáfora.

La ventana abierta refleja el vacío
de un futuro inexorable,
pero invita a volar, invita a buscarte.

Por las calles de tu ausencia
los transeúntes divagan
y escriben historias
de hombres de hierro que vencen al tiempo
y mujeres de fuego que forjan el hierro.

Yo tengo el viento que agita tu recuerdo
como la bandera de una patria soñada,
de una tierra prometida.

miércoles, 1 de abril de 2015

El extravío

Me siento,
y en silencio cargo con el peso de los días
que he vivido,
que me quedan por vivir.
Siento áspera la inercia que va arañando
mi piel y mi esperanza
en este absurdo pan para hoy.
Nada crece verde en la tierra umbría.
Siento la mirada de los dóciles
y de los aguafiestas
clavada insensiblemente en las entrañas,
y sangro apenas,
como si realmente no importara.
Siento que los motivos eran otros,
que los caminos eran otros,
que los silencios tenían que ser otros,
pero fueron estos mismos:
motivos de oro o de barro,
caminos de espina y espanto,
silencios de verbo abarrotado,
precuelas inefables de un abismo
tan propio como impersonal.
Soy hijo del silencio de los cielos,
del caminante no hay camino,
del superyo despertando de sus sueños,
soy de la generación del extravío.
¿Qué hacer cuando el deseo se pudre?


domingo, 5 de enero de 2014

Florencia

Ya escribo mis sueños con tu letra,
alejándome del suelo y con los ojos cerrados,
dejándome ir,
absorbiendo quimeras.
Lleno los muros de la patria mía
con palabras florecidas en tus labios
al albur de este síndrome de Stendhal,
inesperado y subyugante,
paralizante y generador,
que el arte de tu arte ha revelado.
El trazo preciso de tus manos,
la delicada curva de tus senos,
una boca entreabierta y una manzana
son sustento y son maná,
lugares comunes y triviales
que ascienden con las musas al Olimpo.
Yo soy tierra en la tierra,
una voz áspera y carnívora
que no sabe de dioses ni de estetas,
que bendice un deseo mayúsculo y real,
enajenada con tu luz.

Quiero hacerte el amor en Florencia.