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domingo, 22 de junio de 2025

Una rapsodia bohemia

Ahí está,

esperándote,

fiel a la provocación,

siempre intempestiva

y presta al desamparo.

 

Aún rugen los leones

al amanecer,

cuando el mundo

se pone el traje de faena,

y tú no.

 

Rebelarse o morir.

Rebelarse y morir.

Dicotomías de un absurdo

que aturde los sentidos

y te ingiere.

 

Farsantes, saltimbanquis,

trapecistas y cantantes,

cuentacuentos

y poetas,

todos aplauden.

 

Los jueces, impasibles,

siempre miran de reojo

y ocultan su miseria

a golpes de sentencia,

siempre justa,

siempre bella.

 

Te desangras

pero intuyes el remedio

y decides soportar

lo insoportable,

y darte una posibilidad.

 

A la mierda

la música de cámara,

los castillos en el aire,

la dulzura de los dulces

y el arte por el arte.

 

Impórtate tú

porque esta vida

es una rapsodia bohemia

de la que nadie

sale vivo.

 

Respira,

hasta que no puedas más

y se te quiebre la voz

de tanto usarla

y ya no quede ni un tequiero

por decir. 

domingo, 23 de agosto de 2015

León que aúlla a la luna

Ecos de vida lejana resuenan
mientras la lluvia anuncia otro día gris.
Agosto multiplica las ausencias
y me recuerda el precio de existir,
de descubrir que todos los días son domingo.

Esta absurda sala de espera
del qué vendrá después,
inútil y austero,
atenaza una garganta
con mujer atravesada.

¿Qué sucede?
No pasa nada.
Nunca pasa nada
y el aire se esconde.

Las lágrimas calman la sed
cuando los besos queman.

Otra vez la sangre,
que grita como el mar y reverbera
exigiendo un doble o nada
por amor al arte
y la poesía.

Otra vez el viento desperdigando palabras
que germinan en un silencio que se impone,
por y para nosotros,
en la boca del estómago.

Otra vez los leones aúllan a la luna.


miércoles, 24 de diciembre de 2014

Viajeros & amantes

Rugimos un instante,
como leones orgullosos luciendo melena,
tras hacer el amor.

Quítate las vendas de los ojos,
repetía tu mirada felina
arañando un alma de seda.
Y yo a tientas respondía,
tembloroso ante tu ropa interior.

Solo vendo humo, aire gris y turbio,
confesaban mis manos exiguas,
con las palmas vacías y vueltas,
solo un instante de tiempo detenido.

Soñar es fácil con los ojos cerrados,
y entreabiertos,
para despertar en una lágrima
que aún calme la sed.
Como maná.

Los amaneceres siempre son tristes,
siempre son profundos,
un embrión de futuro con música de Kubrick,
un renacimiento.

A menudo los viajeros,
acostumbrados a perder sus trenes,
se sientan sobre su maleta
a dejar que la vida suceda,
como si no importara.

Pero importa.
Y a veces lo descubren
y se encuentran
y se aman.

Se aman,
aunque el tren no sea más que una ilusión
que no se atreve a ser destino,
aunque presientan en cada beso la semilla de un adiós,
porque ambos son viajeros amantes del camino.