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domingo, 23 de agosto de 2015

León que aúlla a la luna

Ecos de vida lejana resuenan
mientras la lluvia anuncia otro día gris.
Agosto multiplica las ausencias
y me recuerda el precio de existir,
de descubrir que todos los días son domingo.

Esta absurda sala de espera
del qué vendrá después,
inútil y austero,
atenaza una garganta
con mujer atravesada.

¿Qué sucede?
No pasa nada.
Nunca pasa nada
y el aire se esconde.

Las lágrimas calman la sed
cuando los besos queman.

Otra vez la sangre,
que grita como el mar y reverbera
exigiendo un doble o nada
por amor al arte
y la poesía.

Otra vez el viento desperdigando palabras
que germinan en un silencio que se impone,
por y para nosotros,
en la boca del estómago.

Otra vez los leones aúllan a la luna.


lunes, 20 de agosto de 2012

El luto de veras

Nadie hay que sople las velas de la tarta en el cementerio,
una cama para la eternidad,
una excusa para el llanto.

Solo los tontos de remate viven empeñados en sobrevivir,
enfrentados al reloj y su destino,
escondidos de la vida y la sangre.

Tu recuerdo me traiciona,
me obliga a sentirme ráfaga caduca,
un estertor de sueño,
apenas un trazo titubeante.

La continuación de la locura multiplica el dolor.
El dolor nutre las palabras a menudo miserables.
Una miseria que emponzoña el alma del que escribe.

Dos mil doce es otro año para el olvido,
otra oportunidad perdida,
otro desvarío nomás.
Otra vida sin ti.

Pronto llegará el otoño y tras él el invierno
con su frío y sus mantas,
cambiaremos números y propósitos,
crearemos nuevos dioses y diablos,
cederemos otra vez a la tentación
de la primavera y languideceremos en verano,
hartos de todo, saciados de nada,
inmersos cada cual en su círculo vicioso.

Yo volveré a ser tú en algún instante,
quizá en agosto,
para soplar una vela inexistente,
un fuego clandestino y particular.

Yo volveré a ser tú para enfrentarme a tu ausencia
y naufragar nuevamente.