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domingo, 8 de junio de 2025

Jugar

Casi me olvido de jugar

orillado por un mundo

que aturde,

casi pierdo una metáfora

y una sinestesia

ahogándome

en un mar de certezas.

El fulgor de antaño

es ascua hoy.

Y sin embargo.

 

Estoy mayor

para soñar a pierna suelta

y redimirme.

Nunca nadie ha ganado

la contienda

contra el tiempo

y su condena.

 

Estoy mayor

para escribir este poema

y tomar en serio

al poeta que hay en mí,

balbuciendo

cuatro versos sin sentido.

 

Y probablemente 

estoy mayor

también para ganarme

los deseos que aún deseo:

tu cuerpo junto al mío

mientras nacen tres palabras;

tierra para crecer;

aire para volar;

lápiz y papel.

 

Y sin embargo,

solo a veces,

el tiempo es infinito

y puede ir al revés

y el juego,

casi ya olvidado,

se reinventa.

Y palabra tras palabra

el poema se escribe

y arde.

 

Y yo vuelvo a ser poeta.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Verdades que duelen

No escribo.
Las palabras me acechan,
sin atreverse a atacar.
Yo rumio en silencio,
pasto sinsustancias
y me dejo acechar.

Todos los instantes se sumergen
en un océano de banalidades
y el eco calla.
Nadie se muerde las uñas.
Nadie tirita.

Los anaqueles enmudecen
mientras el mundo los mira
y los ignora.
El futuro recordará
que un día fue pasado
y no aprendió,
de memoria.

No respiro,
sobrevivo hurtando el aire,
la voz y la esperanza
a un vacío de sentido
que subyuga,
que atenaza.

Los leones rugen al anochecer
e invocan la ley de la selva
mientras huelen sangre fresca
sintiendo la propia arder.

Los leones son leones,
las gacelas son gacelas,
dibujan los poetas
enarbolando galones.

No hablo.
Callo,
pero no otorgo.
No.
Tampoco callo.
Ni otorgo.
Ni león ni gacela.
Ni aire, ni voz,
ni poema.

sábado, 24 de octubre de 2015

Desaliento

Casi siempre te sonrío a pesar del dolor,
no hoy.
El tiempo hace de las suyas y dilata el espacio.
Ya nada se parece a nada,
todo es nuevo e incierto.

Las rutinas boquean entre estertores
mientras aprendemos a no soñar en voz alta,
a derribar los muros de la comprensión
y aceptar la locura como condición necesaria
para una existencia que pueda decir algo
que merezca ser escuchado.

A veces supimos querernos.
A veces no.

El polvo acumulado ahoga cuando sopla el viento
y se anuda terco en la garganta
que calla quedamente mis tequiero clandestinos.

Toda la arena de este desierto sin oasis
se escurre inexorable hacia la nada,
una nada que envilece.

El poema mismo se diluye
a medida que el recuerdo vívido
toma la palabra y se emancipa
reclamando su parte del pastel,
ejerciendo su amarga tiranía.

Esta lágrima también es amor
que se seca en la alfombra,
esperando una esperanza.

martes, 18 de febrero de 2014

Ni me leas ni me salves

No quiero escribir este poema
ni dejarme una piel hecha jirones en cada verso,
inútil e inservible.
No quiero ver cómo enajenas mi mirada,
cómo retuerces o cercenas
las palabras
que nunca fueron mías.
No quiero que leas tus derrotas en los devaneos
significativos
de unas letras que no entran con sangre
porque son sangre,
y bilis y orina.
No quiero ni te quiero,
pero acepto tu yugo.
La metáfora revela un monstruo que acecha,
tras el quicio de la puerta,
al doblar una esquina,
el instante adecuado para acabar con el niño
que dibuja su destino escondido del mundo,
oculto bajo la cama,
imaginándose a salvo.