miércoles, 5 de agosto de 2015

Arco iris

No lamento el verde,
simplemente dijo ve,
y fui.

No lamento los aullidos desbocados de la jauría
que rodea a la presa
pero se resiste a atacar,
temerosa de la victoria.

No lamento las lágrimas.

El amarillo rodeaba las estribaciones de un violeta profundo,
digno pero discordante.

El rojo solo era la sangre,
que abonaba los surcos abiertos de la memoria.

El azul un mar cercano y lejano.

El entendimiento es falaz.
No soy yo, eres tú, quien colorea.

Ni todas las sombras son negras,
ni todos los blancos iluminan las páginas,
unas páginas de barro y alquitrán.

El artista observa el lienzo
y ve el mundo a borbotones,
y lo pinta de blanco
para ti,
para mí.

La vida espera.

miércoles, 29 de julio de 2015

Un exabrupto y el silencio

Joven poeta,
se te llena la boca al hablar de la luna y su hechizo,
persiguiendo enamorados que rozan la perfección.

Él –tú- comprende el universo inefable
que dibuja la sonrisa de su musa,
siempre eterna,
siempre cisne,
siempre amada,
y agradece su inesperada buena suerte
y la bendice con palabras.

Ella lo observa absorta y enélmismada,
suplicante y pasiva,
como una musa inútil ávida de recibir,
como un lienzo sin alma
que desdeñoso da la espalda al mundo.

Vas tejiendo urdimbres a golpe de metáfora,
construyes mundos donde la palabra es firme
y la muerte es un orgasmo
que derrama placeres heréticos,
y late acompasada la esperanza.

Y pintas el amor como camino,
como un navío cortando el mar…
como si existiese un destino,
como si no fuera un naufragio.

Joven poeta,
las palabras llegan con su daga
y apenas lo intuyes.
Ángel terrible.

Ellas horadarán tu ingenuidad dedicándote
epitafios.
Uno por cada ilusión rota.
Una letanía de suicidios.
Un exabrupto y el silencio.

¿Qué decir que ya no sobre?

Escribir es constatar la inercia
que asesina,
que me aparca y envejece,
que aniquila mi -tu- poesía.

miércoles, 22 de julio de 2015

Silencio roto

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¡Escucha este poema!

El interruptor está apagado.
Será lo mejor.
Así el silencio y la soledad podrán ocupar su lugar,
desnudarse,
cogerse de la mano,
dejarse significar.

Hace calor y las palabras buscan sombras
donde guarecerse y no morir de sed
o de pena.

Dejo que el hambre me alimente
y apenas sueño
por no maldecir los espejos
que se revelan exangües.

Amar es respirar a sabiendas de la muerte,
oxidarse con gusto buscando un adjetivo
inexistente,
perderse sin brújula en pos de un sustantivo
improbable.

Quizá nunca llegamos a existir
más allá de las palabras que levemente balbucimos,
y nos enfrentamos a un abismo
armados solo de un atávico miedo a las alturas
que recomienda cerrar los ojos
y dejarse ir.

Quizá estamos condenados a ser sueño,
fruto de una imaginación compartida y proscrita
donde en las noches más grises,
protegidos por la niebla,
se dan cita dragones de cuento de hadas,
leones cobardes que vuelan,
princesas de melenas imposibles,
versos que desnudan y penetran.
Quizá nunca seamos más que un beso,
furtivo y etéreo.

Amar es esperar la muerte
y no morir en el intento.

lunes, 22 de junio de 2015

Galileo Galilei


Saber y no saber.
Observar con los ojos cerrados
y en silencio.
Quizá el diablo tenga algo que ver,
quizá sea un espejismo
y, por ende, dios…
El sentido es nuevo, es otro
y enajena.
El mundo prefiere girar despacio,
o no girar en absoluto,
y sin embargo
siempre termina moviéndose.

domingo, 24 de mayo de 2015

Desaprender


Con el tiempo aprendimos
a obviar el tiempo
y su cáscara,
a confundir el orgullo y la inquina,
a responder con silencio
a los insensibles apremios
de una historia miserable
que ríe finalmente a carcajadas,
a horcajadas sobre el propio lomo.

Con el tiempo aprendemos
a olvidar crímenes imperdonables
y alegrías tan infinitas como efímeras,
a caminar sin más
y a caminar sin menos,
aprendemos a ser y no ser
en vacíos insondables,
en solitarios agujeros.

Y aprenderemos con el tiempo
el valor de este instante irrepetible
malvendido a una memoria
que se sabe impotente
y pinta cuadros de colores
a menudo tristes como la ciudad
que multiplica sus ásperas esquinas
y sangra ríos de lodo gris,
o se viste de imaginación
y optimiza la barbarie.

Para seguir adelante
ya no sirve caminar de lado
y esquivar los espejos.
Ya no sirve el espejismo del progreso.
Ya solo podemos
aprender a desaprender.

domingo, 10 de mayo de 2015

Entendederas


Casi nunca supimos entendernos.

Mis metáforas de aire eran solo aire
y se estrellaban con la nada
en disolución suicida,
sin apenas rozarte,
y tus palabras eran presentimientos
de un terror nocturno y perenne
que prometía asaltarme
en cada sueño;

ansiaba tu carne desnuda
y mojada,
ansiaba tu ansia derramada
sobre mi lengua terca y oscura,
como si fueras poesía,
como si fuera poeta;

mis manos abiertas,
vueltas las palmas hacia arriba,
limpias y serenas,
ásperas,
no llegaban a tocarte,
por no herirte;

construía diques para nada,
parapetos para todo,
puentes para salvar una distancia
que nunca recorro
entre la tristeza que me horada
y la tinta que malgasto;

no. No supimos entendernos
y albergamos,
en silencio y con alevosía,
un océano de dudas permanentes
y elocuentes tempestades
que siempre amainaban a destiempo.

No supimos entendernos.
Nos desentendimos.

jueves, 23 de abril de 2015

Tu propio silencio

Construyes altos muros para ocultar tu vergüenza,
para que no vean tus lágrimas rodar,
para sentirte diferente y único en un absurdo hogar
sin salida.
Pasas tus días observando tu ombligo,
esperando una esperanza que quiera brotar,
ebrio de recuerdos que han sido y no han sido,
como un ángel custodio.
Tus ojos se acostumbran a la oscuridad
y nunca duermen,
siempre vigilan,
siempre sospechan.

¿Es que no has aprendido nada?
El mundo es una esfera.

Todos los muros terminaron sucumbiendo:
lo dicen Babel y Boabdil,
lo dicen Roma, Persia y Madrid,
Gorbachov, Jesucristo, Mahoma,
Stephen Hawking y Dalí.

Los alambres de espino se oxidan y mueren,
los himnos se olvidan,
se olvidan los nombres de los héroes anónimos
y se cifran nuevos mitos
que reverberan un instante y se esfuman,
a golpe de hombre y de hambre.

Tú también morirás, encerrado en tu trinchera,
con el uniforme raído por la pena,
y umbrío casi bruno.
Apenas quedará tras de ti tu propio silencio,
en bocas ajenas.


lunes, 6 de abril de 2015

Verdades ajenas

Había besado todas las bocas…
pero no sabía besar.
Coleccionaba recuerdos pecados
que ya ni siquiera atormentaban,
que eran nomás un vestigio
de guerras perdidas antaño.
Ahora se puede decir:
no es más hombre el que más mata,
son los héroes los que mueren
con sabor a quimera en los labios
y a sangre desvalida.
(Atreverse a saber
o
atreverse a morir.)
Ahora,
en este instante inmarcesible
y lúcido,
es tiempo de decir y reivindicar
el desamparo que engendra la soledad,
de venderse a un satán mínimo,
de crearse y creerse una verdad.

Solo le dijeron que no sabía besar.
Y les creyó.


miércoles, 1 de abril de 2015

El extravío

Me siento,
y en silencio cargo con el peso de los días
que he vivido,
que me quedan por vivir.
Siento áspera la inercia que va arañando
mi piel y mi esperanza
en este absurdo pan para hoy.
Nada crece verde en la tierra umbría.
Siento la mirada de los dóciles
y de los aguafiestas
clavada insensiblemente en las entrañas,
y sangro apenas,
como si realmente no importara.
Siento que los motivos eran otros,
que los caminos eran otros,
que los silencios tenían que ser otros,
pero fueron estos mismos:
motivos de oro o de barro,
caminos de espina y espanto,
silencios de verbo abarrotado,
precuelas inefables de un abismo
tan propio como impersonal.
Soy hijo del silencio de los cielos,
del caminante no hay camino,
del superyo despertando de sus sueños,
soy de la generación del extravío.
¿Qué hacer cuando el deseo se pudre?