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viernes, 2 de septiembre de 2016

Muñecos de trapo

Escúchame pulsando aquí.

Los escombros se acumulan,
se dispersan,
sin concierto,
y pululan,
extranjeros de su  propia desmemoria.

Amenaza lluvia,
o quizá sequía.
Importa ya poco,
o importa nada.

Afuera, la vida:
los estertores de un verano
que se sabe moribundo
pero se aferra,
incandescente,
a tu entraña,
suplicando otro instante de ingravidez.
Y se agosta.

La hojarasca cruje al paso
como campanas repicando a muerte,
y el mar susurra letanías
que regala a una playa sin gritos infantiles,
yerta.

Cuando se cierren las puertas
y llegue el otoño
estaremos en casa,
pero ya nunca seremos los que fuimos,
aquellos muñecos de trapo.



miércoles, 10 de febrero de 2016

Pronto

La última letanía se apaga.
Los murmullos de las comadres van cesando
y te quedas solo,
absorto en un dolor que ya no duele,
desvencijado y adusto.

Ni aprendimos a lamentar el pasado
ni la esperanza en un futuro brillante brilla,
y un presente sin sal se impone,
un mar sin mareas.

Pronto escribirás tu último verso,
de nuevo redundante,
y una pátina de silencio
cubrirá eternamente la existencia,
efímera e intrascendente,
de una palabra que nunca fue tuya,
que siempre sobró.

Pronto,
más pronto que tarde.

miércoles, 29 de julio de 2015

Un exabrupto y el silencio

Joven poeta,
se te llena la boca al hablar de la luna y su hechizo,
persiguiendo enamorados que rozan la perfección.

Él –tú- comprende el universo inefable
que dibuja la sonrisa de su musa,
siempre eterna,
siempre cisne,
siempre amada,
y agradece su inesperada buena suerte
y la bendice con palabras.

Ella lo observa absorta y enélmismada,
suplicante y pasiva,
como una musa inútil ávida de recibir,
como un lienzo sin alma
que desdeñoso da la espalda al mundo.

Vas tejiendo urdimbres a golpe de metáfora,
construyes mundos donde la palabra es firme
y la muerte es un orgasmo
que derrama placeres heréticos,
y late acompasada la esperanza.

Y pintas el amor como camino,
como un navío cortando el mar…
como si existiese un destino,
como si no fuera un naufragio.

Joven poeta,
las palabras llegan con su daga
y apenas lo intuyes.
Ángel terrible.

Ellas horadarán tu ingenuidad dedicándote
epitafios.
Uno por cada ilusión rota.
Una letanía de suicidios.
Un exabrupto y el silencio.

¿Qué decir que ya no sobre?

Escribir es constatar la inercia
que asesina,
que me aparca y envejece,
que aniquila mi -tu- poesía.