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miércoles, 25 de abril de 2018

¿Qué pasa si descubres un espejo?

No eres propiamente tú
quien te observa al otro lado
(¿de dónde? ¿de qué?)
y piensa entenderte/se.
Observas y te observan
sin necesidad de ocultamiento,
desnudo ante ti,
sin excusas.
Ahora ya sabes quién eres.
(¿Sabes ya ahora quién eres?)
Buscas palabras 
que engendran un silencio
frío y equidistante,
cordial e ingenuo.
Te hinchas o te encoges,
tanto da.
No hay juicio que te sostenga.
No hay asideros.
Tú y tu vergüenza
(la extrema soledad)
compartiendo nada.
Miras más allá
y te estrellas.

jueves, 12 de abril de 2018

Muertos de risa

[Supongo que la existencia es algo tan relativo como el tiempo. Palabras que significan demasiado para significar y que, sin embargo, se erigen en clave del todo. Y tras la pátina de trascendencia una risotada gutural, salvaje, insolente. Así lo siento yo las más de las veces.]

¿Quién sabe permanecer
en un recuerdo maltratado
por la esperanza
y por el silencio?

Apenas subimos al estrado
perdemos la voz y la inocencia
y confesamos:
mentimos una vez,
con premeditación y alevosía,
enfrentados al espejo,
y volveremos a mentir;
robamos,
con nocturnidad,
las veces mejores palabras,
las peores, sentimientos;
nos atrevimos a soñar,
incandescentes,
iridiscentes,
sin miedo;
pecamos,
y volveremos a pecar.

No cantamos por no callar,
escuchamos cantar.
No vinimos a negarnos.

La ciencia cierta nos asiste
y nos asimos a una luz
que se derrama
y nos pervierte.
(Aún) No sabemos (todavía)
quiénes somos.

Mientras tanto
imagino a los dioses
muertos de risa.

lunes, 19 de marzo de 2018

Te sigo

No tengo palabras
que describan el silencio inabarcable
que tu nombre invoca.

La luz ciega
y permanecemos inmóviles,
aterrados.
No pudimos preverlo
ni supimos soñarlo.

Acepto la sumisión
terca y fútil
al espíritu de la rebeldía,
al verso impune,
al tiempo suicida.

Al fin y al cabo,
no nacimos ayer.

Suenan tambores de guerra,
para quien los sepa escuchar,
suenan adagios de paz.

El absurdo se entrevera
inconsistente
y cada paso se hace tibio
y reverbera.
Urge el instante.

Maldigo al espejo,
traidor y miserable,
que revela sin piedad,
que destruye sin ambages,
ahora
que ni los sueños
sueños son.

Perdemos primero la razón
y olvidamos nuestras metas,
luego perdemos la conciencia
y buscamos la razón.
Ironías de un destino
que nunca jamás existió.

Parco en odios,
en amores y en amigos,
extemporáneo,
adicto al olvido,
camino de la nada,
te sigo.

martes, 21 de febrero de 2017

El hombre ausente

El hombre que nunca estuvo ahí
yace, como un niño, acurrucado,
ensayando sonrisas de cristal
ante un mundo tenue y desaliñado,
quimérico en sus dudas,
obsceno en sus silencios de barro.

El hombre ausente se atreve
a predicar
y predica.
Todos los oídos callan y otorgan.
El hombre ausente crece
y se eterniza.

El hombre que atesora silencios
que retoñan
en el más allá más inesperado,
florecen
y dan fruto
solo sabe cantar
mal acordado.

El hombre que quiso ser hombre
y no supo cómo
más acá de ser humano
se mira en un espejo
y ve palabras huecas
que se contradicen.
No entiende nada.

El hombre ya no mira sus manos
buscando una caricia incipiente.
El hombre ha fracasado.

lunes, 13 de junio de 2016

Sin palabras

[Los versos en cursiva pertenecen al poema "La inmortalidad", de Luis García Montero, uno de los poemas que posiblemente haya marcado más mi manera de entender la comunicación poética. Vaya a modo de agradecimiento. Estoy seguro de que no le molestara que use sus palabras, tan de todos.]



Me acostaba cada noche
buscando una palabra
brutal y clandestina
que se clavara en tu pecho.

Una palabra que fuese tan poesía
que apenas rozarla enamorase.
Una lágrima que rebose tristeza.
Un embrión de todo.

Buscaban salida los miedos
disfrazados de golondrina,
de espejo que siempre mira más allá,
de oscuros presagios
y estertores.
Y no existía.

Leímos juntos que “la luz es siempre fugitiva
sobre la oscuridad,
un resplandor en medio del vacío.”
Y tuvimos miedo de doblar la esquina
y sabernos solos.
O peor aún, de doblar la esquina
y sabernos rodeados.

Las voces lejanas se retuercen
y se hacen voz propia,
más ajada,
menos elegante.
Ya áspera y sentimental.

Desperté esta mañana,
mudo y solo,
para descubrir que “la noche fue,
como el vacío,
un resplandor oscuro en medio de la luz”,
que todas las metáforas se apagan
si cierras los ojos,
si aprietas los labios.

Que es absurdo vivir buscando palabras.


martes, 31 de mayo de 2016

Héroes de vidrio

Este texto es una petición expresa de una alumna tras celebrar un Libro/Amigo-invisible. Siempre les insisto en la necesidad de que personalicen sus regalos, y una dedicatoria sentida es una gran opción. Ella me pidió una dedicatoria para su libro favorito, La princesa prometida, de William Goldman. No pude negarme (ni quise). Comparto el resultado con vosotros.

Imagina conmigo un mundo
nuevo y brillante
como un cuento de hadas.
Sueña.
Esta vez los héroes luchan sin espada,
tienen hambre
y frío.
También tienen miedo, y vergüenza.
Se llaman Carmen, Cloe, Naima
o Patrick.
Mis héroes se arman de valor
y de sonrisas
para enfrentarse a todos sus demonios
cada día,
que amanece como una promesa
de eternidad,
que crece mientras creces.
Se baten en duelo
siempre ante un espejo
y aprenden a ganar,
y aprenden a perder.
Mis héroes no son héroes de hierro,
son héroes de vidrio,
de sueños manuscritos en el cielo,
dueños de su propio camino.



domingo, 24 de mayo de 2015

Desaprender


Con el tiempo aprendimos
a obviar el tiempo
y su cáscara,
a confundir el orgullo y la inquina,
a responder con silencio
a los insensibles apremios
de una historia miserable
que ríe finalmente a carcajadas,
a horcajadas sobre el propio lomo.

Con el tiempo aprendemos
a olvidar crímenes imperdonables
y alegrías tan infinitas como efímeras,
a caminar sin más
y a caminar sin menos,
aprendemos a ser y no ser
en vacíos insondables,
en solitarios agujeros.

Y aprenderemos con el tiempo
el valor de este instante irrepetible
malvendido a una memoria
que se sabe impotente
y pinta cuadros de colores
a menudo tristes como la ciudad
que multiplica sus ásperas esquinas
y sangra ríos de lodo gris,
o se viste de imaginación
y optimiza la barbarie.

Para seguir adelante
ya no sirve caminar de lado
y esquivar los espejos.
Ya no sirve el espejismo del progreso.
Ya solo podemos
aprender a desaprender.

viernes, 24 de octubre de 2014

De colores

Tuve un sueño.
Un ser desnudo despierta y observa anonadado el mundo circundante. Todo es pasión y éxtasis: la agradable rugosidad de la corteza del tronco del árbol; el olor tenue de la mierda reciente; el sabor dulce y el sabor amargo de un camino apenas iniciado; el río que le absorbe y le hace agua. Todo es nuevo. Todo tiene un porqué y basta con buscarlo para colmar un ansia de conocimiento, de asideros que regalen un destino al desatino.
Los nombres van surgiendo y acumulándose, amancebándose, y pariendo nombres nuevos, adjetivos brillantes y circunstancias únicas. El fulgor se instala y desborda de expectativas a un joven ruiseñor, dispuesto al cante con las plumas lustrosas. Cada instante merece ser vivido, ser analizado y ser clasificado. El ser descubre el orden y se alimenta ávido de digerir. Surge el verbo. Para permanecer.
Sin sospecharlo siquiera el ser son seres. El pequeño nicolás, aterrado, grita mientras observa a sus amigos: “¡Todo se complica!” El orden soñado se convierte en una máquina de pinball con cientos de esferas bailando, en un movimiento enajenado, en un azar insobornable. Los espejos se multiplican y cuestionan la verdad desde su silencio, un silencio estridente y poliédrico.
Entonces todo se detiene. Los espejos pierden interés cuando la ilusión aparece, etérea, sublime, improbable. Todo orden imaginado se resuelve en un caos con sentido y sin sentido. Las palabras se adelgazan, se ocultan tras la boca, se diluyen en saliva redentora, se soslayan. El tiempo se dilata y acumula lugares propicios al amor, versos repletos de metáforas manidas, tan ciertas como efímeras, fragantes e inmarcesibles, y se venga inventando el olvido.
El olvido es la nada, el vacío, tierra baldía. Es saberse ser vencido. Es mirar cómo sucede la muerte, como se va acercando y le va cercando, indómita, tan callando que hila un poema murmullo que, como un río de aguas tranquilas, ruge cuando presiente la cascada, la caída final e inevitable.

Perseguí un sueño.

Los amaneceres conspiraban,
bendecían mi otrora mal pie siniestro,
y obsequiaban embriones de júbilo.
Tejía urdimbres de tiempo
que invocaban una tregua,
suspiraba minutos
con sabor a vida entera.
Como Penélope sin Ulises.

Los veranos languidecen,
los amaneceres atardecen
y en el puerto nadie da noticia,
solo el batir de las olas
que desgasta los deseos
trae cantos de sirenas ajadas
que me recuerdan que existes,
dondequiera y comoquiera.

Tuve un sueño. Perseguí un sueño.
La vida debe parecerse a eso,
una caída libre en un espacio vacío,
de colores.


viernes, 11 de julio de 2014

Lo efímero, a mi manera

Nina Simone inunda la estancia,
a su manera,
como siempre,
como siempre yo me dejo mecer,
a mi manera que es un poco su manera,
y voy reviviendo.

Ser poeta y ser profeta son actitudes semejantes,
equidistantes:
el uno engañando al olvido con palabras,
consciente de su derrota;
el otro vendiendo al presente la hecatombe,
seguro de su victoria.

La trascendencia es un espejismo,
el espejo la propia mirada,
la inquina del que habla,
un brindis al sol del destino.

Un destino que no existe,
solo un leve rumor de pasos
que se acercan,
que se alejan.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Palabras corrientes

Estoy mirando al tiempo diluirse,
dejándome mecer en un vaivén estático,
perenne,
ajeno y ajado desde un rincón del mundo.
Los colores de las banderas destiñen
con sangre todos los folios en blanco
y los supervivientes se enfrentan a un cielo
invariablemente silencioso
y al raso.
¿Quién es la mujer de sonrisa tenue
que me invita a libarla
desde el otro lado del espejo?
¿Quién este extraño que la observa?

Las palabras no hieren.
Las gargantas hieren,
asesinan, mutilan, aniquilan,
cuando se inflaman y proclaman
verdades elocuentes e intransigentes.
Las palabras, corrientes, se dejan hacer,
prostibularias,

el amor en cualquier cama.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Leitmotiv


que existo, luego existo,
que soy quién de nombrar.
Me construyo en la locura
creando una posibilidad
hiperónima de cordura
que no me aboque a un bar
trémulo y desesperado
a naufragar nuevamente,
a vender la vida al diablo
tras el anhelo de ser gente.
Confieso un delirio incontestable,
una apatía irónica hija de un absoluto descreimiento,
una alucinación perenne y duermevela,
y mi alergia a la culpa y al pecado.
Impregno impenitente
tus oídos con mis versos,
terco, cercenado,
enfrentado a un espejo
que me juzga condenado
y me exige ser valiente
y apostarme,
contra viento y marea,
la vida al amor que haces,
el arte a tu elegante sordera.