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miércoles, 6 de enero de 2021

El hilo

Todos los miedos se conjugan

cuando por fin comprendes

que vivir es morir,

que el porvenir no existe.

 

Entonces respiras,

aunque el aire que redime

abrase tus entrañas,

y aceptas el coste sobrehumano

que tiene soñar.

Y sueñas.

 

Después de todo,

solo existe este instante,

y es eterno

y absurdo,

como los recuerdos

que atesoras.

 

Una infancia lejana,

cristalizada,

llena de lugares comunes

y terrores contextualizados.

La verdadera patria.

La adolescencia

y las primeras ausencias.

El desamor.

La misma vieja historia,

repetida.

Los consabidos fracasos

y las pírricas victorias

que dibujan el halo

de cualquier vida

de esta noria.

Nada del otro mundo.

Pero tu mundo.

Tu movida,

tu historia.

Todo pendiendo de un hilo.

 

Y sonríes,

porque la promesa de una muerte cierta

solo confirma la vida

y el amor que aún respiras.

viernes, 7 de abril de 2017

Rojo sobre blanco




Negro sobre blanco es historia,
la mentira que ensombrece el alma
de un don nadie
que se atreve a respirar
inconsciente
y desarmado.

Los vendedores de astucia
permanecen ensimismados
y olvidan recordar el precio
-prohibitivo-
de una felicidad verdadera,
que no huela a coche nuevo
ni a incienso barato.

El amor se desparrama,
se cuela por los intersticios
de los sueños más amargos
y hace retoñar una esperanza
intempestiva, irracional,
omnívora.

La luz se rebela y huye,
una vez más,
y sólo nos queda buscar candiles
para no naufragar
en este viaje estéril.

Yo no sé seguir estrellas
ni baldosas amarillas,
pero canto cada día,
y desafino.

Rojo sobre blanco es metáfora
incandescente
y reverberante
de un fracaso que se atreve,
que es,
y que brilla.

domingo, 24 de mayo de 2015

Desaprender


Con el tiempo aprendimos
a obviar el tiempo
y su cáscara,
a confundir el orgullo y la inquina,
a responder con silencio
a los insensibles apremios
de una historia miserable
que ríe finalmente a carcajadas,
a horcajadas sobre el propio lomo.

Con el tiempo aprendemos
a olvidar crímenes imperdonables
y alegrías tan infinitas como efímeras,
a caminar sin más
y a caminar sin menos,
aprendemos a ser y no ser
en vacíos insondables,
en solitarios agujeros.

Y aprenderemos con el tiempo
el valor de este instante irrepetible
malvendido a una memoria
que se sabe impotente
y pinta cuadros de colores
a menudo tristes como la ciudad
que multiplica sus ásperas esquinas
y sangra ríos de lodo gris,
o se viste de imaginación
y optimiza la barbarie.

Para seguir adelante
ya no sirve caminar de lado
y esquivar los espejos.
Ya no sirve el espejismo del progreso.
Ya solo podemos
aprender a desaprender.

martes, 16 de abril de 2013

La muerte y su pluma


Pincha aquí para escuchar el poema

Retorno siempre impenitente de nuevo al carácter,
ese configurador de destino,
a aferrarme renovado a otro clavo ardiente,
presto al descalabro y al vacío.
Multiplico las ausencias e imagino pasados verosímiles,
pero tan ficticios como el día de hoy.
Después de todo, me digo, nuestro tiempo es solo historia.
Y a pesar de todo nuestro tiempo es solo nuestro.

Aún me siento a menudo, y escribo tranquilo
esperando a la muerte y su pluma,
ofreciendo redentora
todas las palabras dichas concentradas en un solo punto,
final e inabarcable
.

sábado, 30 de junio de 2012

El final de los tiempos

Pincha aquí para escuchar el poema

Invariablemente los profetas clamaban la hecatombe.
Todos los signos eran signos de duelo o de muerte.

Primero, los parias se rebelaron y mordieron las manos
de aquéllos, que nombraban, hacían y deshacían a voluntad,
con la fuerza del hierro y la soberbia del oro.

Todas las bestias redujeron a cenizas el pasto preciado
y volvieron la vista, y en estampida sofocaron al paria
y su sueño desvencijado.

Los poetas guardaron silencio,
consumando la noble tradición de la alta traición.

Los sustantivos se creyeron a salvo parapetados
en la perpetua semántica del diccionario.

El error es siempre craso.
El verdadero error siempre es fatal.

Nadie fue el primero en tirar la piedra,
mas la piedra fue y volvió,
cercenando miembros y salpicando sangre,
como un bumerán de odio.

Nuestra estirpe es necia,
somos hijos de los hombres que no sabían ser viento,
que consagraban sus vidas al tiempo.

Los restantes decidieron abolir los gobiernos,
y quemaron las banderas y los cementerios.
Comprendieron el juego de ser adjetivos,
de ser a duras penas aliento que mueve una brizna.

Los restantes engendraron otros tiempos,
y estos lo harán de nuevo, aunque sobre la palabra
y sea pieza de museo.

domingo, 20 de mayo de 2012

Los héroes no se miran al espejo

Pincha aquí para escuchar el poema

Visten los héroes su orgullo y su coraza,
aprestan la impostura de saberse invencibles
al ceñir la espada y la inmarcesible razón.
Y elevan a sacro un grito de espanto.

Bendicen con su luz las sombras trascendentes
inundándolo todo de certeza,
nombrando al articular palabra,
negando la duda y su belleza.

Su justicia se revela a doble o nada,
una apuesta segura por la muerte,
un mazo y un yunque,
la ley hecha sangre.

Ungidos por la Historia se divierten,
inmóviles desde sus pedestales,
ojeando nuestros pasos y sus cuitas,
monumentos a la vanidad del tiempo.