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sábado, 2 de junio de 2018

Sin techo

La tristeza te cerca,
instalada en los silencios elocuentes
que solo se quiebran
para invocar un tiempo ya ausente,
y las lágrimas acalladas
retuercen el tuétano,
anulan la risa,
ahuecan el alma.

Te desdices una vez más,
impelida por la pena
y sucumbes,
en tu nicho,
a tu destino.

Apenas existo entonces.
Permanezco extraviado en tu desamparo
y braceo en la oscuridad,
tanteando una existencia etérea,
buscando un modo y manera,
aterrado
y sin saber,
aterrado
y sin poder.

Te incomodas si pregunto.
Me incomodo si respondes.

Pero en el fragor del absurdo
hacemos el amor
y huele a primavera,
el ruido de fondo se diluye
mecido por el mar,
templado por el sol,
e irónico se entrega
al orgasmo.
Crea un nuevo mundo.

Descubramos juntos la existencia
a ciegas, a tientas, a sabiendas
del dolor que sin duda nos espera,
tú con tus sueños y tus dudas,
yo con mis miedos y mi pluma,
los dos desnudos,
sin armas,
sin techo.

sábado, 22 de octubre de 2016

Del deseo

Busco la memoria de tu cuerpo,
apenas vislumbrado en las orillas
de una consciencia traidora,
empeñada en desdibujar los contornos
de un deseo mayúsculo
y minúsculo.
Juego a inventarte desnuda,
a mordisquear los anhelos
que esperan por tu ropa,
en el suelo,
a los pies de mi cama
y mis pecados.
Viajo impenitente ávido de saber,
buscando un cuerpo que no envenene,
que recoja y siembre
versos y besos
que sepan perdonar mi osadía.
(¿Qué nos vamos a contar acerca del deseo?)

domingo, 17 de julio de 2016

Janis y yo

Suena Janis Joplin.
Yo desaparezco en su languidez
y la soledad vacía de esperanza
se impone.

Janis está muerta.
Como yo.
Sólo nuestros ecos resuenan.
Maybe.

No vinimos para vencer,
ni para el lamento lastimero.
Sencillamente estábamos,
estuvimos, estaremos
a medio camino
entre la nada
y la nada,
convencidos de importar,
de no importar.

Me resisto a incardinarme,
aprender es respirar
cuando descubrimos que saber
es absurdo,
falaz.
No sabemos nada,
la poesía se extingue.

Vendrán guerras
que no serán las nuestras,
y amores que se desgarran,
que se reconcilian con la vida,
y no serán los nuestros,
vendrán tiempos mejores
y vendrán tiempos peores,
inconsistentes,
irrelevantes,
Janis
y yo
estamos ya muertos.

lunes, 6 de abril de 2015

Verdades ajenas

Había besado todas las bocas…
pero no sabía besar.
Coleccionaba recuerdos pecados
que ya ni siquiera atormentaban,
que eran nomás un vestigio
de guerras perdidas antaño.
Ahora se puede decir:
no es más hombre el que más mata,
son los héroes los que mueren
con sabor a quimera en los labios
y a sangre desvalida.
(Atreverse a saber
o
atreverse a morir.)
Ahora,
en este instante inmarcesible
y lúcido,
es tiempo de decir y reivindicar
el desamparo que engendra la soledad,
de venderse a un satán mínimo,
de crearse y creerse una verdad.

Solo le dijeron que no sabía besar.
Y les creyó.