lunes, 18 de septiembre de 2017

Virtuosos virtuales

Requiem, dicen,
por un tiempo que se esfumó,
que es ya humo
e impulsos eléctricos.

Todo vuela a la velocidad
del rayo vengador de un Zeus
que yace inerte
al alcance de la mano
punto com.

Perdimos el norte y la brújula
persiguiendo una verdad
que jamás existió,
y naufragamos de tanto navegar.

Mírame,
existo,
soy yo.

Pronto has de caer en mi red,
pero la presa soy yo.

Estamos aquí y estamos allí,
pero siempre perdidos,
siempre solos
deslumbrados por una luz
que vela un mundo
que no es.

Sin embargo bailamos
y corremos
inconscientes del filo del abismo,
virtuosos virtuales del salto al vacío,
a salvo,
o muertos.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Autodeterminación



Las calles reverberan
y un ruido de bocas que susurran,
de miradas que sospechan,
se apropia del silencio.
Las estatuas, inermes
en sus pedestales,
tiemblan de miedo.
El aire huele a sangre.
Las banderas ondean
al son de los alientos
que cantan alegres
canciones de guerra.
Los poetas huyen,
espantados.

El enemigo es el otro.
El otro es culpable.
El otro no soy yo.

Observo el gentío,
escucho sus gritos.

Quizá sí haya que tomar partido
y autodeterminarse
contra viento y marea
a vivir en un tercero,
a soñar con ser distinto
y decirle al mundo entero
que carácter es destino.

No tengo más patria
que el suelo que piso.
Yo me quedo en mi casa.
Yo me quedo contigo.

lunes, 28 de agosto de 2017

Canción del amante (y del amor)

A tiempo intuimos la verdad,
nunca es tarde para hacer el amor
y susurrar un tequiero clandestino
que ahogue los gritos de placer
que en ese mismo instante
inundan el mundo.
Nunca es pronto para hacer el amor
si sabe a amor y huele a amor,
a sudor y a yerbabuena.

Nuestras lágrimas quieren ser sal
que cure las heridas,
quieren ser mar,
torrente,
océano,
y volver a brotar,
volver a sangrar.

Si te amo soy amor.

Los colores se travisten,
rebelándose contra los sentidos,
y dibujan otro atardecer imposible.

Si te amo soy amor.

Es cierto,
nunca llueve eternamente,
y me niego a vivir para siempre
suenan a nosotros dos.

La luna nos ampara
y el sol nos alumbra,
¿soñaste algo mejor?

lunes, 21 de agosto de 2017

Margaritas de poetas

Cuando nadie me ve
deshojo margaritas
que nunca dicen no,
invento criaturas
que se travisten
de miedo y afloran,
me desnudo
y me observo.

Todas las canciones infantiles languidecen,
acechando con timidez tras una lágrima
que se antoja intempestiva,
y fugaz.
A tiempo comprendimos
que el futuro es un embrión de pasado,
un hijo bastardo
de nuestros sueños y nuestras pesadillas.

A veces repienso palabras
que dicen más de lo mentado
y dibujo instantáneas de un deseo
que nunca se da por realizado.

A veces sueño que soy
un caballero de la Edad Media,
un oficial y caballero seductor,
un donjuán de corta y pega,
otro insigne perdedor
disfrazado de poeta.

Cuando nadie me ve,
cuando tú me ves.

jueves, 17 de agosto de 2017

Mirar hacia atrás


Todas las trompetas claman venganza,
y el clamor se hace sangre
que palpita y enardece,
que subleva y limpia
una voz destilada en desamparo.

No cambio de tema.
Sigo ajeno a un mundo que me ignora.
No queda tiempo para otro borrón
y la cuenta desborda impagos.
¿Quién lo iba a decir?

Mis nietos miran,
ingenuos,
condescendientes,
y no ven más que futuro,
y yo callo,
y casi otorgo.

A estas alturas el silencio se impone.
El tiempo se impone
y no queda otro remedio
que mirar hacia atrás.

Y todos los plazos se cumplen,
y todas las deudas se pagan.

Mis nietos hablan,
seguros,
hastiados,
y no veo más que pasado,
y yo callo,
y casi otorgo.

martes, 8 de agosto de 2017

Si yo te contara...

Si yo te contara
que la noche no es eterna
y los amaneceres valen la pena,
que no cierres los ojos
aunque el sol deslumbre,
aunque la vida duela,
¿me creerías?

¿Sabes? Yo también nací
dispuesto a ser quien era,
a mojarme en el otoño,
a languidecer en invierno
y renacer en primavera,
flor de un agosto marcesible
que se quiebra.

Renegué de las certezas
que revelan los caminos
que niegan su condena,
todos fuimos fugitivos
perseguidos por su sombra
en las albas de verbena.

Malvendí mis delirios
en oscuros tratos de portal,
aposté la bolsa y la vida
y perdí la dignidad,
la razón y la alegría.
Siempre el mismo cuento
que quiso ser poesía.

Si supiera decirte
que no existen secretos,
ni palabras mágicas,
ni filtros de amor,
que nada es perfecto,
que la lluvia moja
y que quema el sol,

entonces podrías matarme,
quemar mi cadáver
y cantar mi canción.