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miércoles, 27 de marzo de 2024

El arte

A veces el invierno

se impone

y el silencio

de los pájaros ausentes.


El verso se enroca

en estas calles

que no saben callar

su miseria.


Voces, mientras tanto,

insulsas pregonan

el impetuoso sabor

de las fresas a destiempo.


Los alaridos de Munch.

El vacuo lujo de Lempicka.

La cordura de Dalí.

El jardín de las delicias.


Ciertas oscuras golondrinas,

el deseo enfermo de realidad

y el enésimo recoveco

de este laberinto sin salida

que solemos llamar hogar.


Vendemos humo

viendo el mundo arder

con una cerilla en la mano.


El suicidio

o

el arte.


martes, 27 de abril de 2021

Mi heroína

No compraba tiempo

cuando giraba sin rumbo

ajena a la música

en cualquier discoteca.

No perseguía el amor

cuando sonreía obscena,

abría las piernas

y no llevaba bragas.

No vendía el humo

que impregnaba

de vacío y silencio

sus noches más brunas.

Simplemente vivía.

Sin rencores

ni permiso.

Izaba a veces

un pabellón pirata

y por robar te robaba 

hasta el último aliento.

No tenía más ley

que el respeto que ofrecía,

ni dios, ni dueño, ni patria

que limitara sus sueños de paria.

No quería brillar

y ser la reina del baile,

pero sí quería bailar

por amor al arte.

Simplemente vivía.

Sin miedo

ni futuro.

domingo, 21 de febrero de 2016

Verdugos

No me vendes los ojos,
no me hurtes la mirada.
Esta vez quiero ser cómplice
y ver cómo me matas.
Yo también sé ser verdugo.

Para qué llorar,
si no somos más que arte
que niega lo que grita,
profetas silenciosos
de un mañana que cercena,
versos condenados al delirio.

Ambos sabemos que los dioses
han de callar.
Sonreirán desde su olimpo imposible.
Impasibles.

Nuestro es el decoro
y la dicha de la muerte.
El amor y su luna.
El último aliento,
que tejemos inconscientes
de que realmente nos envidian.

Nuestro es este instante que agoniza
ufano
y se repite
inclemente.

Las lágrimas que vertemos,
el amor y el dolor de cada día,
de cada pedacito de día.

domingo, 5 de enero de 2014

Florencia

Ya escribo mis sueños con tu letra,
alejándome del suelo y con los ojos cerrados,
dejándome ir,
absorbiendo quimeras.
Lleno los muros de la patria mía
con palabras florecidas en tus labios
al albur de este síndrome de Stendhal,
inesperado y subyugante,
paralizante y generador,
que el arte de tu arte ha revelado.
El trazo preciso de tus manos,
la delicada curva de tus senos,
una boca entreabierta y una manzana
son sustento y son maná,
lugares comunes y triviales
que ascienden con las musas al Olimpo.
Yo soy tierra en la tierra,
una voz áspera y carnívora
que no sabe de dioses ni de estetas,
que bendice un deseo mayúsculo y real,
enajenada con tu luz.

Quiero hacerte el amor en Florencia.