desde que te has marchado,
y mi vida languidece
en un miércoles eterno
empeñado en consumirme.
Siempre las noches
se parecen en tu ausencia:
apenas un páramo
que invita al insomnio
y al sueño en vela.
Los días se suceden,
ávidos de doblar una esquina
y encontrarse con un viernes,
con un viernes azúcar,
con un viernes sal,
con un viernes tequila,
y dejarse vivir incendiados,
y perder el alma y el sentido,
y besarte
entre el ombligo y las rodillas.
Mis minutos perecen sin tu risa,
se suicidan uno a uno en procesión,
mi veneno es tu recuerdo,
tu veneno es mi poesía.