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sábado, 2 de junio de 2018

Sin techo

La tristeza te cerca,
instalada en los silencios elocuentes
que solo se quiebran
para invocar un tiempo ya ausente,
y las lágrimas acalladas
retuercen el tuétano,
anulan la risa,
ahuecan el alma.

Te desdices una vez más,
impelida por la pena
y sucumbes,
en tu nicho,
a tu destino.

Apenas existo entonces.
Permanezco extraviado en tu desamparo
y braceo en la oscuridad,
tanteando una existencia etérea,
buscando un modo y manera,
aterrado
y sin saber,
aterrado
y sin poder.

Te incomodas si pregunto.
Me incomodo si respondes.

Pero en el fragor del absurdo
hacemos el amor
y huele a primavera,
el ruido de fondo se diluye
mecido por el mar,
templado por el sol,
e irónico se entrega
al orgasmo.
Crea un nuevo mundo.

Descubramos juntos la existencia
a ciegas, a tientas, a sabiendas
del dolor que sin duda nos espera,
tú con tus sueños y tus dudas,
yo con mis miedos y mi pluma,
los dos desnudos,
sin armas,
sin techo.

jueves, 12 de abril de 2018

Muertos de risa

[Supongo que la existencia es algo tan relativo como el tiempo. Palabras que significan demasiado para significar y que, sin embargo, se erigen en clave del todo. Y tras la pátina de trascendencia una risotada gutural, salvaje, insolente. Así lo siento yo las más de las veces.]

¿Quién sabe permanecer
en un recuerdo maltratado
por la esperanza
y por el silencio?

Apenas subimos al estrado
perdemos la voz y la inocencia
y confesamos:
mentimos una vez,
con premeditación y alevosía,
enfrentados al espejo,
y volveremos a mentir;
robamos,
con nocturnidad,
las veces mejores palabras,
las peores, sentimientos;
nos atrevimos a soñar,
incandescentes,
iridiscentes,
sin miedo;
pecamos,
y volveremos a pecar.

No cantamos por no callar,
escuchamos cantar.
No vinimos a negarnos.

La ciencia cierta nos asiste
y nos asimos a una luz
que se derrama
y nos pervierte.
(Aún) No sabemos (todavía)
quiénes somos.

Mientras tanto
imagino a los dioses
muertos de risa.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Bendita cabrona

Escúchame pulsando aquí.

Bendita cuando llegaste,
no se sabe dónde
ni se sabe cuándo,
a beberte la vida y la calle.

A tu paso las miradas,
tenues, inquisitivas,
callaban las verdades
que imponen las almas.

Todos los secretos eran mentira,
todos menos tú.

Bendita cuando te miro
y, escondido del mundo,
te hago un monumento
que culmina en un suspiro.

En este presente que no ha de durar,
que es efímero
y tempestivo.

Bendita cuando te vayas
y los recuerdos te suplanten
y la risa se ahogue
y la vida naufrague.

Bendita cabrona cada hora
que le hurtes a la muerte,
que persigas otro sueño,
que indultes mi buena mala suerte.

Bendita cabrona.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Cuentos infantiles

a Naia,
con una voluntad de hierro…


No te duermas todavía,
la noche aún puede esperar.
Que espere,
mientras nosotros multiplicamos los cuentos.

Érase una vez el mundo,
embrión de todo y nada,
un continuo ir y venir de seres insondables,
inefables e inexactos,
cientos de miles de tú como tú,
absurdos e innombrables.

Érase una vez la risa
que, agazapada en cualquier esquina,
inventa instantes eternos
para llenar un tiempo incierto.
La misma risa que dibuja en tu cara
un presente ajeno al qué vendrá.
El antídoto del miedo.

Érase una vez la ausencia,
que siempre acude puntual a sus citas.
Sus besos son dulces y crueles
cuando llega y te acaricia,
cuando se instala y te recuerda el olvido,
y te regala una lágrima.

Érase una vez el llanto
que aparece como la lluvia,
que a veces es torrente y anega,
segando verde y pintando grises
cada vez más negros…
pero lluvia que nutre,
lluvia que riega,
agua salada que diluye la pena
y la asume,
aunque envenena,
propia en el pecho.

Érase una vez el amor
que se ofrece a cada paso
sin buscar ninguna excusa,
porque sí,
porque se basta a sí mismo.
Y se viste de juego y asombro,
se disfraza de promesa eterna,
de bagatela que se desecha,
de arco y de flecha,
de primavera y otoño.
Y aún te acompaña,
perenne y esquivo,
como el aire que sigues respirando.

Érase una vez la vida,
con su cara y con sus cruces,
apretando hasta la asfixia,
inoportuna, irredenta.
Una vida que no nos hace mejores,
ni más sabios,
ni más fuertes.
Pero seguimos en pie,
seguimos luchando,
ávidos de cuentos infantiles
que aseguran
que al final
fuimos felices.

lunes, 12 de agosto de 2013

Intercambio


Pincha aquí para escuchar el poema

Todos los jueves son martes
desde que te has marchado,
y mi vida languidece
en un miércoles eterno
empeñado en consumirme.

Siempre las noches
se parecen en tu ausencia:
apenas un páramo
que invita al insomnio
y al sueño en vela.

Los días se suceden,
ávidos de doblar una esquina
y encontrarse con un viernes,
con un viernes azúcar,
con un viernes sal,
con un viernes tequila,
y dejarse vivir incendiados,
y perder el alma y el sentido,
y besarte
entre el ombligo y las rodillas.

Mis minutos perecen sin tu risa,
se suicidan uno a uno en procesión,
mi veneno es tu recuerdo,
tu veneno es mi poesía.