
Sálvame de la luz,
Los sentimientos y emociones, aún imaginados, nos configuran. Las palabras son la germinación de los absurdos de mi ser, mi único destino. Sean benevolentes.










Resbalo sobre los charcos traidores que anegan las callejas de mi alma oscurecida
enfrentado a un tintero seco
de palabras, que no se dejan cortejar,
que huyen inmóviles a medida que el eco de tus pasos se diluye con el tiempo,
y desde el suelo te imagino.
Tu imagen entonces me penetra,
se adueña tiránica de todas las ansias y todos los deseos, siempre inconfesables,
me conforma a voluntad
prometiendo el paraíso,
plantando la semilla para el verbo y para el verso, a golpe de lengua enajenada.






Me enfrentaré a tu muerte con dignidad
aunque el dolor me arrase el alma,
y cuando tú no estés, y yo esté solo,
lloraré.
Vivirás siempre impregnada en mi,
en cada paso que yo dé habrá una palabra tuya,
siempre tu risa a través de mi garganta.
Está vedada a mi mente mi vida sin ti,
inimaginable pesadilla,
a pesar de la inminencia del llanto,
a pesar de la insolencia de la pena.
Te sobreviviré, a pesar de todo con alegría,
y le diré al aire quién eras tú
para que lo canten todas las gaviotas,
para no olvidarte nunca.
Cada verso que te escribo es un beso,
es tu aliento el que me lanza a la locura
y tu regazo, perdido Eldorado.
Cuando abra los ojos y no te pueda ver,
tendré que imaginarte.





























