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sábado, 21 de enero de 2017

De un tiempo a esta parte


La ironía lamenta el desatino
y todas las metáforas se bifurcan
y languidecen
de un tiempo a esta parte.

No nos resulta extraña
la extrañeza
de extrañarnos nuevamente,
de alimentar el recuerdo
y dejarse mecer,
suavemente,
por una melancolía íntima y frugal,
por una vida abismo.

No trajimos nada
y nada llevaremos con nosotros,
ni tan siquiera la palabra
que nos define,
que nos niega.

Más Allá es demasiado lejos,
demasiado tarde,
demasiado aquí.

No vinimos a vengarnos
de la vida por vivir,
del amor por amar,
de la muerte porque sí.
No vinimos a soñar
pero soñamos,
no vinimos a morir,
pero morimos.

La perspectiva es funesta
y uno tiende al desamparo.

Pero, de un tiempo a esta parte,
el aire levita más ligero
y los horizontes brillan
dibujando presentes eternos.
De un tiempo a esta parte
yo, tú, nosotros.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Los magos

Escúchame pulsando aquí.

Los magos se enfrentan a un dilema
íntimo
que apenas comparten disfrazado,
travestido,
intentando velar la propia ausencia.

Custodian anaqueles forrados de libros,
viejos símbolos de nada,
mientras juguetean con una cerilla
y con un alma en llamas.

Sus conjuros son de aire,
permanecen sólo mientras tanto,
aletean y huyen,
inmarcesibles, de canto en canto.

Ser y no ser es un pleonasmo,
una metáfora,
un atisbo de ironía,

los magos denodados cantan
su angustia y su verbena,
su dicha y su apatía.

Juegan a inventar la primavera,
ateridos por el frío,
a merced de las tormentas,
invocando un código secreto
que no da de comer,
pero alimenta.

Vienen a gritar su duda inerte,
su tiempo detenido,
su eterna mala suerte,
sus desvelos,
mis deseos,
tus olvidos,
conscientes
de que quizá nacimos muertos,
pero nacimos.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Morosos

La vida es una mierda la mayor parte del tiempo. Es un secreto a voces. Cuando te quieres dar cuenta has metido tanto la pata que ya no hay remedio, y de todas formas la alternativa tampoco es halagüeña.
Primero toca soñar, supuestamente. Pero sueñas y por supuesto te desvías, ¿cómo no te vas a desviar? Soñar es desviarse. Ah, pero si te desvías te introducen rápidamente de nuevo en la senda… y mejor por las buenas, si te da por ponerte rebelde las cosas se pueden poner muy difíciles. A veces a uno lo despiertan pronto.
Después te atosigan con una retahíla de razones, argumentos de todos los colores, te ofrecen un mundo que brilla allá, en el horizonte. Y caminas. Y caminas. Y sigues caminando. Y el camino no es de rosas sin espinas. Los zapatos siempre aprietan, la talla nunca es la correcta y otra vez la misma puta piedra. ¿Cómo mantener los mitos?
Para cuando quieres reaccionar la verbena te rodea. Todo es ruido y gente y fiesta. Tu lamento desentona y su estridencia se solapa con el frenesí que impera. Y pagas el precio de la entrada, y te endeudas con perros y con gatas creyendo aullar a la luna y bendecir tus siete vidas. Pero la verbena siempre acaba y deja tras de sí un silencio sepulcral, más profundo y más oscuro que el silencio habitual.
Todo está escrito con palabras sagradas: “No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague”, y “convidado de piedra”, añadiría, aunque el invitado siempre paga en esta mesa, incluso si come aire. Y las deudas acechan.
Hay deudas de sangre, contraídas por amores y odios, deudas compartidas a partes siempre desiguales, y tú de nuevo con la mejor parte (léase ironía).
Hay deudas de carne, de la carne infecta que comes y de la carne exquisita que vendes, ¡y te visten de princesa!
Hay deudas de hambre, nunca satisfecha, de ser algo más que un número que se tambalea, de existir y huir del vacío, de aquel silencio de verbena.
Y las deudas siempre crecen.
Y siempre se pagan, de un modo u otro.

martes, 20 de agosto de 2013

Thelma


Pincha aquí para escuchar el poema

Entonces tomas una curva y te despeñas,
olvidas los números de teléfono,
las caricias tempestivas e intempestivas,
los sueños que crecen al albur del insomnio.

La vida cercenada en un instante,
sin aviso previo,
como un parpadeo eterno,
un fundido a negro.

No hay tiempo siquiera para el adiós,
cualquier palabra sería un insulto,
y tampoco el alarido se postula
como una solución a los problemas.

Solo quizá sonreír con ironía
y aceptar el vacío que se impone,
amar por un instante el precipicio
y dejarse llevar por la inercia. 

jueves, 28 de junio de 2012

Intrascendencia

Cepillarse los dientes cada mañana,
automáticamente ojear el espejo
y descubrir el continuo ojeras orejas,
conjurar el disimulo.

El camino sempiterno que conduce
siempre a Roma,
dondequiera que esté.

Hablar como si todo importase
o como si nada importase,
tanto da.

Regalarse quizá una mirada furtiva,
una concesión al deseo más oculto,
y naufragar en sueño.

Mi tiempo es al fin y al cabo una ironía
que multiplica palabras de aire,
una ráfaga hilarante.

sábado, 25 de febrero de 2012

Paint it gray!

No es más cierto el dolor que la alegría.

Incluso en estos tiempos de profetas y agoreros
en los que los lamentos resuenan
como un eco continuo que rebota en todas las miradas,
fuentes de lágrimas y sal,
hay sonrisas que brotan,
intempestivas.

El hombre naufraga y se ahoga en su ego,
corre sin resuello inmóvil en el río,
siempre el mismo río,
se malvende a símbolos de sí mismo.
Todo vale con tal de no pagar el precio,
todo excepto el juicio del espejo.

Por supuesto no hablo de santos,
los años me han infundido la certeza
de que soy lo que suman mis pecados
y las traiciones cometidas,
todos los errores disfrazados,
una absurda promesa de nada.

Y es evidente que no hay excesiva diferencia
entre una hormiga y otra hormiga:
ambas se olvidan con la yema de un dedo.

Llenamos la existencia de palabras inertes,
un batiburrillo de frases inconexas y sin sentido
que nos hacen sentir omnipotentes,
como un gran cero a la izquierda.

Al menos el desvelo otorga un tesoro,
el derecho inalienable a la ironía.