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martes, 14 de septiembre de 2021

Una lección vital

a Juanín, in memoriam

 

Y aprende dignidad en tu derrota,

agradeciendo a quien te quiso

el regalo fugaz de su hermosura

Felipe Benítez Reyes

 

Quieto, Juan,

no te vayas todavía,

aún no se ha puesto el sol

y un verano eterno

nos regala su alegría.

 

La luna y las estrellas

desparraman su ironía

y creen seguir bailando,

inconscientes

de que ya despunta el día.

 

Alzamos nuestras copas

para brindar por esta ruina

y celebrar como leones,

rugiendo,

la dignidad de tus heridas.

 

A tu lado comprendimos

el sinsentido de esta vida

a lomos de una vespa

indómita

enarbolando una sonrisa.

 

Seguirás contando años,

haciendo planes, doblando esquinas,

escondido entre los tejes y manejes

de esta tribu

que te ama y lo atestigua.




domingo, 23 de octubre de 2016

Los monstruos



Poco a poco, uno aprende a perder,
a conjurar la sonrisa
para no ahogarse en la pena,
a aprender a endurecerse,
a no dejarse querer.

Las derrotas se acumulan,
como el polvo
sobre una estantería vacía de trofeos
y de sueños
a la que procuras no mirar.

Las estrellas de pop languidecen,
junto con los futbolistas,
entre las raídas páginas de una carpeta ajada
que se pudre en un armario,
en un trastero,
esperando una mudanza,
una hoguera.

El amor era poesía,
apenas una moda adolescente
que pronto descubría su absurdo.
Un lenguaje ficticio.
Una herida abierta supurando
que duele como dos.

El amor era un contrato inquebrantable,
una palabra firme,
una mano tendida
a la que aferrarse,
cuando arrecia el temporal
y la niebla hechiza los caminos.

El amor era la excusa, nimia,
para no perder la custodia de nuestra esperanza,
para sobrevivir viviendo.

La soledad se impuso.
Llegó para henchir.
Se instaló.
Reveló todos los monstruos
y se fue,
dejando sólo vacío.

Ahora ya sabemos pisar
sin dejar huella.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Jovencito Frankenstein

Inventarse un motivo para volver a coser el alma
al cuerpo
y no rendirse al desamparo
de un fracaso que redime
es nuestro pan de cada día,
nuestro
dánosle hoy.

¿Has visto Jovencito Frankenstein?
Todos somos un poco monstruos,
incapaces de ternura,
manantiales de ternura.
Una absurda paradoja.

Menudo par de aldabas,
y no huyo a la sonrisa
que dibuja tu sonrisa.

Remendamos nuestros sueños paso a paso,
en las noches que solo ofrecen recuerdos
tenues,
alambicados,
sin lumbre.
Rellenamos los vacíos de palabras
que siempre siempre son traición,
que son suicidio.
Oreamos la angustia.

Los parches tapan agujeros
por los que se te escapa la vida
y se escapa el tiempo,
mientras seguimos adelante,
más serenos y conscientes.
Hechos jirones.

La turba observa,
ávida de sangre,
dispuesta al canibalismo.

El corazón no está de moda,
piensa la bestia
ensayando una sonrisa
que solo puede ser llanto.

Y todos los relojes anuncian la muerte.


lunes, 23 de noviembre de 2015

Todos somos héroes

Te vi.
Esperabas desde siempre
ante el zaguán de mi puerta,
de pie,
enarbolando una sonrisa
consciente y triunfante.

Lo supe.
Todos los lamentos
se vistieron de luto
y entonaron un mea culpa,
sabiéndose inservibles.

El tiempo,
ese muerto de hambre,
pierde aceite y se disloca
agrio en la duda,
vacilante,
entre un presente histórico
y un futuro perfecto.

Todos los espejos deforman.

Ser es un naufragio mientras el mundo arde,
y todos, todos zozobramos,
luchamos, boqueamos y perdemos el aire,
insumisos, indefensos.

También los héroes fracasan
cuando se enfrentan al fiero enemigo
que habita sus pechos,
que lleva sus nombres
y alimenta sus egos.
Y todos somos héroes.

Te vi. Lo supe.
Te quiero.

domingo, 3 de agosto de 2014

Vomitar la tristeza

Hay quien dice que escribo triste,
que siempre parezco al borde del suicidio en mis poemas,
que soy alérgico a la esperanza.

Puede.
Quizá sea cierto.
Mis palabras probablemente son insanas,
un alarido constante,
el terror que llega tras la curiosidad,
el apabullante desamparo,
la continua y adorada intrascendencia:

dios no es más que otra palabra.

Al fin y al cabo solo cabe engañar al tiempo,
que ni se gana ni se pierde,
y consagrarse a la inutilidad.

Con pasión acaricio otras manos
a pesar de la soledad,
acepto la traición
como condición sine qua non,
y vivo,
a pesar de todo.

Si vomito la tristeza,
no te aflijas,
solo es un hechizo,
un estertor en verso,
un modo,
como otro cualquiera,
de conjurar la sonrisa,
siempre irónica y terca.

jueves, 22 de agosto de 2013

Tiempo de aire


Pincha aquí para escuchar el poema

Con cinco palabras construyo un mundo
a tu medida,
pero el mío naufraga en cada verso
y se diluye.

La ventana, frontera del vacío,
te da otra perspectiva
con los pies colgando,
el tiempo se amplifica
y ofrece frutos inesperados.

Todas las partidas se han perdido,
los desafíos, malogrados,
los héroes legan su epitafio
y los pájaros destruyen sus nidos.
Este es nuestro tiempo,
un tiempo de aire.

No hay más destino que un carácter
forjado por la muerte y por la ausencia,
consciente del fin de todo viaje,
soy otro suicida en potencia.

Mis pasos me acercan a tu muerte,
me digo enfrentado al espejo,
y solo obtengo una leve sonrisa,
ambos sabemos que todo es mentira.