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lunes, 26 de diciembre de 2016

Bendita cabrona

Escúchame pulsando aquí.

Bendita cuando llegaste,
no se sabe dónde
ni se sabe cuándo,
a beberte la vida y la calle.

A tu paso las miradas,
tenues, inquisitivas,
callaban las verdades
que imponen las almas.

Todos los secretos eran mentira,
todos menos tú.

Bendita cuando te miro
y, escondido del mundo,
te hago un monumento
que culmina en un suspiro.

En este presente que no ha de durar,
que es efímero
y tempestivo.

Bendita cuando te vayas
y los recuerdos te suplanten
y la risa se ahogue
y la vida naufrague.

Bendita cabrona cada hora
que le hurtes a la muerte,
que persigas otro sueño,
que indultes mi buena mala suerte.

Bendita cabrona.

sábado, 19 de septiembre de 2015

El jardín bajo tu cama

Todos los poemas tienen un último verso,
un punto final e inexorable,
un silencio asesino
tras la última palabra.

Ese es el momento decisivo,
los susurros se diluyen y penetran
la existencia reflejada en un vacío
que traiciona la memoria.

Los monstruos se hacen dueños
del jardín bajo tu cama
y todos los miedos se frotan las manos.

Los halagos te resbalan
y los relojes son afilados cuchillos
que se clavan,
un poco más,
y desangran.

Las miradas ausentes
te recuerdan quién eres
y el olvido que no es se impone,
perenne en la memoria.

Todos los poemas tienen un último verso,
un abismo de ecos
que subyugan y reverberan
horadándote a ti mismo,
desde dentro.