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sábado, 24 de octubre de 2015

Desaliento

Casi siempre te sonrío a pesar del dolor,
no hoy.
El tiempo hace de las suyas y dilata el espacio.
Ya nada se parece a nada,
todo es nuevo e incierto.

Las rutinas boquean entre estertores
mientras aprendemos a no soñar en voz alta,
a derribar los muros de la comprensión
y aceptar la locura como condición necesaria
para una existencia que pueda decir algo
que merezca ser escuchado.

A veces supimos querernos.
A veces no.

El polvo acumulado ahoga cuando sopla el viento
y se anuda terco en la garganta
que calla quedamente mis tequiero clandestinos.

Toda la arena de este desierto sin oasis
se escurre inexorable hacia la nada,
una nada que envilece.

El poema mismo se diluye
a medida que el recuerdo vívido
toma la palabra y se emancipa
reclamando su parte del pastel,
ejerciendo su amarga tiranía.

Esta lágrima también es amor
que se seca en la alfombra,
esperando una esperanza.

jueves, 8 de enero de 2015

El egoísta emocional

Déjame susurrar tu nombre,
ser sílaba y seducirte despacio,
como si el tiempo sobrase,
como si el tiempo no existiese.
Quiero saber. Necesito saber.
Tu mano, cuando toca, ¿qué siente?
¿Qué siente tu alma cuando tu mano,
tu mano loca, toca?
¿Qué te hace diferente?
Te observo beber sedienta de sed
y me pierdo en un desierto
poblado de espejismos,
descubriendo que el océano
cabe en una sola lágrima,
en una única y lúbrica lágrima.
El sol luce. El sol seca.
El agua ahoga y el agua riega.
Siempre es cuestión de tiempo,
un tiempo nunca nuestro,
apenas un instante de gloria,
efímero y pendenciero.
Quise ser tu hierro candente,
tu herramienta de placer,
tu mejor verso de amor,
tu gemido más ardiente,
porque el fuego no conoce el miedo.
Ahora solo sueño ser tus dedos.


viernes, 25 de mayo de 2012

Desnortado


Hay noches con suerte,
noches que ofrecen la posibilidad de dislocarse,
de desviar la virtud y la cabeza con cualquier excusa,
con cualquiera que malvenda su tiempo de aire.

Llueve dentro y fuera, y contra la ventana.

Otras son un dejarse ir,
un naufragar con calma
y anegar de Leteo
los restos del alma.

Las más son purgatorio,
un desierto con oasis de palabras
que raramente bendicen un sueño
y alimentan el ego desnortado de un poeta,
otro cero a la izquierda,
un cronista de la nada.