Mostrando entradas con la etiqueta sentido. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sentido. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de agosto de 2018

Entonces

Cuando las palabras se te atoren,
se encabriten
y huyan despavoridas
nos quedará un silencio
compartido,
inexacto
y redentor.

Cuando las emociones
nos miren de soslayo,
lloraremos
mares de tinta sinsustancia,
y reiremos
desiertos de sentido.

Cuando el tedio se instale
y las campanas repiquen a duelo
puntuales a la cita
y nos presente el suelo,
cerraremos los ojos,
cogidos de la mano,
y pintaremos otros cielos.

Podemos temblar de miedo
interrogante
ante un futuro incierto
o
simplemente
volar.

Podemos temblar de frío
intuyendo un nuevo infierno
o
simplemente
volar,
porque cada segundo es eterno.

Y tú, ¿qué harás tú entonces?
Nunca olvides tus sueños.

viernes, 8 de agosto de 2014

Sentencia de muerte

Eres hijo de tu padre,
lo llevas escrito en la cara y el alma,
igual que también tu padre era hijo de tu abuelo,
ad infinitum:
la misma mirada de hierro,
idénticas manos recias,
savia que da forma a la rama,
rama que nutre un tronco de esperanza vana.

La tierra que huellas te ofrece aliento,
y palabras,
cadenas de aire expirado,
disfraces para no ser lo que somos,
banderas huecas que enarbolar.

Solo el silencio de otro rostro frente a frente
roza, apenas, la verdad.
Una verdad que no puede ser dicha.

Ante tus pies, el abismo.
Ha de ser de este modo,
no existen los caminos,
todo el mar es lodo,
y enfangarse no es cosa de niños.

Aquello que nunca sucedió
ocurre de repente,
imposible,
inabarcable.
Y tú puedes elegir: volar o vivir.

Volar como un ave eternamente peregrina,
rozando apenas los árboles más altos,
mirando, desde arriba, objetivos de ponzoña
o vivir entre el veneno
y ser veneno mismo.

Nadie nos prevendrá de la muerte
y un solo juez asistirá a nuestro juicio,
agonizante.
Y su sentencia carecerá de sentido.


lunes, 20 de mayo de 2013

Una furtiva lágrima



Una furtiva lágrima asoma intempestiva
la comisura de tus labios perennes,
esbozando apenas una triste sonrisa,
y renegada, un dolor en ciernes.

Llevamos desde siempre hablando de lo mismo,
amor y muerte, no hay otra cosa:
amor a dios, a la mujer o amor al amor,
autoamor que se recrea en un espejo
y se descubre solo, muerto.
Y muerto descubre la muerte y su alivio,
su alivio y su desgarro.

Ahora, siendo otros, seguimos siendo los mismos,
un par de enajenados entrambos consumidos,
un ejemplo más de las veleidades de un destino
que, por no hacer mudanza en su costumbre,
bifurca los senderos, divide los caminos.

No puedo hacer más que repetirlo en el vacío
de esta página virginal que se me ofrece:
la angustia no es la falta de aire,
la angustia es la ausencia de sentido.

miércoles, 8 de mayo de 2013

La frontera





Desde este lado de la vida
la ventana se llena de adjetivos.
No es posible salir incólumes de este trance, desde luego,
pero antes de morir, mejor haber vivido.
Escuchar el mar,
lejano y cercano en un abrir y cerrar de ojos,
sentir su sal lasciva en la propia saliva
templando un carácter que forja destino,
se ofrece como la rutina de un antihéroe
que escribe poesía.
La ventana como una frontera entre dos mundos
que colisionan,
dulcemente cuando el silencio se hace balsa
y las palabras discurren tranquilas y de la mano
dibujando el embrión de un suspiro
o la sombra de una sonrisa,
 o amargamente cuando el silencio ahoga
y las palabras astilladas rasgan la garganta
y la sangre se confunde con la tinta
y todo todo todo pierde sentido.

domingo, 18 de marzo de 2012

Proceso de escritura


Equilibrante despropósito amanerado,
un modo ecuánime de enjuagar con las palabras,
absurdas e inconexas retahilas de letras
que soslayan o evidencian la agonía.
La absoluta carencia de sentido
que no salva ni el sexo pendenciero
ni la fe quebrantada ni la ciencia del viento,
la condena a vida del que piensa.
Un vómito que escupe lo que cuenta
y se desvanece como un suspiro de tiempo
en un mar eterno y etéreo,
un océano vacío.
No hay monstruos más allá del espejo.