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lunes, 29 de mayo de 2017

UNA MAÑANA / UNA MAÑANA

[Texto armado/amado a dos manos con absoluta libertad, incansable regocijo y algo más que cariño sincero. Es un placer escribir cuando las palabras significan más que las palabras. Es un placer vivir cuando el aire huele a libertad. Es un placer soñar cuando no importa despertar. Disfrutémoslo.]

Las olas vienen y van, rompen todo a su antojo. Y no puedes prever lo que va a pasar.
La marea deja revuelto el fondo, tú no puedes respirar. Y la sensación de ahogo no te asusta, eso es lo que más miedo te da.

Te dejas llevar. Te dejas hacer. Nada puede ir ya a peor. De repente, una flor. La primavera. Nadie sabe cuando llega. No hay profecía que anuncie la primavera. Ni Guardia de la Mañana. Pero sucede. También a ti. Y, aunque sea un sueño, no es un sueño. Aunque sea mentira es Aletheia. La verdad más pura en vena. Una sobredosis de vida. Da vértigo, pero quieres otro chute.

Sin embargo, sabes que no es gratis. No será fácil volver a disfrutar del sol, del olor de las flores, del frío aliento del mar en tu cuerpo.
Tendrás que arriesgar la piel, tendrás que asomarte al abismo y resistirte a saltar, cuando de lo único que tienes ganas es de volar.
Tendrás que abrir de nuevo tu pecho y dejar que entre la luz, cuando tu corazón se había acostumbrado ya a la oscuridad.
Es tan sencillo dejarse llevar, no pensar, cerrar los ojos y dejar de respirar…

Te miras al espejo y descubres que habías olvidado dudar. Sonríes. El espejo está de buen humor últimamente. Dudas. Sonríes. Mecánicamente. La vida ya no huele tan mal, al fin y al cabo. Buen provecho, te dices. Y sonríes.
La inercia se ha ido. El deseo conquista el campo de batalla. La guerra nunca termina. Es momento de alzar nuestras copas y brindar sin mesura bajo el sol y la luna. Sonríes. Dudas. Vives.

Vives las dudas como si fueran verdad.
Y te dicen que sonrías, que todo pasa, que todo llega. Y les tienes que creer, porque la alternativa no es mejor. ¿O sí?
Y de pronto una mañana la duda ya no existe, la sonrisa no es forzada, las lágrimas hace días que no asoman.
Y esa mañana lo tienes todo claro. Sabes lo que has de hacer, sabes cuándo y a dónde has de ir. Sabes cómo tiene que ser el final.
¿Te vas a atrever? ¿Por fin vas a acabar con todo? ¿O, como siempre, en el último instante, vas a negarte la oportunidad?

De cualquier manera hay que comer. A regañadientes te vistes el uniforme de vivir y abandonas por un instante que sabe a eternidad el sueño inesperado que acabas de descubrir. Dejas el filo del abismo pensando que seguirá ahí cuando puedas volver, que ojalá siga, que tiene que seguir. Y dejas que el ritual se repita. Y comienzas a amar su liturgia. Después de todo, vivir es vivir.

Y cuando por fin te decides, vivir cobra un nuevo significado. Ya no es sólo respirar, comer y dormir.
De repente vivir también es soñar, oler, reír, jugar y bailar.
Los latidos de tu corazón ya no suenan mecánicos, suben y bajan, golpean en tu pecho de forma inesperada y descontrolada.
Tus ojos descubren una nueva realidad, más brillante, más colorida, más fácil de tragar.
Tu piel ya no se encoge con el frío del viento, lo disfruta. Descubres también el calor del sol. La piel de gallina surge a cada poco y ya no es tu enemiga.
Y de repente, vivir ya no cuesta, ya no pesa. Descubres lo que puede ser la felicidad.

Antes, una palabra tan hueca como tu pecho. Ahora, tan llena como tu pecho. Ironías del destino, ironías del carácter. Después de todo, ¿qué importa el mundo cuando de veras el mundo importa?
Sientes la vida recorrerte e inundarte. La piel vuelve a estar ahí, dispuesta; el estómago ávido y nervioso; las manos, interrogantes. Los ojos más abiertos que nunca incluso cuando los cierras en cada beso que hurtas a la cordura. ¡Viva esta locura! ¡Viva la vida!
No lamentas. No lloras (salvo en el cine). No preguntas. Ya no buscas soluciones ni conspiras en silencio contra Fortuna, neciamente. Das un paso. Respiras. Das otro paso. Sonríes. Uno más. Y sí. Quizá tropiezas. Quizá caes. Quizá. Pero sonríes. Al fin sabes. Te levantas, y vuelta a empezar.


por Arantxa Buján Márquez

y Álvaro Montoya Rodríguez

jueves, 2 de marzo de 2017

Tiempo de locos

Nunca he amado
pero amo cada instante,
con cada bocanada de aire
escapo de Caronte y de su barco.

Cada verso escrito
es testimonio de un presente
que yace, inerte,
ajeno al futuro y al olvido.

Bésame si estás sintiendo
el deseo que subyuga al pensamiento.
Si no, huye,
andando que es gerundio,
no malgastes un tiempo que es oro
y jamás permanece detenido.

No malgastes tu tiempo de locos
adorando insípidos participios.
Viviendo, que es gerundio.

sábado, 21 de enero de 2017

De un tiempo a esta parte


La ironía lamenta el desatino
y todas las metáforas se bifurcan
y languidecen
de un tiempo a esta parte.

No nos resulta extraña
la extrañeza
de extrañarnos nuevamente,
de alimentar el recuerdo
y dejarse mecer,
suavemente,
por una melancolía íntima y frugal,
por una vida abismo.

No trajimos nada
y nada llevaremos con nosotros,
ni tan siquiera la palabra
que nos define,
que nos niega.

Más Allá es demasiado lejos,
demasiado tarde,
demasiado aquí.

No vinimos a vengarnos
de la vida por vivir,
del amor por amar,
de la muerte porque sí.
No vinimos a soñar
pero soñamos,
no vinimos a morir,
pero morimos.

La perspectiva es funesta
y uno tiende al desamparo.

Pero, de un tiempo a esta parte,
el aire levita más ligero
y los horizontes brillan
dibujando presentes eternos.
De un tiempo a esta parte
yo, tú, nosotros.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Un acto de fe

Escúchame pulsando aquí.

Se marchitan también los inviernos
cuando el león ruge al amanecer
y las palabras conjuran silencios
que retoñan,
que florecen y se atreven a ser.

Ya no nos duelen los infiernos,
personales,
intransferibles.
Ya ardimos en la inercia.

Los tiempos están cambiando.
Los tiempos nunca dejan de cambiar.

No somos hoy mejores que ayer,
al menos aprendimos eso,
y quizás eso nos redima
de un presente traidor
y de un futuro herida.

La vida exige un acto de fe
y una pizca de inconsciencia.
Instinto animal.
Aceptar que nadie sobrevive.

La vida exige testigos.

Ni absueltos ni condenados,
no aprendemos a ser reos,
volamos sin alas,
con los pies en el suelo
y el alma desatada.
No existen los sueños
pero soñamos.
La orquesta abandonó el baile
pero bailamos.

Cuando nada importa,
todo importa nada,
salvo quizá
atreverse a respirar.

jueves, 28 de junio de 2012

Genética avanzada

Pincha aquí para escuchar el poema

Siento como propios tus abismos,
todas las condenas a muerte,
los tumultos angustiantes
que invitan sonriendo al suicidio.

Siento cada grano de tiempo escurridizo
huyendo hacia atrás,
como si todo hubiera sido nada,
como si no importara la ausencia de sentido.

Me observo y te observo derrotada,
con apenas esperanzas para el ahora,
un ahora que se diluye en una lágrima
enquistada y absorta, fúnebre y rota.

Y todo lo que diga,
y lo que pueda llegar a decir,
se me antoja bagatela en tu ausencia,
aunque me mires y asientas, con la sonrisa tenue.

Aunque el futuro me mienta,
y prometa rosas y niños, puertas y trenes,
me planto aquí, enfermo de presente,
a custodiar tu sueño duermevela.