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lunes, 6 de noviembre de 2017

El cenicero

Todos nos negamos al sentir
y obramos milagros cada día:
saboreamos las hieles del Olimpo,
bendecimos herejías consistentes
e invertimos en masacres y en hogueras
porque sí,
reconociendo que
todo placer es culpa
y que
somos culpables irredentos.

Nadie huella tierra virgen
y el lenguaje ha perdido su magia,
ni misterio ni ministerio,
solo el líquido fluir de un desvarío
demasiado corriente,
demasiado torrente
para dejarse percibir
y no morir de deseo
cada vez más cerca de un silencio
que se atreve a admitir
su propia intrascendencia:
el ser
y el vacío.

La botella yace inerte
junto al cenicero
que desborda versos,
cenizas y sueños.


miércoles, 4 de febrero de 2015

El torrente

La lluvia comienza dubitativa,
apenas unas gotas tenues se atreven a caer,
danzando con el viento,
y a besar la tierra,
a hacer el amor con un suelo anhelante de humedad.

El mundo se ruboriza y estremece
al tacto de cada caricia,
se hincha y se enternece.

Florecen los campos,
florecen las ciudades,
los abrevaderos se llenan
de corazones que laten,
de corazones que bullen
sin miedo y sin equipaje.

La lluvia riega.
Pero la lluvia anega.

El deshielo de los sueños
siempre llega demasiado pronto,
a deshora.
Una gota y otra gota no hacen dos gotas,
hacen cascada y hacen torrente.
Y el torrente ruge rabioso
y se lanza violento hacia el abismo
enarbolando su naturaleza suicida
y arrasando al paso,
como si nada importara
salvo un espejo maldito
que siempre refleja la muerte.

Fuimos hijos de la tempestad
y la tormenta,
apenas agua que llueve,
dice que vuela,
sueña el amor,
e invariablemente se estrella.

Fuimos, somos, seremos torrente. 


sábado, 20 de julio de 2013

Inercia


Pincha aquí para escuchar el poema

Se trata de mantener la impostura,
de echar el ancla cada mañana
y olvidar las quimeras y los sueños.

Adecentar el alma y disfrazarse,
vestirse de alguien,
engañar al desamparo
solo por supervivencia,
como una pose absurda
en un fotomatón estropeado,
una vida cualquiera.

Sé quién soy,
un Jonh Doe,
otro don nadie
que no ha de merecer ser recordado,
otro impostor condenado a su mirada,
harto de ego,
ansioso de acostarse con la nada.

Vender el ser al diablo, léase poesía,
no es noticia,
tampoco el arte sentirá mi ausencia.

Me pregunto el porqué de empecinarse en la existencia.

He probado el amor que se supone debería.
Un torrente que arrasa y destruye,
un caudal que se transforma
y en caricias imposibles discurre
y abona los campos de sueños.
Pero todo río está abocado al mar,
que es el morir.
Desde la orilla observo la marea,
con su vaivén eterno,
absorto en su falta de sentido,
como una metáfora,
como yo,
harto de ego.

Dicen que aún soy joven,
que está por llegar mi mejor poema,
y yo les observo, extraviado,
consciente del absurdo,
embargado por la pena,
la edad no se mide en años
sino en derrotas y fracasos,
en lágrimas en vena.

Respiro por inercia.