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lunes, 11 de julio de 2016

El papel inodoro

Ya se escucha el galopar de los caballos.
Las huestes enemigas se intuyen
y te afanas en parapetar los sueños.

Cabe la soberbia de aquilatar la palabra
y perderse en su gloria,
efímera y sabrosa,
y aplaudirse hasta el orgasmo,
siempre precoz.

Cabe la lujuria multiplicada
entre tus piernas,
y tus piernas,
y tus piernas,
en un afán
que tampoco tiene fin.

Cabe el deseo de devorar,
de atesorar,
de cercenar el tiempo
y acumular instantes
precisos
y
preciosos.

Cabe una palabra: Rosebud.

Cabe esperar un final.

Sueños blancos como el papel inodoro
que emborronas
haciendo vox populi
de tus miserias.

sábado, 31 de octubre de 2015

Río Miseria

Sólo sé que tengo miedo
y cada paso desgarra mi alma
con el silencio cómplice de dios.
Camino con los ojos cerrados
para intentar no ver el precipicio,
que se frota las manos.
Ni las aguas de este mar se abren
ni hay profeta que prometa
sin plata de por medio,
y la plata no se come,
la plata no se come.
Las ilusiones van muriendo en las cunetas,
y se quedan allí, sin más,
con los ojos bien fijos, muy abiertos,
buscando un recuerdo lejano y cercano.
Somos un río de miseria,
agua sucia que nadie quiere en su playa,
materia fecal.
Los pies han dejado de doler
pero el alma se desangra.
No hay destino en este viaje sin retorno,
ya nunca seremos los que fuimos.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Tópicos literarios

Semper Fidelis,
gritaban los locuaces
mientras los poetas
cultivaban el silencio,
dejando hacer,
dejándose ir.

Los cómplices de la miseria
se rebelan hartos
de tanta conmiseración,
y rozan el ridículo.

Las horas se mecen en tu regazo,
insulsamente alegres
a pesar de nada.

Apenas las palabras desbordan,
y no son más que otro modo de callar.
Beatus Ille, piensas.
In vino veritas, aseveras.

De res natura es la lágrima
que convoca a los espíritus
y eleva a un hombre a los altares
de la propia existencia.

Y no caben respuestas
cuando las preguntas están de más.

No moriremos de amor esta noche.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Otro verso solamente

La vieja máquina de escribir espera,
paciente,
los dedos inseguros que la observan,
ávidos de un tacto que los redima.
Todos los poemas son estertores de poesía.
Todos queman.

Te perdí buscándote,
sabiendo que te perdía.
De bruces contra el tiempo.

Los relojes se obstinan
sobre todo los domingos,
y repiten y repiten
el instante de tu ausencia.

Mi voz, rota y culpable,
se apaga,
se niega.

Quise ser viento,
quise correr más rápido que el tiempo,
y apenas te vi,
ciego en mi miseria.

Mudo,
desnudo de soberbia,
elevo la mano y existo,
otro verso solamente.