jueves, 9 de octubre de 2014

Caperucita azul

Reverberan los gemidos en una habitación vacía,
sin cuadros ni ventanas,
y crece lo prohibido,
como una enredadera decorando interiores.
Prohibido soñar con cuerpos desnudos,
con dedos de sal,
con cuellos de limón,
y labios de tequila.
Son las nueve. La hora colacao.
La hora de comerse las ganas
viendo las noticias,
de ser convencional.
Y no.
Estoy sola y bailo para mí.
Yo soy la princesa de este cuento,
aunque no quiera,
aunque me duela,
y me niego a ser patito feo,
estoy sola,
y bailo para mí.
Me desnudo ante el espejo,
me imagino deseándome,
mostrándome libre,
y la rabia me consume,
entre la angustia y el placer.
Un último suspiro basta
para derribar las fronteras de la corrección,
y abandonarse,
por fin,
al desamparo.



martes, 7 de octubre de 2014

L'orgueil

On a besoin d’air
pour respirer,
d’une autre main
pour ressentir la propre peau,
du regard des autres
pour mieux nous repérer.
On a besoin de joie.

Ok. D’accord. J’accepte.
Le bonheur n’existe pas,
c’est même fort possible
qu’il n’aie jamais existé
et voilà nous,
les savants perdus,
face à face devant l’inconnu
ivres d’orgueil,
vides d’amour.

Parmi mes deuils
je choisis la certitude
de nous savoir finis,
le néant s’exprime parfois
sous la forme de poésie.


jueves, 2 de octubre de 2014

Deseo

Cuando olvido tu cuerpo
me pierdo en mi propia insignificancia,
y yerro con los ojos cerrados.

Todos los cuerpos son tu cuerpo,
pero tú permaneces ausente,
como la muerte demorándose,
segura de una victoria incontestable.

Recorro siluetas que mecen sin llegar a estremecer,
sombras de tu sombra,
imágenes robadas a un espejo.

Me turbo si te intuyo, de puertas abiertas,
cerca, al doblar una esquina,
en la vecina del tercero,
en la profesora de llanto
o en la esposa de madera.
Me turbo… y huyo.

Te conozco. Sé que estás ahí, esperándome.
Carácter es destino,
susurro en tu nombre,
ni solícito ni esquivo,
al cabo, y al fin,
vivir sin ti no es mejor que morir contigo.


sábado, 20 de septiembre de 2014

El abuelo

El abuelo apenas sonríe.
Permanece en un rincón,
ajeno,
como si la vida fuera cosa de otro tiempo,
como un mueble,
ajado y herido,
lleno de lascas y recuerdos,
que perdió su brillo
y vegeta inservible.
Cuando escampa la tormenta
y el sol retorna a su mirada
habla,
pero sus palabras son lágrimas de impotencia,
estertores de júbilo que presienten el silencio,
y lo aman,
y lo temen.
El abuelo hace tiempo que me observa,
y calla,
y otorga.
Yo le cuento mis batallas,
visto las derrotas de tablas honorables,
me disfrazo de hombre de bien,
y dejo que me apriete la mano:
Él conoce la guerra.
En ocasiones simplemente nos sentamos,
cerca,
y sentimos el tiempo pasar a nuestro lado,
como un desconocido que te roza
y te roba la cartera.


lunes, 15 de septiembre de 2014

Fundido a negro

Nunca fuimos extraños.
Antes de doblar aquella esquina,
de leer el periódico de ayer,
aderezado con un sabroso café aguado
y un croissant made in china,
de enfrentarme a otro lunes traidor,
antes,
mucho antes de eso,
yo ya te conocía.

Tu voz resonaba en todos mis rincones,
asumiendo un eco perenne,
y repetía una y otra vez la palabra,
denodada y transparente.

Tu mirada latía inquisitiva en todas las miradas,
como un león al acecho.

Yo ya te conocía,
presentía tu presencia
y soñaba que escapaba,
indemne una vez más,
del abismo de tu ausencia.

Y aquel lunes otoñal,
gris y terco en la tristeza,
te vi.
Te vi y supe que eras tú,
que habías sido siempre tú.

Fundido a negro.

El martes los diarios destacaban
la insultante belleza
de la suicida matutina.