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sábado, 3 de octubre de 2015

Cuento con moraleja

En su último viaje,
Gulliver se visitó a sí mismo
y no supo volver.
Alicia descubrió los espejos
y Peter Pan las canas,
una por cada sueño derrotado.
Ya ni el Coco se aferra a la existencia.

Las historias nunca empiezan
érase una vez…
y las perdices están caras en el mercado.

Luchar contra el tiempo
con una espada láser invisible
es causa cervantina,
una muerte cierta
y el ridículo,
a pesar de la ternura
que inspira ser lunático
y vagamundo.

¿Cuándo llegamos?
¿Falta mucho aún?
Sin darte cuenta que se escapa lentamente
tras un flautista cruel e inexorable
del que nunca vimos la cara.

Pronto este cuento habrá acabado
y no seremos más que moraleja.

Un mundo condensado en una frase,
escrita en piedra:

Requiescat in pace

martes, 3 de febrero de 2015

Juan, o cualquiera

Juan se despierta, se levanta y piensa
por qué no,
otro día más no pesa,
hoy solo toca hoy.

A veces se viste de traje
y sale a comerse el mundo de un bocado,
a seducir a la muerte con manos de cirujano,
a gobernar el eterno desgobierno,
a diseñar puentes que unan deseos.

A veces se viste de faena
y amasa pan para tu boca,
te sirve café con magdalenas,
te escribe la vida en una hora
y dibuja el destino de tu viaje.

Juan es alérgico a profetas,
sabe que respira
y se inventa sus recetas,
siempre propias,
siempre nimias,
para no cortarse de un tajo la vida.

Juan es nadie y es cualquiera,
un instante de un instante,
una enredadera en la memoria,
el principio del fin de la historia,
otro vagamundo del arte
noble y vil de la supervivencia.

Juan se acuesta cada noche
orgulloso de su amada intrascendencia.