los enajenados bienaventurados
que se resisten a doblar la rodilla,
los granos enquistados en la rabadilla
de un poder antropófago
que muere y muere y resucita,
los supervivientes hasta la muerte
y sin posibilidad de amparo,
los sindiós.
Aquí estamos sin perspectivas de futuro,
sin presente en que soñar,
sin un puto duro
y con unas ganas enormes de gritar.
Aquí estamos dispuestos a estar,
y sobre todo dispuestos a ser,
de pie, sin echar el cuerpo a tierra.
Aquí estamos, con los pies desnudos
para que sepáis que no queremos escapar,
para echar raíces y enseñaros
cómo se conjuga el verbo amar.