huérfanos del amor estampados
contra el sutil muro de la libertad y su precio.
Vinimos a la vida hartos de errores,
errare humanum est,
y crecimos sabios por defecto y por ausencia,
llorando tolerancia.
Parias y escondidos,
con secretos oscuros y recuerdos que olvidar,
apátridas villanos pagando pecados ajenos,
observadores silenciosos avergonzados
de su propia vergüenza,
y de su silencio cómplice,
y de la visión enferma que ofrecen los ojos
y el espejo.
Somos hijos de la generación de la inconsciencia,
pero no somos inconscientes.
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