jueves, 4 de mayo de 2023

Incongruencias ilusionantes

te miro

y me imagino

escuchando mis estupideces

no sé

si yo me soportaría

con ese aire

de poeta lánguido

y vencido

por su propio ego

no sé

si yo fuera tú

cómo podría sobrevivirme

y no perder el aliento

en esta eterna crisis

en este tiempo desconcierto

reconozco

que casi nunca acierto

cuando permaneces esquiva

y calibro tus silencios

dibujando

tempestades de humo

que se diluyen

si abrimos las ventanas

no quiero ser cursi

pero a veces descubro

quedamente la alegría

te miro

y te admiro

lunes, 12 de diciembre de 2022

Argumentario nihilosofista para dummies

¿Por qué no?

En invierno la nieve cubre las cumbres

y los árboles se desnudan para no morir de frío

y para no morir de hambre.

Y hay que tener en cuenta que

los perros acuden raudos al celo de las perras

y además 

a lo lejos se escucha una orgía de serpientes.

Si caminas tu camino y te topas casualmente

un manzano repleto de manzanas,

¿no estiras tu brazo?

¿no tomas un fruto?

¿no calmas tu hambre?

Entonces, ¿por qué no?

Recuerda, Dios es un recuerdo

en estos tiempos postmodernos

que huelen dulce artificial.

¿Moral? Dinero.

¿Amor? Dinero.

¿Salud? Dinero.

¿Dinero? Superficial.

Power is power.

¿Cultura? Popular.

¿Por qué lo hice?

Porque sí. ¿Por qué no?

jueves, 8 de diciembre de 2022

Todo está bien

Me despierto.

Aún sigues ahí.

Todo está bien.

 

Puedo intuir el silencio

que acecha tras la ventana,

a la vuelta de la esquina,

dentro de nada.

Ya no somos niños

que sueñan que aman

y sin embargo me resisto

a abandonar la cama.

 

A veces los relojes se paran

mientras el tiempo transcurre

y nos olvidamos de respirar.

 

El silencio también duele

y la monotonía asesina.

Las palabras resbalan,

insumisas, como ecos

del eco de una voz,

apenas audibles.

 

Sé que no soy yo.

Sé que no eres tú.

Pero sé también 

que juntos somos.

 

No perdono ni un instante,

no te ahorres ni un tequiero

porque sé también

que juntos somos.

 

Me despierto.

Sigues ahí.

Todo está bien,

pero doy media vuelta

y vuelvo a dormir

para seguir soñando,

contigo.


jueves, 1 de diciembre de 2022

No debería, pero pasa

[El pasado 25N tuve conocimiento de una campaña de la Xunta de Galicia para prevenir la violencia de género. Sobra decir que la campaña, por ser educado, me pareció desafortunada. Siéndolo menos me atrevo a decir que es el dinero peor invertido de un departamento que temo no genere excesivo gasto en este gobierno. Sin serlo en absoluto me parece una campaña de una ligereza absurda que demuestra incomprensión o estupidez, y no sé qué prefiero. No me voy a posicionar políticamente (¿para qué?), pero sí cívicamente, humanamente, personalmente en las antípodas de lo que esta campaña muestra.

Cuando la vi me estremecí. Después, mientras mis alumnas y mis alumnos hacían un examen de literatura, me volví a estremecer e inmediatamente empecé a parir palabras que tuve que apuntar rápido, en la pizarra, con mis alumnas a la espalda, pensando en ellas muy muy fuerte.

Yo no quiero verlas caminar con miedo. Yo no quiero que me identifiquen como un peligro. En esta campaña están ambas situaciones, implícitas.

Mi imaginación maltrecha parió esto:]


No sueñes,
no respires,
no te atrevas a existir,
este mundo no es para ti.
La calle aúlla
y las bestias acechan
dispuestas a todo.
La noche avanza
y las pesadillas campan,
insomnes,
a sus anchas.
No muevas tus caderas,
vigila tu espalda,
huye,
derrapa.
Los ojos enfermos
de este mundo insano
te observan
y te juzgan.
No vueles,
no cantes
y sobre todo,
no te atrevas a existir.




miércoles, 27 de abril de 2022

Cruzar los dedos

[Este texto nace de un ejercicio de aula. Les pedí a mis alumnos una historia verosímil en la que el/la protagonista se despertase de repente y sintiese que su sexo había cambiado. Esta es mi versión. Tiempo de escritura: 30/45 minutos]


CRUZAR LOS DEDOS

 

El despertador me dio un susto de muerte cuando empezó a sonar el quiquiriquí estridente que me sacaba de mis mundos más secretos, de mis sueños salvadores. Todavía me negaba a abrir los ojos y empecé mi rutina mañanera: primero estirarme, desperezarme, y después ya enfrentarme a la luz traicionera.

Sin embargo esta mañana había algo extraño que noté enseguida. por lo general me despierto bien llenito de pis, y con el grifo cerrado con candado, ja, ja, ja. Pero hoy no sentí entre mis piernas el bulto habitual, aunque sí tenía ganas de mear. ¡Qué raro! Cuando iba a incorporarme sentí otra rareza. De repente algo sobresalía en mi camiseta de dormir, y era algo que nunca había estado allí. Dos algos, para ser preciso. ¿Qué estaba pasando? No entendía nada y solo pude abrir la boca para gritar, pero mi vozarrón ronco y viril se había esfumado y en su lugar hizo aparición una voz tierna, delicada y mucho más aguda de lo habitual.

Me incorporé de un salto y corrí hacia el cuarto de baño. El espejo me dejó atónito, ¿o debería decir atónita? Frente a mí había una niña, no yo. Es decir, era yo, pero no era yo. Aquella niña se parecía a mí, tenía muchos de mis rasgos característicos: mi nariz afilada, mis ojos luminosos, mi melífero color de pelo, mis orejas pequeñas y perfectas…, pero al mismo tiempo todos esos rasgos tenían un aspecto más suave, más femenino. Era yo, pero no era yo.

Entonces pensé: “¿Cómo voy a explicarles esto a mamá Bea y a mamá Merchi? ¿Y a mis amigos? ¿Y a mis compañeros de equipo?”. Era una auténtica tragedia, tendría que dejar de hacer mi actividad favorita, el fútbol.

Lo único que deseaba en ese momento era estar durmiendo, y que todo aquello no fuese más que una pesadilla. Pero no.

La voz de mamá Merchi sonó desde el piso de abajo: “¡Luna, a desayunar!”. ¿Qué podía hacer? ¿Cómo iba a explicar esto?

Bajé con inseguridad y me dirigí a la cocina. Mis madres estaban ya sentadas a la mesa. Me miraron y me dieron los buenos días.

-¿Qué tal has dormido, cariño?- dijo mamá Bea.

Yo era incapaz de articular palabra, solo podía mirarlas alternativamente buscando en ellas un atisbo de sorpresa. Pero no. Estaban tan tranquilas, como si yo hubiese sido una niña desde siempre.

-¿Te encuentras bien, Luna? Tienes mala cara. Tal vez sea buena idea que hoy no vayas a clase…- Merchi siempre tenía excelentes ideas.

Volví a mirarlas y sentí que un amor inmenso me rodeaba. Ellas eran maravillosas y nunca te juzgaban por tonterías. Eso es ser madre, y lo demás, tonterías.

Entonces me di cuenta. Me habían llamado Luna en lugar de… ¿cómo me llamaba? ¿Qué sucedía? Ahora sí que no entendía nada.

Empecé a llorar desconsoladamente y Merchi y Bea enseguida se acercaron y me abrazaron.

-Tranquila, cariño. No pasa nada. Estás a salvo aquí, con nosotras.

Mamá Bea comenzó a explicarme, una vez me hube tranquilizado, qué sucedía. Hace dos meses tuvimos un grave accidente de tráfico y yo sufrí un fuerte traumatismo en la cabeza que ha tenido efectos sorprendentes. Desde entonces, cada mañana, me despierto con recuerdos falsos de niño, como si la parte de mi cerebro en la que reside una parte de mi identidad estuviese afectada. Recuerdo a mi familia, pero no me recuerdo a mí. Los médicos no saben qué hacer para ayudar en mi recuperación. Esperan que el tiempo pueda solucionar este problema, que no sea definitivo. Dicen que debemos confiar en la plasticidad del cerebro. De momento lo único que se puede hacer es cruzar los dedos, y esperar.       

miércoles, 13 de abril de 2022

Seguir siendo poeta

Si tuviera que despedirme ahora

no sabría por dónde empezar.

 

¿Cómo decir algo que importe

cuando el poema se dibuja

nítidamente

como una sucesión de silencios

encabalgados?

 

¿Cómo seguir siendo poeta?

 

Los amaneceres repiten su soniquete

tras otra noche de lujurias clandestinas

que no sacia soledades,

y cada mochuelo se retira a su olivo

con el estómago lleno

pero enfermo de vacío.

 

Los sueños languidecen 

cuando pierdes la memoria

y ya nada te sabe dulce;

cuando el presente se desdibuja

y vivir es un recuerdo

amargo que aturde.

 

No podemos volver atrás

y ser otros,

porque somos los que fuimos

para siempre,

apenas un instante

insulso y vano.

 

Todos los castillos acaban por derrumbarse,

asediados por la vida,

y los caminos otrora transitados

ofrecen un silencio sepulcral

y sendas que se desdibujan

entre pasto del recuerdo

y malas hierbas.

 

Nadie vive a salvo,

por mucho que se esmere,

de probar las dulces mieles de la derrota

y el desamparo.

Y todos danzaremos con la muerte,

más tarde,

o ahora.

 

Dios ha muerto

y descarto volver a verte,

sé que tus manos no volverán

a guiar mis pasos

vagamundos,

y en mi pecho hueco

no resonará tu voz.

 

¿Qué decir

cuando decir adiós no existe?

sábado, 2 de abril de 2022

Estaciones de paso

[El lunes, 28 de marzo, falleció mi abuelo. Tenía 97 años y una vida larga y plena a sus espaldas. Verle apagarse ha sido una de las experiencias más tristes que he sufrido. Para mí fue como un padre. Eso significa que ya he enterrado dos. La soledad y el camino esperan.]


Hoy siento frío

y no quiero escribir,

aunque escribo.

Ante mí un tiempo agreste,

un teatro vacío,

un silencio indeleble;

a mis espaldas, lo vivido.

 

Los paisajes amados

ya no serán los mismos

que descubrí de tu mano

cuando era apenas niño,

un mundo de sangre y de barro,

de trabajo duro y de cariño,

aquel mundo tuyo

que ahora es mío.

 

Lato acompasado

al son de tu reloj,

heredero de tu nombre

y de tus labios, 

parcos y sabios,

heredero de tu amor.

 

Tú viniste, viste, lloraste,

sufriste, reíste y follaste,

cantaste, mentiste,

perdonaste, amaste

y venciste.

Así sí se puede morir.

 

El tren se dispone a partir,

por nadie espera,

conviene ser puntual

y no quedarse en tierra.

 

Gracias, me decías 

cuando te besaba;

gracias, te digo 

por haberlo permitido.




martes, 22 de febrero de 2022

Las dos caras de una misma moneda

[Este texto nace de un ejercicio planteado en clase, con mis alumnos de 4º de ESO. Espero que lo disfrutéis. Sed indulgentes.]


Cuando uno se sienta a escribir siempre huele un poco a quijote. Algo hay de un idealismo absoluto y rebelde en el acto gratuito de compartir la propia visión del mundo. Ya sabéis, para el Quijote la palabra sí importa. Os he pedido que busquéis un/a quijote cercano/a y me escribáis sobre él o ella, y yo voy a hacer lo propio. Algunos me habéis preguntado si podíais incluir también una figura similar a Sancho. Por supuesto, os he dicho que sí, e incluso sonreía por dentro. Es difícil concebir un Quijote sin su Sancho, un Sancho sin su Quijote.

Algunos de vosotros y vosotras me habréis hablado de un abuelo, una tía loca, una amiga aventurera, o un profesor diferente. Vale. Está bien. Yo quiero ir un paso más allá y hablaros del quijote que mejor conozco. Y también de su fiel compañero de viaje.

No es muy relevante su físico, hay quijotes gordos y flacos, altos y bajos, feos y guapos... Con todo, él es un tipo bastante anodino, nada que se salga de lo corriente: mediana edad, media altura, ni gordo ni delgado, su rostro es equilibrado, con las cejas bastante pobladas, ojos marrones, pelo castaño, y día a día más escaso... Un hombre cualquiera. Quizá sí llame la atención su manera de vestir, un tanto informal para su edad: zapatillas de deporte, vaqueros, camisetas estampadas y coloridas... “No es el prototipo de tío serio y responsable, dudo que tenga un traje como dios manda”, imagino que pensará alguno al verle. A él le importa un pito y se viste de amarillo.

Lo que sí es más relevante son sus ideales, y lo que hace por intentar cumplir con ellos. Este sujeto definitivamente no es un hidalgo, ni pertenece a una antigua y rica familia, ¡ni siquiera es cristiano viejo! Si aún estuviera en funcionamiento el Santo Oficio iría apañado. ¿Qué ideales defiende entonces este tipo?

Por su historia personal, afrancesado; por convicción, ilustrado.

En pleno siglo XXI es normal escuchar en los medios a supuestos expertos hablar de rentabilidad, empleabilidad, de una inflación que pondrá en peligro el poder adquisitivo de los bolsillos de los pobres consumidores.

Él a veces llora y se pregunta dónde están los ciudadanos.

En pleno siglo XXI se acumulan las tecnologías nuevas y renuevas y tienes y necesitas y nunca llegas a un final, porque el único final es comprar.

Él a veces llora y se pregunta dónde está el amor.

En pleno siglo XXI hablamos y hablamos sin parar, pero ya no sabemos escuchar. Todo es ofensa. Solo queremos oír el aplauso de un público aquiescente, solo queremos un like. Las pantallas solo construyen pantallas, escaparates de vidas perfectas.

Él a veces llora y se pregunta dónde reside la verdad.

En pleno siglo XXI aún le debemos mil disculpas a cada mujer por ser persona, no por ser mujer; a cada negro por ser persona, no por su color de piel; al otro por ser persona, por querer, por desear, solo por ser.

Él a veces llora y se pregunta por qué.

Y aunque sabe que la guerra está perdida eligió sus armas con cuidado, abandonó la seguridad de su feudo, y se lanzó al polvo de los caminos, y al barro. Enseñar en estos tiempos tiene algo de romántico [Y también algo de catastrófico – Sancho dixit]. Cuando casi todo lo tienes al alcance de un botón es difícil comprender que el esfuerzo y el hacer las cosas paso a paso y en el orden correcto es fundamental. Es difícil comprender que de donde no hay, es un milagro sacar [Y somos más que ateos, mi señor – Sancho encore]. En un mundo de inmediatez absoluta en el que la cultura, de absorción lenta, resulta tediosa, inabarcable, lejana, vender poesía es una puta locura, y el que persevera en ello un absoluto demente. Pero a este fulano le importa cómo se dicen las cosas, porque ya se sabe, aunque sea lo mismo querer follarte que querer llevarte al huerto, no es lo mismo. Un auténtico vendedor de aire.

Y Sancho de la mano, que le recuerda el mundo y los límites de lo permisible, que le susurra que no sea excesivamente duro cuando corrige, que le inculca sentido y responsabilidad. Señor, no todo va a ser soñar, dicen que dice. Ponga los pies en la tierra y enseñe a estos niños a volar. Sábete, Sancho querido, que para enseñar hay que experimentar, que más sabe el diablo por viejo, que antes de ser fraile aprendí a cocinar. Sancho sabio. Sancho valiente. Sancho amigo. Sancho de la mano, marcando el camino. Sancho yo, mi, me, conmigo.

Todos y cada uno de nosotros somos un porcentaje Quijote y tenemos un Sancho, un Pepito Grillo que nos limita y nos permite convivir con el mundo más o menos en paz y, con suerte, ser un poco útiles, aportar algo de nosotros que merezca la pena aportar. Evidentemente habéis adivinado hace ya rato que mi quijote y mi Sancho están en mí, y en cada uno de vosotros. Y os confieso que deseo que ninguno de los dos se imponga, que se conozcan, que se admiren y que poco a poco se vayan acercando, haciéndose amigos, que se quieran. Probablemente ahí comience un viaje que pueda rozar la felicidad. Vividlo.

Álvaro

domingo, 13 de febrero de 2022

Una mirada cervantina

Ahora el tiempo sucede

y se multiplican las palabras

que vindican el vacío

de una existencia sin sino.

Todas las metáforas

resuenan insulsas

contra los muros de la patria mía,

un templo en ruinas.

Ya no sé quién soy.

Ya ni sé quién fui.

Devoré las páginas

de una historia nimia

y falaz,

y solo encontré

estridente silencio,

gritos ahogados,

un erial,

desolación.

¿Contra qué cargar

si no se ven molinos,

amigo Cervantes?

¿Y para qué?

No hay manera de cagarse y mearse

dignamente.

Nunca seremos héroes

porque la vida no es un cuento

y la muerte apenas importa si ya estás muerto,

pero duele si vives

y no hay bálsamo que lo alivie.

 

“Y luego, incontinente

caló el chapeo, requirió la espada,            

miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.”

martes, 25 de enero de 2022

Las exequias de la imaginación

No lamento el tiempo

que horada nuestras vidas,

que hace y que deshace,

que hiere y cura las heridas.

Vivimos a pecho descubierto,

volamos sin paracaídas,

corazones lanzados al aire,

versos ebrios de tinta.

Urdimos planes secretos

que huelen a vida de veras,

le robamos un instante a la muerte

y ya nos pensamos eternos.

Los dioses permanecen impávidos

y poco a poco asistimos a las exequias

de la imaginación,

un eco de nadie,

un epitafio en blanco.

Perdemos a veces el norte y la razón,

y asirse es fútil,

una locura propia de un artista insolente

que insiste en su despropósito

soberbio y altivo,

que escoge la dignidad de la derrota

y sonríe, zozobrando,

porque vivir es un arte.

No lamento el tiempo

que invierto en tu sonrisa

porque aunque no nos lleve lejos

este viaje maravilla

hemos surcado mares y atravesado desiertos,

hemos tocado fondo y hemos besado el cielo.

Y si tengo que elegir,

me vuelvo a quitar la camisa.

martes, 14 de septiembre de 2021

Una lección vital

a Juanín, in memoriam

 

Y aprende dignidad en tu derrota,

agradeciendo a quien te quiso

el regalo fugaz de su hermosura

Felipe Benítez Reyes

 

Quieto, Juan,

no te vayas todavía,

aún no se ha puesto el sol

y un verano eterno

nos regala su alegría.

 

La luna y las estrellas

desparraman su ironía

y creen seguir bailando,

inconscientes

de que ya despunta el día.

 

Alzamos nuestras copas

para brindar por esta ruina

y celebrar como leones,

rugiendo,

la dignidad de tus heridas.

 

A tu lado comprendimos

el sinsentido de esta vida

a lomos de una vespa

indómita

enarbolando una sonrisa.

 

Seguirás contando años,

haciendo planes, doblando esquinas,

escondido entre los tejes y manejes

de esta tribu

que te ama y lo atestigua.




martes, 27 de abril de 2021

Mi heroína

No compraba tiempo

cuando giraba sin rumbo

ajena a la música

en cualquier discoteca.

No perseguía el amor

cuando sonreía obscena,

abría las piernas

y no llevaba bragas.

No vendía el humo

que impregnaba

de vacío y silencio

sus noches más brunas.

Simplemente vivía.

Sin rencores

ni permiso.

Izaba a veces

un pabellón pirata

y por robar te robaba 

hasta el último aliento.

No tenía más ley

que el respeto que ofrecía,

ni dios, ni dueño, ni patria

que limitara sus sueños de paria.

No quería brillar

y ser la reina del baile,

pero sí quería bailar

por amor al arte.

Simplemente vivía.

Sin miedo

ni futuro.

martes, 23 de marzo de 2021

Poesía

Llegó sin ley,

canto festivo

que servía para no servir

y ser,

sin más.

Vino después herida,

untada en sangre,

ungida para nombrar lo inefable,

sagrada,

un germen de inmortalidad.

Sumar sentido.

Un mar sentido.

Cosmogonías del yo.

Terciopelo y ámbar,

tinta china e impostura.

Fue corazón,

con razón y sin razón,

y bendijo alcobas

que todo significaban

significando nada.

Amaneceres impíos

acechando metáforas del amor,

casi siempre equivocadas.

Fue olvido ahogado

en océanos de perdición,

un lugar común

para un poeta del montón.

Quiso ser también

martillo de brujos,

de indeseables,

de esta fiesta de disfraces

que llamamos mundo,

revelar y rebelarse,

ser aliento,

ser ráfaga de aire,

ser tú, ser él, ser yo.

Palabra juego,

palabra piedra,

palabra sangre.

Todo apunta al silencio.

miércoles, 3 de marzo de 2021

Ataraxia

Llueve.

Vives en Galicia.

Nada extravagante.

Ni para bien,

ni para mal.

Todo sucede.

 

Las espinas de la rosa

hacen sangrar,

y sonríes.

Y sonríes porque

has conseguido sangrar.

 

Vivir mata,

es cierto,

pero no hacerlo

es un suicidio,

bromeas,

inquebrantable

en este absurdo empeño.

 

Otras veces callas,

ausente,

porque solo el silencio

honra la palabra,

y permaneces,

como un faro

enfrentando la marejada,

aislado,

cercado,

siendo luz,

seguro de nada.

 

Todo tiempo acaba siendo ruina,

y nosotros solo fósiles con ínfulas,

dices, imperturbable,

mientras el mundo arde.

Al fin y al cabo, las cenizas regeneran.

miércoles, 6 de enero de 2021

El hilo

Todos los miedos se conjugan

cuando por fin comprendes

que vivir es morir,

que el porvenir no existe.

 

Entonces respiras,

aunque el aire que redime

abrase tus entrañas,

y aceptas el coste sobrehumano

que tiene soñar.

Y sueñas.

 

Después de todo,

solo existe este instante,

y es eterno

y absurdo,

como los recuerdos

que atesoras.

 

Una infancia lejana,

cristalizada,

llena de lugares comunes

y terrores contextualizados.

La verdadera patria.

La adolescencia

y las primeras ausencias.

El desamor.

La misma vieja historia,

repetida.

Los consabidos fracasos

y las pírricas victorias

que dibujan el halo

de cualquier vida

de esta noria.

Nada del otro mundo.

Pero tu mundo.

Tu movida,

tu historia.

Todo pendiendo de un hilo.

 

Y sonríes,

porque la promesa de una muerte cierta

solo confirma la vida

y el amor que aún respiras.

martes, 22 de diciembre de 2020

Ni siquiera llorar

Asistimos atónitos a las exequias

de un presente

que empieza a diluirse,

y permanecemos impertérritos

y equidistantes.

 

Por fin sabemos

que no existe la verdad,

que multiplicar panes y peces

es apenas cuestión de voluntad,

y que todo está perdido.

 

El mundo se va a la mierda

pero queremos tomar el sol

porque solo se vive una vez,

se muera quien se muera.

Parece que todo está perdido.

 

¡Celebremos la estúpida humanidad!

¡Bendigamos el apocalipsis!

 

Los profetas gritan sus proclamas

agitando a la turba agonizante

mientras los estetas miran altivos

buscando un horizonte

que no ha de llegar,

y languidecen

hastiados.

 

Pronto nada tendrá sentido,

ni siquiera llorar.

lunes, 28 de septiembre de 2020

ya no sé sangrar...

ya no sé sangrar,

solo callo lo que digo,

y me corro

derramando nada.

Las quimeras

son seres mitológicos

y llueve afuera.

No hay ventanas

tras las que guarecerse

y todo el frío se instala.

Los corazones apenas laten

y el eco de su silencio

reverbera

al compás de marchas fúnebres.

camino contra un viento

que corta y calla,

pierdo norte y asideros,

y me diluyo entre una niebla gris

que anonada.

Decrépitos se antojan los sueños

que languidecen

sitiados por una inmensa pesadilla.

¿Adónde mirar, que no nos duela?

Las calles pobladas de sombras

chirrían

holladas por zapatos veloces

y temerosos.

¿Y cómo no claudicar al miedo? 

viernes, 1 de mayo de 2020

Te quiero ahora

No soy hombre de lunas de fresa,
de ramos de flores
y promesas eternas,
de morirme de amor por los rincones.

Cuando pienso en conquistar,
intuyo la guerra.

Por eso te hago pan,
con miga blanca y tierna,
y el verte comer
huele a primavera.
Por eso te hago (de) reír
disfrazado de verbena,
aunque sienta ganas de aullar,
embargado por la pena.
Por eso, cuando tú lloras,
callada y ajena,
yo solo permanezco,
distante, a tu vera.

Cuando pienso en parasiempres,
intuyo la muerte.

Te quiero ahora.
Cuando me miras con odio,
y sé que no mientes;
cuando te acercas y me tocas,
vestida de verde;
cuando no te entiendo
y no tengo ganas de entenderte;
cuando yo quiero un hijo,
y tú no lo quieres.

Te quiero ahora,
ahora muchas veces.

Tentar al destino
es cosa de valientes.

martes, 21 de abril de 2020

Verbenas ajadas

Casi muero de silencio
e inanición,
y el aire no sustenta
la efímera esperanza
de existencia
de un coleóptero.
Los lamentos no nos sirven
ni nos sacian,
y la luna se antoja
una quimera
en los tiempos del pan.
Y sin embargo 
los ecos reverberan
añorando
ajadas verbenas
que en la memoria
lucen de gala.
Y nada es real,
salvo, quizá,
aceptar el hambre,
arropar el silencio.
Sobrevivir 
cercenando versos.

martes, 7 de abril de 2020

El Secreto

Vinimos a adueñarnos del mundo.
Vinimos, vimos y vencimos.
Dijimos tierra,
dijimos agua
y dijimos fuego.
Hablamos de ira y amor,
de alegría, de dolor,
de desidia y de deseo.
Y dijimos que era nuestro,
todo es nuestro.

Aprendimos a inventarnos la esperanza,
a quebrar el quebranto
con los ojos cerrados,
y nos pusimos en manos de dioses mancos.

Ya suenan las trompetas de Jericó
al ritmo de los tambores de guerra.

Ahora la cultura es un susurro,
apenas audible,
que calla su más íntima verdad.

Vino el silencio a recordarnos el vacío
y el amor impostado.
Nunca creímos nuestra suerte
y conjuramos entonces anhelos inertes,
queríamos volver a ninguna parte,
a nuestro mundo breve.

Deambulamos envueltos por una niebla espesa
que nos niega el horizonte
y apenas conseguimos balbucir
y tentar para no perder un norte
que se diluye,
que reverbera.

Las calles permanecen ajenas
y los semáforos aún escupen su verbena,
pero nadie aplaude,
las ventanas esconden su miseria
y nuestro monstruo cobarde,
y ya nadie aplaude.

Mientras tanto, ensimismados,
los cronistas del apocalipsis
se apresuran a escribir su novela
-o su poema-,
soñando dulces y verdes laureles
en un por venir que nunca llega.

No sabemos quiénes fuimos,
ni quiénes vamos a ser,
pero ya no sonreímos recordando.
Ahora somos agua,
y aire,
apenas nada.

No hay más secreto que la nada:
todo es uno,
uno es nada,
todo es nada.