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domingo, 8 de junio de 2025

Jugar

Casi me olvido de jugar

orillado por un mundo

que aturde,

casi pierdo una metáfora

y una sinestesia

ahogándome

en un mar de certezas.

El fulgor de antaño

es ascua hoy.

Y sin embargo.

 

Estoy mayor

para soñar a pierna suelta

y redimirme.

Nunca nadie ha ganado

la contienda

contra el tiempo

y su condena.

 

Estoy mayor

para escribir este poema

y tomar en serio

al poeta que hay en mí,

balbuciendo

cuatro versos sin sentido.

 

Y probablemente 

estoy mayor

también para ganarme

los deseos que aún deseo:

tu cuerpo junto al mío

mientras nacen tres palabras;

tierra para crecer;

aire para volar;

lápiz y papel.

 

Y sin embargo,

solo a veces,

el tiempo es infinito

y puede ir al revés

y el juego,

casi ya olvidado,

se reinventa.

Y palabra tras palabra

el poema se escribe

y arde.

 

Y yo vuelvo a ser poeta.

martes, 12 de noviembre de 2024

A veces...

A veces me siento joven
y observo el futuro con esperanza
a pesar de casi todo

del tedio que me invade
cuando me olvido de cantar
y la vida sabe a borrador
de mal gusto

del dolor que aflige
al que lo infringe
y destila absurdo
que embriaga

del sinsentido
de sobrevivir en verso
de pie
y alma quebrada

del humo que anonada
y oculta
la única verdad 
de la que escapas

¿quién eres?

A veces me siento viejo
y envidio el tiempo
que otros temen

el de las mentiras
disfrazadas de luz
incandescente
y noches eternas

el de un espejo
que te hace feliz
aunque tú no lo sepas
aún

el de una música
que importa
y erige sueños
catedrales 

el del amor obsceno
que quema
y que amamanta
que desvela

¿qué quieres?

No busques respuestas


domingo, 14 de abril de 2024

Contradicción

Hace tiempo que no sueño

y vivo a medias,

asediado por la nada,

ajeno a mí

y al tiempo.


Los suburbios te atrapan

dibujando simulacros

que huelen a vida,

que parecen vida,

que quieren ser vida,

y no.


No puedes buscar respuestas

si no encuentras las preguntas,

si has perdido toda senda,

si ya solo siembras 

-y recoges- 

amargura.


No puedes huir,

aunque quieras.

Tú eres tu condena.


No quiero celebrar un desvarío

que vomita ceniza

que tizna el aire

que respiras,

pero aquí estoy,

aquí estás,

aquí estamos.

Aún.


Ya no bendigo la palabra

si no la pronuncia un alma

que no toque con las manos,

que no mire con los ojos,

que no bese con los labios


Hace tiempo que no escribo

solo por no callar y

necesito sangrar lo que digo.

Carácter y destino.

Hace tiempo que respiro

y no respiro.


domingo, 13 de febrero de 2022

Una mirada cervantina

Ahora el tiempo sucede

y se multiplican las palabras

que vindican el vacío

de una existencia sin sino.

Todas las metáforas

resuenan insulsas

contra los muros de la patria mía,

un templo en ruinas.

Ya no sé quién soy.

Ya ni sé quién fui.

Devoré las páginas

de una historia nimia

y falaz,

y solo encontré

estridente silencio,

gritos ahogados,

un erial,

desolación.

¿Contra qué cargar

si no se ven molinos,

amigo Cervantes?

¿Y para qué?

No hay manera de cagarse y mearse

dignamente.

Nunca seremos héroes

porque la vida no es un cuento

y la muerte apenas importa si ya estás muerto,

pero duele si vives

y no hay bálsamo que lo alivie.

 

“Y luego, incontinente

caló el chapeo, requirió la espada,            

miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.”

martes, 27 de abril de 2021

Mi heroína

No compraba tiempo

cuando giraba sin rumbo

ajena a la música

en cualquier discoteca.

No perseguía el amor

cuando sonreía obscena,

abría las piernas

y no llevaba bragas.

No vendía el humo

que impregnaba

de vacío y silencio

sus noches más brunas.

Simplemente vivía.

Sin rencores

ni permiso.

Izaba a veces

un pabellón pirata

y por robar te robaba 

hasta el último aliento.

No tenía más ley

que el respeto que ofrecía,

ni dios, ni dueño, ni patria

que limitara sus sueños de paria.

No quería brillar

y ser la reina del baile,

pero sí quería bailar

por amor al arte.

Simplemente vivía.

Sin miedo

ni futuro.

lunes, 19 de marzo de 2018

Te sigo

No tengo palabras
que describan el silencio inabarcable
que tu nombre invoca.

La luz ciega
y permanecemos inmóviles,
aterrados.
No pudimos preverlo
ni supimos soñarlo.

Acepto la sumisión
terca y fútil
al espíritu de la rebeldía,
al verso impune,
al tiempo suicida.

Al fin y al cabo,
no nacimos ayer.

Suenan tambores de guerra,
para quien los sepa escuchar,
suenan adagios de paz.

El absurdo se entrevera
inconsistente
y cada paso se hace tibio
y reverbera.
Urge el instante.

Maldigo al espejo,
traidor y miserable,
que revela sin piedad,
que destruye sin ambages,
ahora
que ni los sueños
sueños son.

Perdemos primero la razón
y olvidamos nuestras metas,
luego perdemos la conciencia
y buscamos la razón.
Ironías de un destino
que nunca jamás existió.

Parco en odios,
en amores y en amigos,
extemporáneo,
adicto al olvido,
camino de la nada,
te sigo.

martes, 20 de febrero de 2018

El ruido

Suplico silencio
y me retraigo.
Todo urge.
Afuera apremia el tiempo,
quizá llueva.
Los semáforos regulan
el flujo constante
de preocupaciones huecas,
de huellas perdidas.
Huele absurdo.
Patriotas paren banderas
y el público aplaude
su panoplia
de medias mentiras
que disfrazan
sus medias verdades.
No es tiempo de poesía,
dicen,
militantes,
jueces por derecho,
divina sea la parte.
Y yo suplico silencio,
y me retraigo.
Ni me escondo
ni me niego,
pero aborrezco el ruido.

jueves, 17 de agosto de 2017

Mirar hacia atrás


Todas las trompetas claman venganza,
y el clamor se hace sangre
que palpita y enardece,
que subleva y limpia
una voz destilada en desamparo.

No cambio de tema.
Sigo ajeno a un mundo que me ignora.
No queda tiempo para otro borrón
y la cuenta desborda impagos.
¿Quién lo iba a decir?

Mis nietos miran,
ingenuos,
condescendientes,
y no ven más que futuro,
y yo callo,
y casi otorgo.

A estas alturas el silencio se impone.
El tiempo se impone
y no queda otro remedio
que mirar hacia atrás.

Y todos los plazos se cumplen,
y todas las deudas se pagan.

Mis nietos hablan,
seguros,
hastiados,
y no veo más que pasado,
y yo callo,
y casi otorgo.

jueves, 1 de junio de 2017

El Escultor

a Fernando, con gratitud y reconocimiento.
No nos diremos adiós,
ambos sabemos que existe
esotra vida tercera,
una fama bien ganada
en pos de un alabastro
que nunca se deja moldear.

Serás mañana lo que fuiste ayer,
tierra, humo, apenas nada,
pero, ¡ay de las palabras
que a fuer de ir a la fuente
van construyendo nuestro ser,
nuestro estar!

¿Cuántos vividos monumentos?
¿Cuánto olvido recordado?
¿Cuántos “Chicos, en silencio”?
¡Cuánto presente en el pasado!

A veces me recuerdas al Quijote
vilmente disfrazado de Quijano,
azote del pensar simplificado,
sabio de gaita y estrambote.

Ahora,
cuando el péndulo inexorable,
como una espada de Damocles,
nos regala una lágrima que, 
sin embargo, 
conjura una sonrisa
que se sueña ajena al tiempo,
que es memoria inoculada,
aprendemos de nuevo a ser.

Existe el camino que has andado,
a pesar de una memoria que se afana
en deformar secreta el recuerdo.
Existe cada mirada que comprende.
Y existes,
hasta que la última luz se apague,
y ya no importe.

lunes, 29 de mayo de 2017

UNA MAÑANA / UNA MAÑANA

[Texto armado/amado a dos manos con absoluta libertad, incansable regocijo y algo más que cariño sincero. Es un placer escribir cuando las palabras significan más que las palabras. Es un placer vivir cuando el aire huele a libertad. Es un placer soñar cuando no importa despertar. Disfrutémoslo.]

Las olas vienen y van, rompen todo a su antojo. Y no puedes prever lo que va a pasar.
La marea deja revuelto el fondo, tú no puedes respirar. Y la sensación de ahogo no te asusta, eso es lo que más miedo te da.

Te dejas llevar. Te dejas hacer. Nada puede ir ya a peor. De repente, una flor. La primavera. Nadie sabe cuando llega. No hay profecía que anuncie la primavera. Ni Guardia de la Mañana. Pero sucede. También a ti. Y, aunque sea un sueño, no es un sueño. Aunque sea mentira es Aletheia. La verdad más pura en vena. Una sobredosis de vida. Da vértigo, pero quieres otro chute.

Sin embargo, sabes que no es gratis. No será fácil volver a disfrutar del sol, del olor de las flores, del frío aliento del mar en tu cuerpo.
Tendrás que arriesgar la piel, tendrás que asomarte al abismo y resistirte a saltar, cuando de lo único que tienes ganas es de volar.
Tendrás que abrir de nuevo tu pecho y dejar que entre la luz, cuando tu corazón se había acostumbrado ya a la oscuridad.
Es tan sencillo dejarse llevar, no pensar, cerrar los ojos y dejar de respirar…

Te miras al espejo y descubres que habías olvidado dudar. Sonríes. El espejo está de buen humor últimamente. Dudas. Sonríes. Mecánicamente. La vida ya no huele tan mal, al fin y al cabo. Buen provecho, te dices. Y sonríes.
La inercia se ha ido. El deseo conquista el campo de batalla. La guerra nunca termina. Es momento de alzar nuestras copas y brindar sin mesura bajo el sol y la luna. Sonríes. Dudas. Vives.

Vives las dudas como si fueran verdad.
Y te dicen que sonrías, que todo pasa, que todo llega. Y les tienes que creer, porque la alternativa no es mejor. ¿O sí?
Y de pronto una mañana la duda ya no existe, la sonrisa no es forzada, las lágrimas hace días que no asoman.
Y esa mañana lo tienes todo claro. Sabes lo que has de hacer, sabes cuándo y a dónde has de ir. Sabes cómo tiene que ser el final.
¿Te vas a atrever? ¿Por fin vas a acabar con todo? ¿O, como siempre, en el último instante, vas a negarte la oportunidad?

De cualquier manera hay que comer. A regañadientes te vistes el uniforme de vivir y abandonas por un instante que sabe a eternidad el sueño inesperado que acabas de descubrir. Dejas el filo del abismo pensando que seguirá ahí cuando puedas volver, que ojalá siga, que tiene que seguir. Y dejas que el ritual se repita. Y comienzas a amar su liturgia. Después de todo, vivir es vivir.

Y cuando por fin te decides, vivir cobra un nuevo significado. Ya no es sólo respirar, comer y dormir.
De repente vivir también es soñar, oler, reír, jugar y bailar.
Los latidos de tu corazón ya no suenan mecánicos, suben y bajan, golpean en tu pecho de forma inesperada y descontrolada.
Tus ojos descubren una nueva realidad, más brillante, más colorida, más fácil de tragar.
Tu piel ya no se encoge con el frío del viento, lo disfruta. Descubres también el calor del sol. La piel de gallina surge a cada poco y ya no es tu enemiga.
Y de repente, vivir ya no cuesta, ya no pesa. Descubres lo que puede ser la felicidad.

Antes, una palabra tan hueca como tu pecho. Ahora, tan llena como tu pecho. Ironías del destino, ironías del carácter. Después de todo, ¿qué importa el mundo cuando de veras el mundo importa?
Sientes la vida recorrerte e inundarte. La piel vuelve a estar ahí, dispuesta; el estómago ávido y nervioso; las manos, interrogantes. Los ojos más abiertos que nunca incluso cuando los cierras en cada beso que hurtas a la cordura. ¡Viva esta locura! ¡Viva la vida!
No lamentas. No lloras (salvo en el cine). No preguntas. Ya no buscas soluciones ni conspiras en silencio contra Fortuna, neciamente. Das un paso. Respiras. Das otro paso. Sonríes. Uno más. Y sí. Quizá tropiezas. Quizá caes. Quizá. Pero sonríes. Al fin sabes. Te levantas, y vuelta a empezar.


por Arantxa Buján Márquez

y Álvaro Montoya Rodríguez