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martes, 22 de diciembre de 2020

Ni siquiera llorar

Asistimos atónitos a las exequias

de un presente

que empieza a diluirse,

y permanecemos impertérritos

y equidistantes.

 

Por fin sabemos

que no existe la verdad,

que multiplicar panes y peces

es apenas cuestión de voluntad,

y que todo está perdido.

 

El mundo se va a la mierda

pero queremos tomar el sol

porque solo se vive una vez,

se muera quien se muera.

Parece que todo está perdido.

 

¡Celebremos la estúpida humanidad!

¡Bendigamos el apocalipsis!

 

Los profetas gritan sus proclamas

agitando a la turba agonizante

mientras los estetas miran altivos

buscando un horizonte

que no ha de llegar,

y languidecen

hastiados.

 

Pronto nada tendrá sentido,

ni siquiera llorar.

sábado, 31 de octubre de 2015

Río Miseria

Sólo sé que tengo miedo
y cada paso desgarra mi alma
con el silencio cómplice de dios.
Camino con los ojos cerrados
para intentar no ver el precipicio,
que se frota las manos.
Ni las aguas de este mar se abren
ni hay profeta que prometa
sin plata de por medio,
y la plata no se come,
la plata no se come.
Las ilusiones van muriendo en las cunetas,
y se quedan allí, sin más,
con los ojos bien fijos, muy abiertos,
buscando un recuerdo lejano y cercano.
Somos un río de miseria,
agua sucia que nadie quiere en su playa,
materia fecal.
Los pies han dejado de doler
pero el alma se desangra.
No hay destino en este viaje sin retorno,
ya nunca seremos los que fuimos.

martes, 3 de febrero de 2015

Juan, o cualquiera

Juan se despierta, se levanta y piensa
por qué no,
otro día más no pesa,
hoy solo toca hoy.

A veces se viste de traje
y sale a comerse el mundo de un bocado,
a seducir a la muerte con manos de cirujano,
a gobernar el eterno desgobierno,
a diseñar puentes que unan deseos.

A veces se viste de faena
y amasa pan para tu boca,
te sirve café con magdalenas,
te escribe la vida en una hora
y dibuja el destino de tu viaje.

Juan es alérgico a profetas,
sabe que respira
y se inventa sus recetas,
siempre propias,
siempre nimias,
para no cortarse de un tajo la vida.

Juan es nadie y es cualquiera,
un instante de un instante,
una enredadera en la memoria,
el principio del fin de la historia,
otro vagamundo del arte
noble y vil de la supervivencia.

Juan se acuesta cada noche
orgulloso de su amada intrascendencia.