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jueves, 25 de enero de 2024

El fraude

Una palabra

no acude a la llamada

y permanece ausente

impertérrita

en su nada.


Afuera

todo sucede,

nada se detiene,

como si el poema

no importara,

como si la vida

no importara

o

como si la muerte

no importara.


Mientras tú haces el amor,

o follas desesperadamente,

mientras bebes y bebes

y vuelves a beber, hasta desfallecer,

mientras crías tus cuervos,

mientras cuentas tus tesoros

y preparas tus ojos,

yo busco

una palabra

que se escapa.


Se vive bien en Nigrán.

Define oración impersonal.

Silencio

gritando silencio.

El sonido de los sueños

al quebrarse.

Los naufragios.

Ser y estar.


Solía ser poeta

cuando creía en la poesía.

Era un fraude.


miércoles, 13 de abril de 2022

Seguir siendo poeta

Si tuviera que despedirme ahora

no sabría por dónde empezar.

 

¿Cómo decir algo que importe

cuando el poema se dibuja

nítidamente

como una sucesión de silencios

encabalgados?

 

¿Cómo seguir siendo poeta?

 

Los amaneceres repiten su soniquete

tras otra noche de lujurias clandestinas

que no sacia soledades,

y cada mochuelo se retira a su olivo

con el estómago lleno

pero enfermo de vacío.

 

Los sueños languidecen 

cuando pierdes la memoria

y ya nada te sabe dulce;

cuando el presente se desdibuja

y vivir es un recuerdo

amargo que aturde.

 

No podemos volver atrás

y ser otros,

porque somos los que fuimos

para siempre,

apenas un instante

insulso y vano.

 

Todos los castillos acaban por derrumbarse,

asediados por la vida,

y los caminos otrora transitados

ofrecen un silencio sepulcral

y sendas que se desdibujan

entre pasto del recuerdo

y malas hierbas.

 

Nadie vive a salvo,

por mucho que se esmere,

de probar las dulces mieles de la derrota

y el desamparo.

Y todos danzaremos con la muerte,

más tarde,

o ahora.

 

Dios ha muerto

y descarto volver a verte,

sé que tus manos no volverán

a guiar mis pasos

vagamundos,

y en mi pecho hueco

no resonará tu voz.

 

¿Qué decir

cuando decir adiós no existe?

miércoles, 6 de enero de 2021

El hilo

Todos los miedos se conjugan

cuando por fin comprendes

que vivir es morir,

que el porvenir no existe.

 

Entonces respiras,

aunque el aire que redime

abrase tus entrañas,

y aceptas el coste sobrehumano

que tiene soñar.

Y sueñas.

 

Después de todo,

solo existe este instante,

y es eterno

y absurdo,

como los recuerdos

que atesoras.

 

Una infancia lejana,

cristalizada,

llena de lugares comunes

y terrores contextualizados.

La verdadera patria.

La adolescencia

y las primeras ausencias.

El desamor.

La misma vieja historia,

repetida.

Los consabidos fracasos

y las pírricas victorias

que dibujan el halo

de cualquier vida

de esta noria.

Nada del otro mundo.

Pero tu mundo.

Tu movida,

tu historia.

Todo pendiendo de un hilo.

 

Y sonríes,

porque la promesa de una muerte cierta

solo confirma la vida

y el amor que aún respiras.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Caminantes

El alarde,
el alarido
y algo más fuerte que una cerveza.
El ocaso promete amaneceres
y el fénix se regodea,
despreciando a la propia muerte.
La vida,
lo vivido
y los sueños que alimentan.
El deseo construye moradas
que jamás reflejan
la verdad de nuestras almas.
Escribir,
lo escrito,
una mentira disfrazada de certeza.

Porque caminar no es el camino.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Inadaptados, miserables y desertores

Anochece y yo amanezco
aún aturdido
por los estertores de la tarde,
intravenoso,
cáustico,
empedernido.

Los silencios magnifican
los trágicos galimatías
domésticos
que se escudan 
tras las ventanas pálidas
o incandescentes.

El mundo respira.
La luna despereza a los inadaptados,
a los miserables
y a los cobardes desertores
que rehúyen el combate.

Todos los gatos se saben pardos
y maúllan a coro,
y sin miedo.

Los jueces se encierran
para defender su buen juicio
tras un parapeto
de elegante intolerancia,
y juzgan.
Juzgan y sojuzgan.

La policía patrulla
las calles bien iluminadas
para imponer una ley
que nadie conoce
y nadie respeta.

La vida –el amor-  se hace –y se deshace-
en cada esquina,
en lo oscuro,
y germina.
Amanece, y yo anochezco.

martes, 8 de mayo de 2018

Se jugaba la vida

Deambulaba entre las gentes
que pierden la memoria
sin un ápice de remordimiento,
y sonreía a diestros y siniestros,
alegrándose la vida.

Los unos lo tachaban de inconsciente,
de inmaduro o infantil,
incapaz de líneas rectas,
soñador empedernido,
un mal ejemplo que seguir.

Los otros lo acusaban de demente,
cuestionaban su derecho a existir
más acá de una etiqueta
que define, que encierra, que niega
la luz de su candil.

Algunos, condescendientes,
lo miraban de soslayo
y a media voz, displicentes,
murmuraban insultando:
…un poeta…

Era feliz siendo nadie,
un instante incandescente
cuyo rastro se pierde
tras una ráfaga de aire.

Hablaba con los ojos.
Soñaba con palabras.
Se jugaba la vida.

sábado, 21 de abril de 2018

Conmiseración

La llama baila y arde el aire
que enardece los espíritus
e inflama la razón,
que quema la esperanza.

Amanece,
y los psicópatas se acicalan,
se perfuman,
se disfrazan.
La vida traquetea repetida.

Se encienden todos los escaparates,
pasen y vean,
si encuentra algo mejor, cómprelo,
no se atreva a no mirar,
desea.

La palabra se aligera y se bifurca,
dice lo que oculta
y se vacía,
harta de sí misma.

Casi nunca nos miramos a los ojos
por miedo a que nos vean.

Todavía no queda tiempo para perder,
aún es tarde.
Compréndelo.

Urge la emergencia.
Hacer el amor cuando hablas,
cuando sueñas y cuando trabajas,
hacer el amor por fe y a conciencia,
sin vergüenza y con las mismas ganas
contigo y con usted, sin preferencias.
Emerge la urgencia.

Sin embargo, quiéreme.  

martes, 27 de marzo de 2018

La batalla

Lázaro, levántate y anda,
que la muerte
no le gane a la vida
esta batalla.
Terribles son los desiertos que cruzamos
persiguiendo espejismos 
sin un buen beso que humedezca la boca,
que redima la existencia.
Funestos los naufragios
en aguas siempre gélidas
persiguiendo sirenas
que te comen el alma
y te comen las ganas.
Paisajes invernales
que ofrecen silencio
y un amplio abanico de metáforas
para pintar otro fracaso
que huela a obra maestra.
Sin embargo, 
no sabemos morir.
Permanecemos extáticos
buscando una caricia,
ese recuerdo imaginado,
la palabra de aquel poeta.
Nos aferramos a un tal vez
y boqueamos.
Nos inventamos un tal vez
y respiramos.
Lázaro, no claudiques de viejo,
no empeñes la pluma,
no firmes la baja.
Al fin y al cabo,
no sabemos morir.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Invocaciones

Abajo está la calle,
ese mundo en el que somos extranjeros
pero disimulamos,
y nos escondemos.

Yo no sé salir.
Yo no sé volar.
Yo no sé bailar.
Canciones infantiles con su ritmo de fuego,
con su fuego que arde,
con sus miedos de hielo,
atenúan un silencio suave y austero.

La luna no aparece.
Los amantes se oscurecen.

No hay besos clandestinos
y las callejas permanecen desnudas,
arrasadas,
extravagante y elocuentemente puras,
vacías de sentido.

Porque no acudes cuando te llamo
aún te invoco
y te acecho en cada vida
que atesoro,
que me invento y me suicida.

Las palabras son embriones.
Las palabras son ataúdes.
No hay destino sin carácter
ni carácter sin destino,
no hay poeta sin herida,
y la sangre nunca es vino.

No socorres mis desvelos,
no bendices la tristeza,
no disfrazas un orgasmo.
No tienes piedad.

El amor es sordo,
y es ciego,
pero no sabe callar.

sábado, 14 de octubre de 2017

We can be heroes


Todo silencio es acuífero
cuando la luna viste elegante
y el tiempo se contrae
azuzando la nausea.

Los siempre y nunca se atenúan
y reflejan solo la belleza del instante,
como si vivir, como si escribir
fueran actos de rebeldía.

No objetamos por conciencia
ni por miedo, no sabemos
negarnos a ser vuelo,
a ser todo siendo nada,
un sueño que reverbera
al despertar en la mañana
y te endulza la boca,
un final feliz de comedia,
el inicio de una buena historia.

No vinimos a quedarnos,
a ser nombres en libros de texto,
nunca fuimos héroes.
Nunca lo seremos.

Ganamos aquello que perdemos,
la vida apostada a doble o nada
con cara de póker y farol,
un tiempo que fluye y resbala
como arena entre los dedos.

Ya no esperamos el éxito
si triunfar significa una muerte
de jardines y epitafios,
solo postergamos el momento
de entregarnos a una eternidad
que no bese en los labios.

Juntos, asidos de la mano,
sin alas para volar,
ya casi sin sueños,
y sin embargo volamos,
sin embargo soñamos.

martes, 8 de agosto de 2017

Si yo te contara...

Si yo te contara
que la noche no es eterna
y los amaneceres valen la pena,
que no cierres los ojos
aunque el sol deslumbre,
aunque la vida duela,
¿me creerías?

¿Sabes? Yo también nací
dispuesto a ser quien era,
a mojarme en el otoño,
a languidecer en invierno
y renacer en primavera,
flor de un agosto marcesible
que se quiebra.

Renegué de las certezas
que revelan los caminos
que niegan su condena,
todos fuimos fugitivos
perseguidos por su sombra
en las albas de verbena.

Malvendí mis delirios
en oscuros tratos de portal,
aposté la bolsa y la vida
y perdí la dignidad,
la razón y la alegría.
Siempre el mismo cuento
que quiso ser poesía.

Si supiera decirte
que no existen secretos,
ni palabras mágicas,
ni filtros de amor,
que nada es perfecto,
que la lluvia moja
y que quema el sol,

entonces podrías matarme,
quemar mi cadáver
y cantar mi canción.

lunes, 29 de mayo de 2017

UNA MAÑANA / UNA MAÑANA

[Texto armado/amado a dos manos con absoluta libertad, incansable regocijo y algo más que cariño sincero. Es un placer escribir cuando las palabras significan más que las palabras. Es un placer vivir cuando el aire huele a libertad. Es un placer soñar cuando no importa despertar. Disfrutémoslo.]

Las olas vienen y van, rompen todo a su antojo. Y no puedes prever lo que va a pasar.
La marea deja revuelto el fondo, tú no puedes respirar. Y la sensación de ahogo no te asusta, eso es lo que más miedo te da.

Te dejas llevar. Te dejas hacer. Nada puede ir ya a peor. De repente, una flor. La primavera. Nadie sabe cuando llega. No hay profecía que anuncie la primavera. Ni Guardia de la Mañana. Pero sucede. También a ti. Y, aunque sea un sueño, no es un sueño. Aunque sea mentira es Aletheia. La verdad más pura en vena. Una sobredosis de vida. Da vértigo, pero quieres otro chute.

Sin embargo, sabes que no es gratis. No será fácil volver a disfrutar del sol, del olor de las flores, del frío aliento del mar en tu cuerpo.
Tendrás que arriesgar la piel, tendrás que asomarte al abismo y resistirte a saltar, cuando de lo único que tienes ganas es de volar.
Tendrás que abrir de nuevo tu pecho y dejar que entre la luz, cuando tu corazón se había acostumbrado ya a la oscuridad.
Es tan sencillo dejarse llevar, no pensar, cerrar los ojos y dejar de respirar…

Te miras al espejo y descubres que habías olvidado dudar. Sonríes. El espejo está de buen humor últimamente. Dudas. Sonríes. Mecánicamente. La vida ya no huele tan mal, al fin y al cabo. Buen provecho, te dices. Y sonríes.
La inercia se ha ido. El deseo conquista el campo de batalla. La guerra nunca termina. Es momento de alzar nuestras copas y brindar sin mesura bajo el sol y la luna. Sonríes. Dudas. Vives.

Vives las dudas como si fueran verdad.
Y te dicen que sonrías, que todo pasa, que todo llega. Y les tienes que creer, porque la alternativa no es mejor. ¿O sí?
Y de pronto una mañana la duda ya no existe, la sonrisa no es forzada, las lágrimas hace días que no asoman.
Y esa mañana lo tienes todo claro. Sabes lo que has de hacer, sabes cuándo y a dónde has de ir. Sabes cómo tiene que ser el final.
¿Te vas a atrever? ¿Por fin vas a acabar con todo? ¿O, como siempre, en el último instante, vas a negarte la oportunidad?

De cualquier manera hay que comer. A regañadientes te vistes el uniforme de vivir y abandonas por un instante que sabe a eternidad el sueño inesperado que acabas de descubrir. Dejas el filo del abismo pensando que seguirá ahí cuando puedas volver, que ojalá siga, que tiene que seguir. Y dejas que el ritual se repita. Y comienzas a amar su liturgia. Después de todo, vivir es vivir.

Y cuando por fin te decides, vivir cobra un nuevo significado. Ya no es sólo respirar, comer y dormir.
De repente vivir también es soñar, oler, reír, jugar y bailar.
Los latidos de tu corazón ya no suenan mecánicos, suben y bajan, golpean en tu pecho de forma inesperada y descontrolada.
Tus ojos descubren una nueva realidad, más brillante, más colorida, más fácil de tragar.
Tu piel ya no se encoge con el frío del viento, lo disfruta. Descubres también el calor del sol. La piel de gallina surge a cada poco y ya no es tu enemiga.
Y de repente, vivir ya no cuesta, ya no pesa. Descubres lo que puede ser la felicidad.

Antes, una palabra tan hueca como tu pecho. Ahora, tan llena como tu pecho. Ironías del destino, ironías del carácter. Después de todo, ¿qué importa el mundo cuando de veras el mundo importa?
Sientes la vida recorrerte e inundarte. La piel vuelve a estar ahí, dispuesta; el estómago ávido y nervioso; las manos, interrogantes. Los ojos más abiertos que nunca incluso cuando los cierras en cada beso que hurtas a la cordura. ¡Viva esta locura! ¡Viva la vida!
No lamentas. No lloras (salvo en el cine). No preguntas. Ya no buscas soluciones ni conspiras en silencio contra Fortuna, neciamente. Das un paso. Respiras. Das otro paso. Sonríes. Uno más. Y sí. Quizá tropiezas. Quizá caes. Quizá. Pero sonríes. Al fin sabes. Te levantas, y vuelta a empezar.


por Arantxa Buján Márquez

y Álvaro Montoya Rodríguez