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martes, 21 de abril de 2020

Verbenas ajadas

Casi muero de silencio
e inanición,
y el aire no sustenta
la efímera esperanza
de existencia
de un coleóptero.
Los lamentos no nos sirven
ni nos sacian,
y la luna se antoja
una quimera
en los tiempos del pan.
Y sin embargo 
los ecos reverberan
añorando
ajadas verbenas
que en la memoria
lucen de gala.
Y nada es real,
salvo, quizá,
aceptar el hambre,
arropar el silencio.
Sobrevivir 
cercenando versos.

martes, 8 de mayo de 2018

Se jugaba la vida

Deambulaba entre las gentes
que pierden la memoria
sin un ápice de remordimiento,
y sonreía a diestros y siniestros,
alegrándose la vida.

Los unos lo tachaban de inconsciente,
de inmaduro o infantil,
incapaz de líneas rectas,
soñador empedernido,
un mal ejemplo que seguir.

Los otros lo acusaban de demente,
cuestionaban su derecho a existir
más acá de una etiqueta
que define, que encierra, que niega
la luz de su candil.

Algunos, condescendientes,
lo miraban de soslayo
y a media voz, displicentes,
murmuraban insultando:
…un poeta…

Era feliz siendo nadie,
un instante incandescente
cuyo rastro se pierde
tras una ráfaga de aire.

Hablaba con los ojos.
Soñaba con palabras.
Se jugaba la vida.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Verdades que duelen

No escribo.
Las palabras me acechan,
sin atreverse a atacar.
Yo rumio en silencio,
pasto sinsustancias
y me dejo acechar.

Todos los instantes se sumergen
en un océano de banalidades
y el eco calla.
Nadie se muerde las uñas.
Nadie tirita.

Los anaqueles enmudecen
mientras el mundo los mira
y los ignora.
El futuro recordará
que un día fue pasado
y no aprendió,
de memoria.

No respiro,
sobrevivo hurtando el aire,
la voz y la esperanza
a un vacío de sentido
que subyuga,
que atenaza.

Los leones rugen al anochecer
e invocan la ley de la selva
mientras huelen sangre fresca
sintiendo la propia arder.

Los leones son leones,
las gacelas son gacelas,
dibujan los poetas
enarbolando galones.

No hablo.
Callo,
pero no otorgo.
No.
Tampoco callo.
Ni otorgo.
Ni león ni gacela.
Ni aire, ni voz,
ni poema.

jueves, 1 de junio de 2017

El Escultor

a Fernando, con gratitud y reconocimiento.
No nos diremos adiós,
ambos sabemos que existe
esotra vida tercera,
una fama bien ganada
en pos de un alabastro
que nunca se deja moldear.

Serás mañana lo que fuiste ayer,
tierra, humo, apenas nada,
pero, ¡ay de las palabras
que a fuer de ir a la fuente
van construyendo nuestro ser,
nuestro estar!

¿Cuántos vividos monumentos?
¿Cuánto olvido recordado?
¿Cuántos “Chicos, en silencio”?
¡Cuánto presente en el pasado!

A veces me recuerdas al Quijote
vilmente disfrazado de Quijano,
azote del pensar simplificado,
sabio de gaita y estrambote.

Ahora,
cuando el péndulo inexorable,
como una espada de Damocles,
nos regala una lágrima que, 
sin embargo, 
conjura una sonrisa
que se sueña ajena al tiempo,
que es memoria inoculada,
aprendemos de nuevo a ser.

Existe el camino que has andado,
a pesar de una memoria que se afana
en deformar secreta el recuerdo.
Existe cada mirada que comprende.
Y existes,
hasta que la última luz se apague,
y ya no importe.

sábado, 19 de septiembre de 2015

El jardín bajo tu cama

Todos los poemas tienen un último verso,
un punto final e inexorable,
un silencio asesino
tras la última palabra.

Ese es el momento decisivo,
los susurros se diluyen y penetran
la existencia reflejada en un vacío
que traiciona la memoria.

Los monstruos se hacen dueños
del jardín bajo tu cama
y todos los miedos se frotan las manos.

Los halagos te resbalan
y los relojes son afilados cuchillos
que se clavan,
un poco más,
y desangran.

Las miradas ausentes
te recuerdan quién eres
y el olvido que no es se impone,
perenne en la memoria.

Todos los poemas tienen un último verso,
un abismo de ecos
que subyugan y reverberan
horadándote a ti mismo,
desde dentro.

sábado, 15 de agosto de 2015

Palabras anoréxicas

Las nubes no dejan ver las estrellas,
que siguen ahí,
ajenas a tu mirada,
como si realmente no fuera con ellas.

Mis palabras anoréxicas ya no te tocan
y se convierten en piedra,
en epitafios de un amor escrito en sangre
y metáforas que no saben a nada.

No te equivoques,
no juzgo ni condeno.
Mi voz de barro se quiebra
si vislumbra tu derrota.
No corras más que el viento,
no olvides la memoria.

Yo nunca he sabido volar,
siempre me parto el alma y los besos
en pos de un quimérica odisea,
y dicen que soy maestro...
¡Yo qué voy a enseñar
si no sé ni decirte que te quiero!

Vendrán tiempos que no entenderemos,
el luto cada domingo,
vendrán los silencios eternos
y seremos nuestro propio castigo.

Yo no soy tu padre.
Tú no eres mi hijo.

domingo, 24 de mayo de 2015

Desaprender


Con el tiempo aprendimos
a obviar el tiempo
y su cáscara,
a confundir el orgullo y la inquina,
a responder con silencio
a los insensibles apremios
de una historia miserable
que ríe finalmente a carcajadas,
a horcajadas sobre el propio lomo.

Con el tiempo aprendemos
a olvidar crímenes imperdonables
y alegrías tan infinitas como efímeras,
a caminar sin más
y a caminar sin menos,
aprendemos a ser y no ser
en vacíos insondables,
en solitarios agujeros.

Y aprenderemos con el tiempo
el valor de este instante irrepetible
malvendido a una memoria
que se sabe impotente
y pinta cuadros de colores
a menudo tristes como la ciudad
que multiplica sus ásperas esquinas
y sangra ríos de lodo gris,
o se viste de imaginación
y optimiza la barbarie.

Para seguir adelante
ya no sirve caminar de lado
y esquivar los espejos.
Ya no sirve el espejismo del progreso.
Ya solo podemos
aprender a desaprender.