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jueves, 8 de diciembre de 2022

Todo está bien

Me despierto.

Aún sigues ahí.

Todo está bien.

 

Puedo intuir el silencio

que acecha tras la ventana,

a la vuelta de la esquina,

dentro de nada.

Ya no somos niños

que sueñan que aman

y sin embargo me resisto

a abandonar la cama.

 

A veces los relojes se paran

mientras el tiempo transcurre

y nos olvidamos de respirar.

 

El silencio también duele

y la monotonía asesina.

Las palabras resbalan,

insumisas, como ecos

del eco de una voz,

apenas audibles.

 

Sé que no soy yo.

Sé que no eres tú.

Pero sé también 

que juntos somos.

 

No perdono ni un instante,

no te ahorres ni un tequiero

porque sé también

que juntos somos.

 

Me despierto.

Sigues ahí.

Todo está bien,

pero doy media vuelta

y vuelvo a dormir

para seguir soñando,

contigo.


miércoles, 17 de octubre de 2018

Caminantes

El alarde,
el alarido
y algo más fuerte que una cerveza.
El ocaso promete amaneceres
y el fénix se regodea,
despreciando a la propia muerte.
La vida,
lo vivido
y los sueños que alimentan.
El deseo construye moradas
que jamás reflejan
la verdad de nuestras almas.
Escribir,
lo escrito,
una mentira disfrazada de certeza.

Porque caminar no es el camino.

jueves, 23 de agosto de 2018

Entonces

Cuando las palabras se te atoren,
se encabriten
y huyan despavoridas
nos quedará un silencio
compartido,
inexacto
y redentor.

Cuando las emociones
nos miren de soslayo,
lloraremos
mares de tinta sinsustancia,
y reiremos
desiertos de sentido.

Cuando el tedio se instale
y las campanas repiquen a duelo
puntuales a la cita
y nos presente el suelo,
cerraremos los ojos,
cogidos de la mano,
y pintaremos otros cielos.

Podemos temblar de miedo
interrogante
ante un futuro incierto
o
simplemente
volar.

Podemos temblar de frío
intuyendo un nuevo infierno
o
simplemente
volar,
porque cada segundo es eterno.

Y tú, ¿qué harás tú entonces?
Nunca olvides tus sueños.

martes, 15 de mayo de 2018

Adicción

Soy adicto a la huella de tus besos,
a los huecos de tus manos,
a tus denodados silencios
y a tus versos trasnochados.

Te probé.
Sabía que iba a pasar,
y te probé.

Soy adicto a volar entre tus brazos,
a tu saliva derramada por mi verga,
a tus pechos desnudos y salados
y al intenso sabor de tu entrepierna.

Te probé.
Consciente del abismo.
Y todavía quiero más.

Si aún así la vida se venga
y me deja en los huesos
persiguiendo quimeras
que no llegan a sueño,

pensaré,
nuevamente insumiso,
¿Quién quiso vivir para siempre?

viernes, 24 de febrero de 2017

Mi poema más hermoso

Escúchame pulsando aquí.

Me duele hasta el aire que respiro
cuando siento en el alma este silencio
que solo sabe ser sollozo
o música de piano.

Quizá ya te hayas ido
o aún te estés marchando,
importa poco desde siempre.
O puede que sea yo
el que extravíe su camino,
en esta ocasión.

Tanto monta.
Monta tanto.

La música me mece hacia la nada,
hacia mí mismo,
y yo me dejo hacer,
por no variar,
como una adolescente anhelante.

Este mundo no es el mío,
demasiado flow,
demasiado ruido,
y sufro de vértigo y coherencia.

Puede que nunca me entienda,
puede que yo no sea yo
y la vida importe una verga
o puede que no.
Se me escapa el contenido
si no sé ser amor,
si pierdo las riendas,
si olvido quien soy.

Yo aprendí a pensar sentado,
a no dejarme llevar,
a no mirar hacia otro lado,
a buscar el próximo bar.

Mis versos son el aire exhalado,
los delirios que he vivido
antes de ti,
por tu culpa
o a tu lado.

Mi poema más hermoso
está escrito con saliva
para siempre
en tus sueños más amargos.

sábado, 28 de enero de 2017

La aventura de ser Yo



Uno es. A veces simplemente uno es, sí, pero… ¿qué? ¿Un breve espacio de tiempo? ¿Un cuerpo? ¿Un alma? ¿Un cuerpo y un alma? Y quizás dé igual.

Van pasando los años que se disfrazan con caras de alumnos que poco a poco caducan y se pierden tras sus trajes de hombres y mujeres de provecho. Como el mío.

¿Cuántas Paula, Óscar, María? ¿Cuántos gritos y decepciones? ¿Cuántas alegrías y carcajadas? Ya he perdido la cuenta.

¿Sirve de algo esta brecha, este filo de la navaja que corta y desangra?

Ser pregunta. Ser pregunta es la respuesta, y la respuesta es la nada.

Vuestras caras estupefactas me indican, ahora, que es difícil de entender. Acaso imposible. Es cierto. Os pido que me habléis de vosotros, de quiénes sois, de vuestros sueños y vuestras pesadillas, de vuestros deseos, y yo, sin embargo, permanezco en la indefinición, equidistante.

Y no puede ser.

Soy la palabra que blando, el deseo que impregno, el aire que exhalo.

Mírame y dime: ¿es cierta mi sonrisa? ¿Ves amor? ¿Y humor? Todo está ahí, esperando por tu mirada y tus ansias de saber. Mis ganas son tus ganas. Aprendo cuando aprendes y cuando olvidas muero. Ese es mi sino. Esa mi condena.

Además, escribo versos que cuentan la vida, la propia, la ajena. Y los vendo al peso.


Cuando me mires no dudes, no sufras, no sientas compasión de mi loco empeño, soy un hombre que escribe sin tinta en tu alma sus sueños.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Bendita cabrona

Escúchame pulsando aquí.

Bendita cuando llegaste,
no se sabe dónde
ni se sabe cuándo,
a beberte la vida y la calle.

A tu paso las miradas,
tenues, inquisitivas,
callaban las verdades
que imponen las almas.

Todos los secretos eran mentira,
todos menos tú.

Bendita cuando te miro
y, escondido del mundo,
te hago un monumento
que culmina en un suspiro.

En este presente que no ha de durar,
que es efímero
y tempestivo.

Bendita cuando te vayas
y los recuerdos te suplanten
y la risa se ahogue
y la vida naufrague.

Bendita cabrona cada hora
que le hurtes a la muerte,
que persigas otro sueño,
que indultes mi buena mala suerte.

Bendita cabrona.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Sueños lúbricos

La conocí hace mucho tiempo. Aquel era otro mundo, y nosotros éramos también otros. Por aquel entonces yo aún creía que podría comerme el universo de un bocado, y ella, ella salía con un buen amigo.
Ha llovido mucho. Vivimos en una tierra húmeda.
Resulta curioso cómo algunas personas desaparecen sin dejar apenas rastro. Un día dejas de verlas, y dejan de existir, se esfuman. En cambio otras se hacen recurrentes en la ausencia, aparecen en los lugares más insospechados, te guiñan un ojo, y se van, pero no se borran, dejan un íntimo e inexplicable convencimiento de que no será imposible lo improbable. Y te hacen sonreír.
Ella pertenece a esta segunda categoría. Nuestras miradas siempre tendieron a encontrarse. Sin maldad. Sin remedio.
Ayer la volví a invitar a cenar. Se excusó.
De cualquier modo no era el hambre lo que me empujaba.
La soledad y la noche permiten cambiar las reglas.
Cuando entró, la puerta estaba absurdamente abierta, sonaba música suave, tupida y aterciopelada. No hacía falta disimular. Nuestros cuerpos nos delatan. Ella comenzó a hablar, áspera y sentimental, a encandilarme con su lengua saltarina y revoltosa, a llevarme de aquí para allá, siguiendo el movimiento de sus manos, esperando el roce nimio, el contacto tibio de su cuerpo contra el mío. Y llegó. Su mano se detuvo dulcemente en mi antebrazo, despacio, como un ascua que no quema. Sobraba la palabra, pero la lengua se desbocó. Un beso casi olvidado de tanto manosearlo se reveló insignificante. No hay droga mejor que la luna.
Nuestras bocas ardían e intentábamos ahogarlas en saliva, que manaba y acababa derramándose, de puro placer. Mis dedos buscaban desesperados su piel, ávidos de leer una historia que nunca ha sido suya, ávidos de escribir. Su ropa pronto acariciaba la mía, en el suelo de una habitación desconocida y desdibujada. Importaban sólo nuestros cuerpos. Imploré el silencio de los cielos al construir mi propio infierno. Nunca la fe ha alentado mis pasos, pero creo en ti y creo en tu cuerpo, me descubrí blasfemando ante sus senos. No hay más arte que encontrarte. Mis manos trazaban caminos inexplorados que luego recorrería mi lengua, en pos del conocimiento fundado de la fuente del placer y de la vida. Su cuerpo. Su cuerpo. Tan alejado de la perfección que rozaba lo sublime. Una encrucijada dónde convergen todos los caminos, una pregunta para todas las respuestas. Una patria.
Ella permanecía expectante, entreabierta, ajena a las excusas y al propio tiempo diluido. Yo susurraba verdades en silencio, y me dejaba observar mientras tallaba esculturas de aire comprimido, mientras besaba sus labios y bebía sus secretos.
Si el arte fuera arte sería esto. Sus manos sujetaban mi cabeza como se sujeta un violín de Stradivari y un concierto de música imposible surgía de mi lengua entre sus piernas. Alea iacta est, sentía palpitante. Carpe diem y a volar.
Después llegó la entrega. Ofrecerse e inventarse. Olvidar las cortinas. Desvelarse. Ser tiempo que busca una eternidad inabarcable. Naufragar y aferrarse.
Ella tiró de mí, y yo no me opuse. Me gustaba verla así, dueña de sí misma, montando su destino, a horcajadas. Sus ojos clavados en los míos eran poesía sin verso, el ritmo del desamparo vencido por la alegría, por la felicidad de saberse vivos, todavía.
Iba y venía, iba y venía, y no dejaba de mirar. Y su mirada ardía.
Reventar de placer no puede ser pecado.
La noche inventa sueños que a veces se comparten. A veces.
¡Quédate a soñar!


martes, 4 de octubre de 2016

Amores de Novela

Quisimos vengar la ilusión
-tantas veces derrotada
y ya dada por muerta-
entrelazando nuestras manos
en pos de un horizonte
de luz y de azúcar.

Nos acercamos al precipicio
ávidos de volar sin alas,
de vivir sin dueños,
y saltamos.

Aprendimos a dormir sin sueño,
a cantar sin ganas
y a comer sin hambre,
a besar insípido y lento
sólo por parecernos a ellos.

Pero no,
nosotros no podemos morir sin duelo,
no sabemos soñar sin miedo.

Nosotros sangramos.
Nosotros no somos metáfora,
pero sí sabemos despeñarnos,
gritando o en silencio,
reticentes o anhelantes,
acabados.

Venganza sólo es otra palabra,
vacía y manida,
que se perderá
como el aliento que exhala estos versos.