Mostrando entradas con la etiqueta mundo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mundo. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de abril de 2020

El Secreto

Vinimos a adueñarnos del mundo.
Vinimos, vimos y vencimos.
Dijimos tierra,
dijimos agua
y dijimos fuego.
Hablamos de ira y amor,
de alegría, de dolor,
de desidia y de deseo.
Y dijimos que era nuestro,
todo es nuestro.

Aprendimos a inventarnos la esperanza,
a quebrar el quebranto
con los ojos cerrados,
y nos pusimos en manos de dioses mancos.

Ya suenan las trompetas de Jericó
al ritmo de los tambores de guerra.

Ahora la cultura es un susurro,
apenas audible,
que calla su más íntima verdad.

Vino el silencio a recordarnos el vacío
y el amor impostado.
Nunca creímos nuestra suerte
y conjuramos entonces anhelos inertes,
queríamos volver a ninguna parte,
a nuestro mundo breve.

Deambulamos envueltos por una niebla espesa
que nos niega el horizonte
y apenas conseguimos balbucir
y tentar para no perder un norte
que se diluye,
que reverbera.

Las calles permanecen ajenas
y los semáforos aún escupen su verbena,
pero nadie aplaude,
las ventanas esconden su miseria
y nuestro monstruo cobarde,
y ya nadie aplaude.

Mientras tanto, ensimismados,
los cronistas del apocalipsis
se apresuran a escribir su novela
-o su poema-,
soñando dulces y verdes laureles
en un por venir que nunca llega.

No sabemos quiénes fuimos,
ni quiénes vamos a ser,
pero ya no sonreímos recordando.
Ahora somos agua,
y aire,
apenas nada.

No hay más secreto que la nada:
todo es uno,
uno es nada,
todo es nada.

miércoles, 9 de octubre de 2019

Joker

Admítelo,
también tú has soñado
con ver arder el mundo
con una cerilla en la mano.
Tampoco te sientes diferente
cuando caminas entimismado,
otro extraño intrascendente
rodando corriente abajo.
Solo sabemos reír.
Solo podemos reír.
A veces, lúcido, quieres ser gente
y ensayas una impostura
con aroma tenue de cualquiera;
a veces, sombrío, hueles sangre
y te entra un hambre
que te ciega.
Ellos son los otros,
y nosotros estamos aquí,
pintando muecas en un espejo
que siempre devuelve seres grotescos.
Y solo sabemos morir. 



miércoles, 13 de febrero de 2019

Me gusta tu boca

Me gusta tu boca cuando dice,
y diciendo hace,
un mundo más limpio y más decente,
que mira a los ojos de la gente,
y no entorna la mirada por vergüenza,
cuando dice tequieros
que significan te quiero,
y no escatima adjetivos
que describen una sustancia,
sin juicio
y sin prejuicio.
Me gusta tu boca cuando besa
a tontas y a locas,
a diestros y a siniestros,
y la vida rebosa
de motivos para un verso.
Me gusta tu boca, traviesa, sinuosa,
cuando me busca,
cuando me toca
y mi deseo se hace agua
y tu saliva me desboca.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Solos

Se invierten los papeles
y despertamos a un mundo inhóspito
que solo ofrece dolor,
que no sabe de esperanza
y, sin embargo, te hace esperar.

El cansancio derrota a las lágrimas
que se secan entre surcos
arados por una pena
recurrente y rutinaria 
en las noches de insomnio.

Y la resaca sin fiestas,
golpeados de repente por la vida
que escupe su verdad
sin medias tintas, 
sin metáforas y sin delicadeza.

Y ahí nos descubrimos,
aturdidos y sobrepasados,
asidos a la nada
porque sí,
desvalidos.

Y cada vez más solos.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Inadaptados, miserables y desertores

Anochece y yo amanezco
aún aturdido
por los estertores de la tarde,
intravenoso,
cáustico,
empedernido.

Los silencios magnifican
los trágicos galimatías
domésticos
que se escudan 
tras las ventanas pálidas
o incandescentes.

El mundo respira.
La luna despereza a los inadaptados,
a los miserables
y a los cobardes desertores
que rehúyen el combate.

Todos los gatos se saben pardos
y maúllan a coro,
y sin miedo.

Los jueces se encierran
para defender su buen juicio
tras un parapeto
de elegante intolerancia,
y juzgan.
Juzgan y sojuzgan.

La policía patrulla
las calles bien iluminadas
para imponer una ley
que nadie conoce
y nadie respeta.

La vida –el amor-  se hace –y se deshace-
en cada esquina,
en lo oscuro,
y germina.
Amanece, y yo anochezco.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Virtuosos virtuales

Requiem, dicen,
por un tiempo que se esfumó,
que es ya humo
e impulsos eléctricos.

Todo vuela a la velocidad
del rayo vengador de un Zeus
que yace inerte
al alcance de la mano
punto com.

Perdimos el norte y la brújula
persiguiendo una verdad
que jamás existió,
y naufragamos de tanto navegar.

Mírame,
existo,
me ves.

Pronto has de caer en mi red,
pero la presa soy yo.

Estamos aquí y estamos allí,
pero siempre perdidos,
siempre solos
deslumbrados por una luz
que vela un mundo
que no es.

Sin embargo bailamos
y corremos
inconscientes del filo del abismo,
virtuosos virtuales del salto al vacío,
a salvo,
o muertos.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Un poeta exangüe

Hay personas que se sientan
en las terrazas que visten los bulevares
y observan el mundo suceder,
quedamente.
A veces apartan la vista un instante
y se recrean en su café,
siempre solo,
siempre amargo,
y piensan vaya usted a saber qué.

La ciudad se ofrece,
caleidoscópica,
a quien la quiera mirar,
coqueta y distinta,
ficticia y fugaz.

Hay quien corre y se apresura,
ávido de estar ávido,
en el afán de devorar vida,
aristócratas de un reloj
que creen rolex,
pero es de arena,
y corre.
Insulsa derrota.

Hay profetas del desamparo,
vendedores de milagros
y de drogas,
tanto monta,
monta tanto.
Su clientela se arrodilla
y reza o chupa.

La ciudad esconde ventanas
que siempre acechan,
jueces y parte de una miseria
que se oculta, que se derrama
y se tropieza
con mi terca mirada.

Hay quien dice,
y existe tras un murmullo
que sueña ser aire,
una palabra hueca,
un fuego en arrullo,
un poeta exangüe.


martes, 1 de noviembre de 2016

Nietzsche en un armario


¿Es esto la vida?
Camino meditabundo,
perdido en ti,
sin destino
pero intentando sentir,
inventando anhelos.

Pronto mastiqué la ausencia
y me aferré al néctar de la culpa,
pronto empecé a amar el fracaso.

La infancia fue terror y magia,
el terror de descubrir el mundo,
la magia de descubrir al mundo.
Un paraíso fundado en el recuerdo.

Después, los abismos,
luchar por ser quien eres
ante un espejo
que no devuelve imágenes,
escribir mil profecías,
inconscientes
del principio
del fin.

Impostados,
nos lanzamos al amor
armados de metáforas,
seguros del laurel
y del éxtasis.

Pero el tiempo no se detiene.
El laurel se seca.
El éxtasis se acaba.

El que tiene una ilusión tiene un motivo,
nos dijeron,
perseverad.
Mens sana in corpore sano.
Vitaminas y colágeno.

Y abrazamos todos los clavos ardiendo,
nos sentamos en todas las cunetas
aún sin atrevernos a dejar la carretera,
atenazados por la rabia,
azuzados por el viento.

Me pregunto qué sucederá
cuando estemos demasiado cansados de mirar
y, de tanto esperar, ya no sepamos caminar.
Me pregunto si quiero seguir siendo ceniza
y sólo acierto a responder:
pues venga, ¡otra vez!

sábado, 5 de diciembre de 2015

Cuentos infantiles

a Naia,
con una voluntad de hierro…


No te duermas todavía,
la noche aún puede esperar.
Que espere,
mientras nosotros multiplicamos los cuentos.

Érase una vez el mundo,
embrión de todo y nada,
un continuo ir y venir de seres insondables,
inefables e inexactos,
cientos de miles de tú como tú,
absurdos e innombrables.

Érase una vez la risa
que, agazapada en cualquier esquina,
inventa instantes eternos
para llenar un tiempo incierto.
La misma risa que dibuja en tu cara
un presente ajeno al qué vendrá.
El antídoto del miedo.

Érase una vez la ausencia,
que siempre acude puntual a sus citas.
Sus besos son dulces y crueles
cuando llega y te acaricia,
cuando se instala y te recuerda el olvido,
y te regala una lágrima.

Érase una vez el llanto
que aparece como la lluvia,
que a veces es torrente y anega,
segando verde y pintando grises
cada vez más negros…
pero lluvia que nutre,
lluvia que riega,
agua salada que diluye la pena
y la asume,
aunque envenena,
propia en el pecho.

Érase una vez el amor
que se ofrece a cada paso
sin buscar ninguna excusa,
porque sí,
porque se basta a sí mismo.
Y se viste de juego y asombro,
se disfraza de promesa eterna,
de bagatela que se desecha,
de arco y de flecha,
de primavera y otoño.
Y aún te acompaña,
perenne y esquivo,
como el aire que sigues respirando.

Érase una vez la vida,
con su cara y con sus cruces,
apretando hasta la asfixia,
inoportuna, irredenta.
Una vida que no nos hace mejores,
ni más sabios,
ni más fuertes.
Pero seguimos en pie,
seguimos luchando,
ávidos de cuentos infantiles
que aseguran
que al final
fuimos felices.

miércoles, 7 de octubre de 2015

El mundo bajo el mar

Braceas entre la muchedumbre
buscando un sitio que permita respirar
y no encuentras más que alambre.
Y el abismo.

Cada instante es un juicio,
y solo es cuestión de tiempo
sacar en suerte ser culpable.
Y la pena siempre es capital.

Nadie nos enseñó funambulismo
y nos marean las alturas.

El camino no existe más allá
de aquí,
de ahora,
nuestras huellas se pierden
y las palabras se secan
en el cielo del paladar,
insípidas.

Las metáforas son también disfraz
de un amor infatigable
por seguir buscando el mundo
bajo el mar,
intoxicados por cantos de cisne y de sirena,
absurdamente dispuestos al naufragio.

Cierra los ojos gritando
¡Gerónimo!
y decide avanzar otro paso
aún perseguido por unas dudas
que enseñan los dientes,
que exhiben sus fauces.

Vivir es cosa de locos y valientes.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El caracol

Dicen que el mundo se creó,
pero no es cierto,
el mundo se crea,
sin motivo aparente.

Sálvese quien pueda.
No.
Nadie puede.
No nos engañemos.

Mi mundo cabe en mis ojos
y en mi boca,
y en mis manos que tocan,
cuando me embargo,
por primera vez el mar
y se estremecen.

Mi mundo son imágenes dispersas:

calles de barro que huelen a mierda
y trinos de golondrina bajo los tejados,
pantanos de júbilo estancado;

calles de hierro resbaladizas y saladas,
las putas del puerto y la cruz de pillar,
adolescentes imberbes buscando argumentos
para una buena novela con mal final;

calles de piedra pulida por el oro y por el tiempo,
la libertad vendida al mejor postor
y un pobre pidiendo limosna en cada esquina,
¡viva la república! (sea lo que sea)

Mi mundo son voces que sonaron
o que suenan:

el tanguista de tangar, con su mano dispuesta,
el que me regaló un porqué y lo escribo;

la diosa de todas mis plegarias,
el compañero fiel y hermano,
los amigos, las parejas,
las que no son, las que serán, las que han sido;

las que dicen En un lugar de la mancha
Donde habita el olvido
No me gustas cuando callas
pero hay que haberlo vivido,
para contarlo.

Mi mundo me lo llevo a cuestas,
como un caracol
preso de sí mismo,
absorto en su quimera,
y cuando muera
conmigo morirán mis amores y recuerdos,
mi mundo y su torpeza.