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lunes, 17 de junio de 2024

El instante decisivo

Crees que miento cuando hablo

y cuando callo crees que miento,

y yo me confieso equidistante

que la verdad es un camino

jamás recto,

nunca de un solo sentido.


No puedo negar mis ausencias

cuando me pierdo en tus silencios

y la niebla oculta el horizonte;

yo también naufrago

y apenas nado.


No puedo negar el deseo

eternamente insatisfecho

que anida en un pecho

que ya no late

acompasado.


No puedo negar la evidencia

de una soledad que multiplica

los instantes muertos,

los alacranes

y los gusanos.


No quiero ser tu lágrima

ni quiero ser tu féretro.

No quiero ser lamento

ni desperdicio

ni desperfecto.


Es ahora, 

cuando la tiranía del tiempo

ejerce impertérrita su poder,

que descubro

la insondable profundidad

de mis huecos.


Es ahora,

tú y yo sabemos,

el instante decisivo:

o claudicas

o claudico.


martes, 7 de abril de 2020

El Secreto

Vinimos a adueñarnos del mundo.
Vinimos, vimos y vencimos.
Dijimos tierra,
dijimos agua
y dijimos fuego.
Hablamos de ira y amor,
de alegría, de dolor,
de desidia y de deseo.
Y dijimos que era nuestro,
todo es nuestro.

Aprendimos a inventarnos la esperanza,
a quebrar el quebranto
con los ojos cerrados,
y nos pusimos en manos de dioses mancos.

Ya suenan las trompetas de Jericó
al ritmo de los tambores de guerra.

Ahora la cultura es un susurro,
apenas audible,
que calla su más íntima verdad.

Vino el silencio a recordarnos el vacío
y el amor impostado.
Nunca creímos nuestra suerte
y conjuramos entonces anhelos inertes,
queríamos volver a ninguna parte,
a nuestro mundo breve.

Deambulamos envueltos por una niebla espesa
que nos niega el horizonte
y apenas conseguimos balbucir
y tentar para no perder un norte
que se diluye,
que reverbera.

Las calles permanecen ajenas
y los semáforos aún escupen su verbena,
pero nadie aplaude,
las ventanas esconden su miseria
y nuestro monstruo cobarde,
y ya nadie aplaude.

Mientras tanto, ensimismados,
los cronistas del apocalipsis
se apresuran a escribir su novela
-o su poema-,
soñando dulces y verdes laureles
en un por venir que nunca llega.

No sabemos quiénes fuimos,
ni quiénes vamos a ser,
pero ya no sonreímos recordando.
Ahora somos agua,
y aire,
apenas nada.

No hay más secreto que la nada:
todo es uno,
uno es nada,
todo es nada.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Soñando sirenas


Las luces se encendieron,
de repente,
cuando aprendía ya a ser
un bala perdida,
un ojo tuerto,
un tren que descarrila,
el sueño obrero,
otro joven suicida.

Los mapas ofrecieron,
entonces,
sus tesoros escondidos,
sus secretos más tenaces,
lugares de destino
que son sólo carácter
vestidos de extranjera
que no sabe volar
pero que vuela.

Los claros clarines abren las puertas
y la música se adueña,
ahora,
de todos los silencios surcados,
de todas las velas henchidas
de palabras que saben ser abrazo
y olvidan la poesía.

No sabemos gozar
pero gozamos a sabiendas
de que no somos eternos
para que nos duela menos
aceptar la ciencia cierta:
el amor es la mar.

Aceptamos los naufragios
como condición sine qua non
pero miramos el horizonte,
y soñamos.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Feliz aniversario

Escúchame pulsando aquí.

Miramos al horizonte
y sólo sabemos ser pasado,
ni sal,
ni sangre.

Observamos inhóspitos el yermo
y no sentimos nada,
ni tan siquiera el oleaje,
pero el tiempo sucede
y erosiona y socava
todos nuestros argumentos.

Nadie nos mira ahora.
Estamos solos.
Y somos silencio.

Sólo los cobardes se arman de valor,
me dices.
Solo los cobardes se bifurcan,
sospecho.

Mañana nos desearemos
feliz aniversario.

martes, 5 de julio de 2016

Cuando muera...

[Podemos vivir a tiempo, a destiempo, a contratiempo, pero que nunca nos falte un instante para rozarnos y sentirnos humanos, antes de que se nos haga tarde y no nos quede más que el recuerdo de una lágrima.]

Cuando muera, ¿cuántos lloraréis?

Los horizontes lejanos
terminan siempre por acercarse,
por aclararse,
y prometen decepción aciaga.

Descubrimos raudos la función,
aceptamos un rol sobrevenido
y sonreímos,
de pura inconsciencia.

Muertos de ira,
obesos de desidia
y hastiados.

La impostura barroca se ofrece,
seductora.
Vestirse, disfrazarse
y torear de rodillas,
mirando al tendido,
gritando el nombre propio.

Pero los nombres nunca nos pertenecen.

Camináis a mi lado y apenas nos rozamos,
por temor al contagio
y pudor.
¿y si el otro existe y es como yo?

Pronto moriremos,
y a nuestro funeral
acudirá sólo lo vivido,
con o sin lágrimas.

martes, 25 de agosto de 2015

Grillos y nosotros

Los grillos siempre cantan al atardecer,
poniendo banda sonora al amor que regalan las parejas,
que se miran y se miran,
ajenos al tiempo y al frío,
que se toman de la mano y existen sin más,
un antídoto para el desamparo.
Cantan al atardecer cuando una silueta marcha sola,
sin horizonte ni destino,
tiritando de frío y de miedo,
víctima de un tiempo inexorable
que siempre siempre se dilata y obstruye.
Cantan y cantan al atardecer,
sin inquina.
Solo nosotros lloramos.