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martes, 7 de abril de 2020

El Secreto

Vinimos a adueñarnos del mundo.
Vinimos, vimos y vencimos.
Dijimos tierra,
dijimos agua
y dijimos fuego.
Hablamos de ira y amor,
de alegría, de dolor,
de desidia y de deseo.
Y dijimos que era nuestro,
todo es nuestro.

Aprendimos a inventarnos la esperanza,
a quebrar el quebranto
con los ojos cerrados,
y nos pusimos en manos de dioses mancos.

Ya suenan las trompetas de Jericó
al ritmo de los tambores de guerra.

Ahora la cultura es un susurro,
apenas audible,
que calla su más íntima verdad.

Vino el silencio a recordarnos el vacío
y el amor impostado.
Nunca creímos nuestra suerte
y conjuramos entonces anhelos inertes,
queríamos volver a ninguna parte,
a nuestro mundo breve.

Deambulamos envueltos por una niebla espesa
que nos niega el horizonte
y apenas conseguimos balbucir
y tentar para no perder un norte
que se diluye,
que reverbera.

Las calles permanecen ajenas
y los semáforos aún escupen su verbena,
pero nadie aplaude,
las ventanas esconden su miseria
y nuestro monstruo cobarde,
y ya nadie aplaude.

Mientras tanto, ensimismados,
los cronistas del apocalipsis
se apresuran a escribir su novela
-o su poema-,
soñando dulces y verdes laureles
en un por venir que nunca llega.

No sabemos quiénes fuimos,
ni quiénes vamos a ser,
pero ya no sonreímos recordando.
Ahora somos agua,
y aire,
apenas nada.

No hay más secreto que la nada:
todo es uno,
uno es nada,
todo es nada.

martes, 20 de noviembre de 2018

Décima escolar




Tengo alumnos que han soñado
con un mundo más brillante
que este que tienen delante,
un mundo que huele a cerrado,
a humo de un triste pasado;
sin embargo en sus miradas
refulgen brillos de espadas
prestas a vencer la guerra
que hará mejor esta tierra
que acoge nuestras pisadas.

martes, 23 de enero de 2018

Fini

Supongo que ella no lo sabrá nunca, porque no recuerdo ni su nombre completo, pero Fini, Serafina, mi profesora de lengua y tutora en 1º de BUP, cambió mi vida.
Por aquel entonces yo estudiaba (o algo equivalente) en el Instituto de Bachillerato nº 7 de Oviedo, conocido como "El Cristo" por el barrio en el que estaba situado. No era un alumno especialmente brillante, ni motivado, aunque siempre sentí curiosidad por saber (afortunadamente). Aquel año fue muy duro. Mi situación familiar era complicada: éramos una familia de gallegos desplazados sin arraigo familiar en la región, mi padre cayó gravemente enfermo, y sufrió una convalecencia prolongada que terminó con sus fuerzas y con el ambiente familiar. Moriría un año después. En este punto no puedo dejar de citar a mi madre, la verdadera profesora que ha cambiado todos mis malos rumbos. ¡Qué mujeres han pasado por mi vida! Sin dejar de trabajar pudo con la muerte y pudo con la vida. ¡Eso es poder, ole su coño!
El caso es que con tal situación, catorce años, y un océano de dudas pude haber zozobrado fácilmente. Caí en una clase (si no recuerdo mal era 1ºB) un tanto complicada. Un elevado número de repetidores con pocas o ningunas ganas de permitir un desarrollo normal del proceso educativo, un centro que pronto sería desmantelado (por lo tanto no recibía apenas inversión), profesores agotados, agostados, sin ilusión. Y Fini. Recién llegada al centro. Ganas desbordantes. Fuerza y valor. Probablemente fue ella la que me regaló mi más preciado tesoro: saber que yo puedo. No recuerdo qué enseñaba con exactitud. No importa. Creo que los contenidos en estas etapas son accesorios, tienen que estar, pero hay que construir un ser. Eso sí importa. Y lo que sí recuerdo con todo el cariño del que soy capaz es su mirada: tierna, áspera, dulce, exigente, apremiante, paciente, cómplice; su sonrisa, franca, limpia, directa, justa, indulgente.
Aquel año fue muy duro, sí, pero Fini estuvo. Después he tenido magníficos profesores, profesores mediocres y burócratas insufribles. Tampoco quiero olvidarme de Carmen Becerra, mi otra luz, ya en la época universitaria.
Gracias, Fini. Cada día, cuando entro en mi aula y me pongo frente a mis alumnos, que tienen la edad que yo tenía entonces, y los miro, también tú los estás mirando. Cuando les hablo, también tu voz les llega.
Gracias por enseñarnos.
Tu alumno, y profesor de lengua,
Álvaro.

lunes, 16 de octubre de 2017

Terra queimada



Huele a infierno.
¿Qué pecado incandescente cometimos?
No vemos más allá de nuestros miedos,
que niegan la esperanza
y vomitan humo negro.
Buscamos un claro que nos deje respirar,
que no ahogue nuestros sueños exánimes,
y no hallamos más que lágrimas
que no fecundan una tierra arrasada
por el fuego de la indiferencia.
Nos observamos.
Miramos un paisaje imposible.
Nos cogemos de la mano.
Apretamos.
Maldecimos.
Lloramos.
Todo para no claudicar.
Y gota a gota,
llanto a llanto,
crecerá nuestra esperanza en suelo seco,
en futuro quemado,
y de las cenizas resurgirán
gaviotas como fénix,
olivos como robles,
amigos como amigos.
Las aguas tornarán a su cauce
y seremos entonces más sabios,
y tendremos también más ganas
de apagar con nuestra llama sus incendios.

lunes, 28 de agosto de 2017

Canción del amante (y del amor)

A tiempo intuimos la verdad,
nunca es tarde para hacer el amor
y susurrar un tequiero clandestino
que ahogue los gritos de placer
que en ese mismo instante
inundan el mundo.
Nunca es pronto para hacer el amor
si sabe a amor y huele a amor,
a sudor y a yerbabuena.

Nuestras lágrimas quieren ser sal
que cure las heridas,
quieren ser mar,
torrente,
océano,
y volver a brotar,
volver a sangrar.

Si te amo soy amor.

Los colores se travisten,
rebelándose contra los sentidos,
y dibujan otro atardecer imposible.

Si te amo soy amor.

Es cierto,
nunca llueve eternamente,
y me niego a vivir para siempre
suenan a nosotros dos.

La luna nos ampara
y el sol nos alumbra,
¿soñaste algo mejor?

viernes, 28 de octubre de 2016

Requiem por la poesía

Escúchame pulsando aquí.

El aire estaba detenido,
sólo el silencio se atrevía a levantar la voz,
insumiso,
para evitar la nada.

El tiempo se dilataba,
menguaba,
perdía su sentido,
consideraba el suicidio.

Las palabras yacían exangües,
ajenas a toda razón,
a toda lógica,
sin mano armada que las blandiese,
sin mano amada que las libase.

Los poetas ya no existen,
ya no existe la poesía
y sólo podemos imaginar otros mundos,
dejarnos embriagar
o engañar.

Vendimos a crédito la esperanza
por un único gramo de cordura
que sabe a cerrado
y huele a muerte.

Nos dejamos convencer y nos fuimos.

sábado, 24 de octubre de 2015

Desaliento

Casi siempre te sonrío a pesar del dolor,
no hoy.
El tiempo hace de las suyas y dilata el espacio.
Ya nada se parece a nada,
todo es nuevo e incierto.

Las rutinas boquean entre estertores
mientras aprendemos a no soñar en voz alta,
a derribar los muros de la comprensión
y aceptar la locura como condición necesaria
para una existencia que pueda decir algo
que merezca ser escuchado.

A veces supimos querernos.
A veces no.

El polvo acumulado ahoga cuando sopla el viento
y se anuda terco en la garganta
que calla quedamente mis tequiero clandestinos.

Toda la arena de este desierto sin oasis
se escurre inexorable hacia la nada,
una nada que envilece.

El poema mismo se diluye
a medida que el recuerdo vívido
toma la palabra y se emancipa
reclamando su parte del pastel,
ejerciendo su amarga tiranía.

Esta lágrima también es amor
que se seca en la alfombra,
esperando una esperanza.