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lunes, 28 de septiembre de 2020

ya no sé sangrar...

ya no sé sangrar,

solo callo lo que digo,

y me corro

derramando nada.

Las quimeras

son seres mitológicos

y llueve afuera.

No hay ventanas

tras las que guarecerse

y todo el frío se instala.

Los corazones apenas laten

y el eco de su silencio

reverbera

al compás de marchas fúnebres.

camino contra un viento

que corta y calla,

pierdo norte y asideros,

y me diluyo entre una niebla gris

que anonada.

Decrépitos se antojan los sueños

que languidecen

sitiados por una inmensa pesadilla.

¿Adónde mirar, que no nos duela?

Las calles pobladas de sombras

chirrían

holladas por zapatos veloces

y temerosos.

¿Y cómo no claudicar al miedo? 

domingo, 25 de enero de 2015

Confesión

Admito los rugidos de un león alado
solo en su roca,
rey de nada.
Admito los jugos del deseo,
la inercia de la tristeza
y la palabra que sangra.

La oscuridad se instala y pierdes referencias,
y te encomiendas a un recuerdo que traiciona,
que malvende tu esperanza a un silencio
que te encierra en lo más hondo de tu piel.

Solo los valientes sienten miedo
cuando se enfrentan a sí mismos,
seguros de morder el polvo y las entrañas.

Fracaso. Fracaso otra vez, y vuelvo a fracasar.
Pero nunca fracaso mejor y la piel me arde
devolviéndome una imagen más gris
que visto de colores, por evitar el suicidio.

La bohemia, la impostura, la poesía
y un espíritu de holandés errante,
un abismo personal,
un infierno elegante,
la huida del que mira el mundo desde las afueras,
absorto, como todos, en su propia pesadilla,
vacunado contra utopías y quimeras.


domingo, 13 de octubre de 2013

Jodidamente perfectos


Pincha aquí para escuchar el poema

Tú, que doblaste una esquina y te precipitaste
por un abismo de locura y asco,
que vendiste tus venas al desamparo,
que hiciste del fracaso un arte.

Él, que cerró los ojos y huyó
para no ver la tristeza que deja,
que quiso escalar sin cuerda
y como ícaro, besó el sol.

Yo, que naufrago cada día entre palabras que naufragan,
que enajeno caminos,
que cierro puertas y ventanas,
que me oculto como un chiquillo.

Ellas, que aprendieron a jugarse mi cordura,
que tejen y destejen a su antojo,
surtidores de versos y de duda,
ojos de la cerradura, puertas sin pomo.

Vosotros, que absurdamente perseguís mis quimeras
y apenas rozáis mi propia insignificancia,
y construís un sueño donde existen almas gemelas,
y descubrís horrorizados la esencia de la metáfora.

Nosotros, ese imposible que amamanta,
ese nudo en la garganta.

Jodidamente perfectos.